El Guantelete del Infinito

Esta vez le toca a Martín Fernández Cruz elegir sus seis gemas del infinito.

de Martín Fernández Cruz

19/09/2017

| Por Martín Fernández Cruz

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perroAlmaGema del Alma: El perro enamorado de las estrellas, de Takashi Murakami.

Si en la literatura hay un genio maldito que es Ryu Murakami, en el manga hay otro inmenso autor que sigue siendo una deuda gigante de las editoriales occidentales. En este libro finísimo editado por Ponent Mon, Murakami plantea una historia coral atravesada por dos cachorros abandonados que sufren distintos destinos, y cómo sus respectivos dueños se cruzan y entrecruzan, permitiendo la aparición de un tercer perro en el relato.

Y si bien el libro podría ser un conmovedor relato apoyado en esa máxima Marxista (“Mientras más conozco a la gente, más quiero a mi perro”), este manga conmueve al demostrar que cualquier individuo, gracias a una compañía canina, pueda convertirse en su mejor versión de sí mismo. Por último, y con permiso del editor, imposible no meter en un segundo lugar a Lydie, de Jordi Lafebre y Zidrou, otro comic terriblemente emotivo imposible de gambetear en esta categoría.

Tiempo

BM-Marque jaune - 04.TIFGema del Tiempo: La marca amarilla, de Edgar P. Jacobs

No es necesariamente un comic antiquísimo (debutó en 1956), pero al día de hoy este álbum conserva un impacto que pocas historietas pueden lograr en la actualidad. Blake y Mortimer puede ser pantanoso en su lectura, las viñetas incluso algo empalagadas de explicaciones innecesarias, pero es indudable que los álbumes de Jacobs demandan del lector una entrega absoluta para una aventura que sí, puede que tarde un poco en arrancar, pero cuando lo hace es para tomar una velocidad gigantesca.

Estos personajes son héroes tradicionales, dedicados a su tarea y decididos a derrotar a cual sea la amenaza. Son paladines delineados con precisión en una Londres muy familiar y atractiva para el que al menos la haya pisado una vez. Y con 62 años a cuestas, esta aventura de Blake y Mortimer sigue funcionado a la perfección.

939c53e6c3d927bba787aeb39803d455EspacioGema del Espacio: Flor, de Katsuhiro Otomo

Basta estudiar mínimamente la prehistoria de Otomo como mangaka para deducir que Akira no fue un feliz accidente. Otomo realizó esta breve historia entusiasmado por el uso del color en sus mangas (es que a Otomo sí le gustaba el color, porque resulta que conoció al Moebius ése y se entusiasmó con el color, y sería bueno que los puristas descartables descubran un toque a Steve Oliff antes de quejarse tanto, en fin…), y el resultado es un comic de seis páginas que incluye ese gran tema central de su obra centrado en la muerte del individuo como paso necesario para una evolución necesaria.

En Flor una persona da vida sólo para morir como consecuencia de ese acto. No hay diálogo, pero sí figura esa comunión entre carne y tecnología, metales y nervios que se funden para alcanzar un confuso estado evolutivo, algo no muy lejos de lo que sucedía con el sufrido Tetsuo.

 

 

PoderGema del Poder: JLA/ Avengers, de Kurt Busiek y George Pérez

p6_30+copyHubo un tiempo que no fue hermoso ni fuimos libres, nada de eso, porque éramos rehenes de infinitos crossovers rancios que mezclaban personajes de distintas editoriales para sumergirlos, en el grueso de los casos, en aventuras mediocres. Pero tuvieron que llegar Busiek y Pérez para jugar con los chiches más caros de las editoriales pope y enseñarle un poco a todos los ladris del rubro que ese recurso, bien utilizado, podía generar obas maestras. Y así fue como Superman empuñó el Mjolnir y el escudo del Capi para llevar al orgasmo más sincero a millones de fans que se maravillaban ante tanta genialidad junta y apenas sintetizada en tres elementos (una “S”, un escudo y un martillo).

JLA / Avengers es el comic de superhéroes perfecto, que sin necesidad de recursos pretenciosos puede revelar cuál es el núcleo del género y por qué los héroes de Marvel y DC no pueden dejar de enamorar a sus lectores. Y Busiek y Pérez no quisieron ser más grandes que esos gigantes tamaño viñeta, sino que se escondieron para regalar una verdadera gema que en simultáneo puede guiñarle un ojo al fan, como así también introducir al no iniciado.

viec3b1tasMenteGema de la Mente: Fraction, de Shintaro Kago

Cuando hace algunos años EDT anunció que comenzaría a editar el trabajo de este autor, muchos fueron los que no salían de su asombro. El trabajo de Kago se caracterizaba por ser iconoclasta, por destruir a base de violentos golpes de mal gusto las tibias mentes de los lectores que se sentían muy cómodos rodeados de tanto héroe shonen (y dicho sea de paso, ¿es necesariamente mal gusto lo de Kago? ¿O es que el autor logra construir una estética del considerado “mal gusto” para llevarlo hacia un terreno en el cual ése es el canon de belleza?). Pero más allá de esa superficie de miembros desmembrados y cuerpos retorcidos, Kago es un autor que constantemente busca romper los límites formales de la historieta y cada una de sus herramientas.

Shintaro juega con las viñetas como si esas fueran piezas intercambiables y no tanto simples cuadraditos que encierran la acción. Para Kago una viñeta es un espacio físico y concreto permeable para hacer con él lo que se le cante. Puede partirlo, puede sacar globos de diálogo escondiendo entre sus protagonistas información vital y hasta pueden ser seudo-edificios que muestren distintos aspectos de una misma secuencia, como si esos cuadrados narrativos pudieran verse desde distintas perspectivas.

Temáticamente Kago no es un historietista que busque complacer a sus lectores, sino que en cada uno de sus comics (o al menos los que se publicaron en Occidente) se reveló como uno de los mangakas más preocupados por romper los límites narrativos de la historieta, sus herramientas (en donde juega un papel muy especial la traducción) y cómo una serie de “ilustraciones yuxtapuestas”, como dijo Scott McCloud, pueden tener mil interpretaciones y no necesariamente seguir una lógica cronológica única.

lbarriointegral_1RealidadGema de la Realidad: Historias del Barrio, de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí

Las juventudes rotas y los protagonistas que logran escapar a un destino que parece manifiesto tiene un encanto basado en la autosuperación, en el descubrir realidades centradas en juventudes violentadas por contextos desfavorables de las que surgieron héroes urbanos decididos a torcer su futuro. En Historias del barrio, Beltrán repasa su propia juventud en una España que parece triturar a sus jóvenes, y siguiendo un poco la línea de Barrio de Carlos Giménez, muestra que sus calles son junglas sólo aptas para los dispuestos a sobrevivir.

Gabi tiene unos catorce años, lo intrigan las putas pero lo lastima el reconocer una falta de amor materno, necesita robar para darle sentido a su cotidianeidad y los días se dividen entre amigos, peleas y huidas de la policía. Gabi prácticamente no tiene familia, y su único lugar de pertenencia son las calles de su barrio en la Mallorca de los años´80. Al personaje lo define entonces su barrio, esa cotidianeidad violenta que no promete un futuro digno, y desde los recuerdos amargos se percibe la mirada de un autor que sospecha que muchos de sus amigos de aquel entonces no tuvieron el mejor de los finales. Y de esa manera Historias del barrio se revela como un comic catártico, con el cual Gabi volvió a visitar un período especialmente doloroso de su vida (“recordar todo aquello sólo me produce una enorme tristeza” dijo alguna vez en una entrevista), pero que indudablemente lo marcó para convertirse en el excepcional historietista que es hoy.

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