La Mansión Wayne

Sean Murphy desarrolla su propia versión de Batman y su mitología en dos miniseries que ningún fanático del encapotado puede dejar de tener.

White Knight

03/11/2020

| Por Bruno Magistris

2 comentarios

PantallitaImaginá que creciste en una década en donde, a temprana edad, pudiste presenciar la maravilla de la clásica “Batman ´89” en un cine abarrotado. Que conforme fuiste creciendo, te deleitaste con la seminal “Batman: TAS”; que todo te fue llevando a ser un lector ferviente de historietas, basadas en ese mundo que te sedujo y que te reclama y que te exige algo a cambio… Y además imaginá que de pronto te das cuenta de que tenés un talento descomunal y te volvés, en poco tiempo, un artista de comics genial. Empezás a hacer tus primeros trabajos, y empezás a romperla. Te hacés un nombre, y todos te respetan y admiran. Y de pronto… surge la posibilidad de volver a aquella primera sensación de magia y acción y maravilla que nunca olvidaste y por la que tenés un inmenso amor.

Si todo eso te pasó, entonces tu nombre es Sean Murphy.

Conocí a este gran artista de la mano del escocés demente, en la genial “Joe the Barbarian”. Su trazo firme, afilado, preciso hasta en el más mínimo detalle, demuestra de entrada un tipo que sabe lo que hace y que deja la vida en cada proyecto. Luego seguí con su “Punk Rock Jesus” y me seguí deleitando con su dibujo (aunque no me gustó tanto el guion). Y cuando vi que iba a encarar un proyecto basado en Batman… dudé. ¿Qué onda esto? Venía con la vara muy alta (en Joe) y amenazaba derrapar estrepitosamente. Pero vaya si me equivoqué.

1 - Joker en su celda. Notesé la parafernalia TASSean Murphy pela de la nada “Batman: White Knight”. ¿De qué va?

Aclaro antes que nada que a continuación habrá una serie de SPOILERS astronómicos. Sigan leyendo bajo su propio riesgo. Continúo.

El mundo que plantea el amigo Sean está basado en muchísimas iteraciones del encapotado (historietas, cine, animación) todas mezcladas y mixeadas para dar un producto totalmente nuevo, fresco, innovador. Sin ataduras, para jugar como a él se le plazca y hacer con los personajes (principales y secundarios) lo que crea mejor para la dinámica de la historia. Y de entrada arranca con un Batman recluido en Arkham, visitado por el Joker… que ya no es el Joker, sino Jack Napier, su alter ego (y que toma el nombre de “89”), y que se ha vuelto concejal de la ciudad. ¿Cómo? A manos de su archienemigo, quien sin piedad le hace tragar pastillas y pastillas de cierta droga que le reforma el cerebro y lo vuelve una persona cuerda. De ahí en más, toda la obra jugará con si efectivamente ese cambio en el Joker se produjo o si es otro de sus innumerables plots para confundir y reinar supremo. En el medio, apariciones memorables de Gordon, de Dick, de Batgirl, de Harley Quinn (que parece reformarse y volver a una racionalidad aparente), de la galería de villanos clásica (Two-Face, Killer Croc, Ventriloquist, etc), y de un Alfred que da la vida por su “hijo”. Batman usa batimóviles de todas las eras y medios (el del ´66, el de las pelis de Nolan, el del ´89, furiosamente maravilloso, el de TAS). Hay violencia, descontrol, sexo… y también mucho respeto y conocimiento del universo en que se está jugando. Murphy es un nene al que le dieron la llave de un mundo y le dijeron “hacé lo que quieras”, y se nota el entusiasmo y las ganas por hacer algo trascendente.

3 - Joker Unbound.La conversión de Napier termina siendo real, aunque la lucha interna con un Joker que no quiere desaparecer sigue ahí y volverá a consumirlo al final. Pero es conmovedor cómo el tipo intenta redimirse, incluso a costa de su propia vida.

Ah, y Batman revela su identidad a Gordon, en un gesto no sólo de confianza sino de acercarse a un final quizá no consciente, pero latente.

El dibujo es fastuoso: no hubiera perdido nada, incluso, si hubiera sido publicado en blanco y negro, ámbito en donde Murphy ya probó que no hace agua ni mucho menos (en “Punk…”). Tiene momentos en los que llorás de emoción geek, en que te pone la piel de gallina, en que agradecés que le hayan dejado hacer esto.

8 - Un Azrael de verdad.Y no contento con esta primera parte, al año siguiente pela una secuela directa, aún mejor, llamada “Batman: Curse of the White Knight”. Y acá, de nuevo, patea el tablero y crea otra maravilla, mucho más skockeante incluso que su predecesora. Toma a un personaje menor como Azrael (y su funesta actuación como aquel Batman noventero) y lo vuelve interesante, en una trama de identidades en donde devela que el linaje Wayne en realidad no es tal, sino que viene de un primigenio chanta y ladrón que se quedó con la fortuna del Wayne original. Bruce no es Wayne, ni sus padres, ni sus abuelos: Jean-Paul Valley lo es. Esto lleva, obviamente, a una crisis de identidad muy profunda que le hace revelar su verdadera identidad a toda la ciudad, a desarticular su incansable lucha como justiciero enmascarado, a licuar sus empresas, a invertir esa guita en ayuda social, a abandonar la capa y capucha por una real y patente acción popular en donde la gente ya no deberá pagar impuestos y el nivel de vida se incrementará notablemente (un verdadero superhéroe, bah…).

10 - El socialista Bruce en cana.En el medio, lucha a muerte con un Azrael imponente (con imágenes muy reminiscentes de aquella infausta “Knightquest”), la muerte épica y emotiva hasta las lágrimas de Gordon, la (casi) rotura de piernas de Batgirl, el nacimiento de mellizos de Harley Quinn (de papá Joker) y de su incipiente (y sorprendente) amor con Bruce, el asesinato despiadado de casi toda la galería de villanos que apareció en el primer arco, el legado (y emotivísimo recuerdo) de un Alfred-papá que te conmueve hasta los huesos, y la renuncia de un Bruce épico que abandona todo, pide perdón públicamente por el mal que hubiera podido traer, y pide permiso (sí, le pide permiso a la ciudad) para hacer de Batman una última vez, en la batalla final. Y que termina en la cárcel, sin nada, con toda su fortuna aplicada a acción social (lo que algunos le critican como “socialista”, dotando a esa palabra de increíbles tintes malévolos), triste, solitario y final.

9 - Batgirl y Dick - Un poco de color.Wow.

El resultado: una obra imprescindible. Murphy, como dije, juega con el mundo de Batman sin ninguna atadura, sin restricciones. Imagino que ese habrá sido su pedido al aceptar la propuesta: si hago esto, me dejan hacer lo que quiera. Y demuestra que ya no es tan solo un gran dibujante (vean cómo dibuja los infinitos autos que aparecen en la historia, las motos, las armas, la arquitectura, los personajes, todo es PERFECTO) sino que se perfila como uno de los más interesantes artistas integrales que tiene hoy el mercado norteamericano.

“Batman: White Knight” y “Batman: Curse of the White Knight” son obras esenciales, que ningún fanático (o no tanto) del encapotado puede dejar de tener.

Y, gracias a Dios, Murphy deja entrever que todavía tiene material para un futuro tomo tres…

Dios, no dejes de ayudar para que eso pase.

Que aquel pibe que flasheó en un cine yanki ante el Batman de Tim Burton y que lloró de emoción comiquera, siga plasmando todo ese agradecimiento por aquellos personajes que lo hicieron (y nos hacen) emocionar tanto.

 

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2 comentarios

  • Uf, voy a tener que discrepar un poco, la primera serie y el oneshot de Mr. Freeze me parece que tienen un pase, pero en Curse ya me parece que Murphy solo trata de destrozar el universo de Batman y arruinar y matar personajes a diestra y siniestra por puro shock value.

    Comentarios

    J. Bencomo

    17/11/2020 - 21:48

  • La verdad, no daba nada por esto pero me hiciste interesar. Mas alla del dibujo que parece bestial, no me lllamaba mucho. Ahora tendré que darle alguna oportunidad.

    Comentarios

    chuliverm

    05/11/2020 - 23:19