La Mansión Wayne

La verdad es heavy, y puede voltear cabezas, figurativa y literalmente. Y con el poder, todos lo sabemos, no se jode.

Luchar por la verdad

02/10/2018

| Por Bruno Magistris

4 comentarios

250px-Transmetropolitan_2Warren Ellis es otro genio de la historieta. Autor ácido, verborrágico, enemigo del poder y de la corrupción del poder. Tiene en su haber varias obras maestras (The Authority, Planetary, entre otras), pero hoy quiero centrarme en quizá la más perfecta de todas: Transmetropolitan.

Me pasó algo extraño con esta obra. Hace varios años pude comprar los diez tomitos que la componen su totalidad y que están editados un poco descuidadamente: papel choto, calidad media. Pero es algo que pasa con muchas grandes colecciones, que si no tenés el ómnibus o los especiales tapa dura, a comerla. Lo leí completo en su momento, y me encantó. Tenia el recuerdo de una historia política, con mucho tinte de denuncia social. Me había encantado, pero no recordaba demasiado más.

Hace algunas semanas recomencé su lectura. Tomé el tomo uno y desde la primera historia quedé completamente atrapado. ¿Por qué? No sólo por la maestría de un tipo como Ellis que sabe crear personajes, mundos, historias complejas, innovadoras y frescas. Que de entrada le insufla vida propia a un personaje (del que ya hablaré) que es el corazón de la obra, y que no por vivir en un futuro distópico y con tintes de ciencia-ficción es menos real que cualquier encargado de edificio que conozcas.

2940045876872_p0_v1_s550x406No sólo por todo eso me enganché mal con la obra, no. También por las increíbles similitudes que su historia tiene para con nuestra actual realidad argentina.

Vayamos por partes.

El protagonista es Spider Jerusalem, periodista de raza, drogón, violento, ácido, transgresor. Su look inicial es un cuasi Alan Moore pero sin la magia fumada (¿homenaje al barbeta? Quién sabe…). Pronto deja atrás los pelos largos y las barbas mesiánicas y adopta la imagen que será la definitiva: pelado, con el cuerpo tatuado, gafas verdes y rojas. Siempre un faso a mano (o dos, o tres, o cinco al mismo tiempo), siempre un saque casual aquí y allá. A primera vista, parece un esquizofrénico demente, huraño, casi xenófobo que está a punto de pelar el chumbo y matar a todo aquel que discrepe con su visión del mundo. Pero a medida que pasan los números, el tipo va mostrando más y más su lado profundamente humano.

Sí, el chabón se la pasa diciendo que odia la ciudad en la que vive, que odia su gente, su pueblo, sus costumbres. Los odia, sí, pero a la vez no puede vivir en otro lado. Y su odio se debe a su completa incredulidad de ver cómo pasan las cosas que pasan y nadie levanta un dedo para quejarse al respecto. Nadie lo levanta por desidia, por ignorancia y también por estupidez. Y Spider te odia (a vos, a mi, a todos) pero también se compadece, se enternece con los casos de desamparo en una ciudad en donde la pobreza es ignorada tanto por la ciudadanía como por la clase política. Su viceral odio es hacia las instituciones, hacia el poder, hacia la masa ignorante. Su odio es la forma en la que reacciona ante un mundo de desigualdad, de injusticia social, de pobreza y muerte.

23f92ff9d60a4ed75d2b40252ad0e405Y la ciudad podría ser cualquiera de las grandes urbes actuales. Tan solo se diferencia en que es en un futuro posible, en donde habitan seres convertidos en masas gaseosas, o gente revivida luego de cien años, robots que se drogan para pasar un buen momento. Todos elementos que suman al mundo que el autor crea, pero que son accesorios: podrían no estar y la historia sería igual de poderosa.

Porque lo que aquí se cuenta es la historia más antigua de la que tengamos memoria, la más importante, la más crucial: la del bien contra el mal. La de David y Goliath. Cristo y Judas. Lo moral y lo inmoral. Lo ético y lo no ético. ¿Y cómo lo lleva adelante el autor? En dos figuras muy claras: Spider por un lado (ejerciendo un periodismo extremo que desentraña entuertos zarpados y grossos) y el presidente de EEUU por el otro (en realidad son dos: el primero, al que llamaba “The Beast”, que deja el poder; y el segundo “The Smiler”, que se hace cargo con promesas de cambio para descubrirse luego como un antídoto mucho peor que el veneno).

Y Ellis no se anda con pequeñeces. Los diálogos que crea para sus personajes son fuertísimos, sin restricciones de puteadas ni lenguaje obsceno, y que van directo a lo que en verdad quieren decir, sin ningún tapujo. El Smiler dice tal cual en uno de sus diálogos con Spider que él asume el poder para cogerse a la gente, nada más. Porque tiene ganas y ningún fucking periodista de mierda lo va a detener.

Feature-Spider-Jerusalem-Transmetropolitan-Warren-Ellis-Darick-RoberstonEntre los dos se genera una batalla de poder, en la que la verdad no siempre sale a la luz. En donde justamente esa batalla es el terreno de juego más peligroso que pueda existir. Porque la verdad es heavy, y puede voltear cabezas, figurativa y literalmente. Y con el poder, todos lo sabemos, no se jode.

Pero Spider sí, y pronto se vuelve el héroe más antihéroe posible, pero héroe al fin.

Y denuncia corrupción, y pone ante la cara de la gente la verdad de lo que en su ciudad sucede, aunque nunca es fácil. Lo persiguen, lo ridiculizan, lo banalizan, lo cagan a palos, pero nada lo detiene. Su denuncia es la más importante: el desenmascaramiento de un discurso falso que se vende como único y verdadero.

¿Y por qué creo que todo esto se condice, y mucho, con la realidad actual de nuestro país? Creo que no hace falta explicarlo.

smiler2Vivimos en un mundo en el que la verdad es lo más difícil de adquirir, incluso más que el dinero. Y más cuando la hegemonía mediática se encarga de instalar su propia versión (sesgada, interesada, corrupta) de lo que en verdad sucede.

Transmetropolitan es un comic indispensable para, primero, pasar un gran momento.

Segundo, para pensar un poco en lo que nos pasa.

Y tercero, para ver qué estamos dispuestos a hacer para intentar cambiar las cosas.

No es poco…

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4 comentarios

  • mira vos justo leo esta nota y cuando salgo me afanan el celu,asi como para recordarme que estamos en argentina . No creo que haga falta aclarar que escribo desde la compu pero siempre hay un boludo por ahi asi que lo aclaro xd

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    Nahuel2017

    03/10/2018 - 18:56

  • Enorme serie, gran nota, a mí me gustan lo que Andrés llama Tps para pobres, ediciones económicas que no derrochan en calidad de papel pero cumple con creces y evita paginas extras de giladas y etc,,,

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    Arielbelanga

    03/10/2018 - 12:16

  • Me paso de encontrar enormes parecidos con políticos yankis, por ahi la puja Clinton vs Bush padre. Y creo que en realidad es extrapolable a cualquier campaña politica. A nivel conceptual es comparable a House of Cards. Las ideas que saca de la galera en el terreno sci-fi son excelentes, y a mi parecer condensa mucho de lo que se leyó en la 2000AD en los 80s.

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    Matias

    03/10/2018 - 09:42

  • Muy buena nota bruno

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    Nahuel2017

    03/10/2018 - 07:31