Mundo Morrison

Empezamos un repaso por las obras que Grant Morrison escribió a cuatro manos con Mark Millar, en la época en la que eran amigos inseparables.

La dupla con Mark Millar (parte 1)

25/06/2019

| Por Andrés Accorsi

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big_dave_02_09-540x704A mediados de los ´90 se estableció un vínculo muy copado entre Grant Morrison y otro pibe de Glasgow llamado a ser una estrella del guión. Mark Millar, con sólo 18 años, fue a entrevistar a Morrison para una revista sobre comics, en la época en la que el pelado escribía Animal Man para DC. Mark le contó a Grant que quería ser guionista y dibujante y nuestro gurú le recomendó centrarse en una sóla de esas actividades, porque era muy difícil tener éxito en las dos. Según Millar, fue el mejor consejo que recibió en su vida.

Desde entonces, Morrison adoptó a su joven colega como un protegido, casi como un sidekick y lo acompañó durante su crecimiento como guionista. También produjo varias historias en conjunto con Millar, que son las que vamos a repasar hoy.

En 1993, la revista 2000 A.D. se mandó una jugada rarísima: durante ocho números (o progs), el director Alan McKenzie puso el título íntegramente en manos de tres guionistas de Glasgow: John Smith, Grant Morrison y Mark Millar. La movida se llamó “The Summer Offensive” y cada guionista escribió una serie, pero además Morrison y Millar co-escribieron una cuarta: la polémica Big Dave, dibujada por el maestro Steve Parkhouse.

1ufujeBig Dave debutó en el prog 842 de 2000 A.D. con una aventura en la que “el hombre más duro de Manchester” se enfrentaba a Saddam Hussein y unos alienígenas bizarros. Claramente era una historieta satírica, cuyo humor políticamente incorrecto no se terminó de entender. Morrison y Millar se mofaron de la clase media-baja británica, de la Familia Real, de Adolf Hitler, de los mundiales de futbol, hay sexo, chistes con chicos discapacitados… una especie de South Park avant la lettre que duró 17 episodios y armó un kilombo bárbaro.

Discutida por su ideología (o por moverse en un terreno ideológicamente ambiguo), ninguneada por no tener elementos de ciencia-ficción, violenta y kilombera a un nivel no muy distinto a lo que en ese momento veíamos en los comics de Cazador, llena de estereotipos clasistas o racistas, Big Dave llevó la sátira y la mala leche a donde ninguna historieta de la 2000 A.D. había llegado antes, y la pagó caro: ni los lectores ni los críticos guardan un buen recuerdo de esta pequeña “gema maldita” en las carreras de Morrison y Millar.

309032._SX360_QL80_TTD_Al año siguiente, M&M desembarcan en EEUU, más precisamente en Swamp Thing, una serie emblemática del sello Vertigo que se caía a pedazos en ventas gracias a un equipo creativo que no pegaba una. Entre los nºs 140 y 143, los escoceses forman equipo con el exquisito dibujante Phil Hester para presentar el arco conocido como “Bad Gumbo”, su intento por sacar a Swampy de la zona del descenso. Esta meta la logran con creces, y (de la mano de Millar, que queda como titular a partir del nº144) la revista sobreviviría varios años más.

Pero, ¿estamos hablando de una buena historieta? No, la verdad que Bad Gumbo es pretensiosa, enroscada… y totalmente vendehumo. Logra generar tensión en el lector de la peor manera, que es confundiéndolo. Nunca llega a emocionarte la intriga de lo que puede pasar, porque estás enajenado diciendo cada dos páginas “What the fuck…?!?”, porque no se entiende qué está pasando ni mucho menos por qué. Después, cuando arranca la etapa de Mark Millar “solista”, el ritmo de la serie va MUY lento, pero mejora muchísimo respecto de esos cuatro primeros números, realmente muy por debajo de lo que suele dar el pelado mágico.

 

362879-19752-128097-1-2000-a-dNos vamos de nuevo a la 2000 A.D., ahora a 1995, cuando Morrison y Millar co-escriben una saga de Judge Dredd conocida como “Crusade” y serializada en los progs 928-937.

El planteo de Crusade es casi decente: el juez Eckhart viajó a los confines del espacio y tras décadas sin contacto con la humanidad, cae con su nave a la Antártida. En su único mensaje a las autoridades dice haberse encontrado con Dios, con quien estableció contacto. Ahora los jueces de todas las mega-urbes (que vendrían a ser los países de este mundo post-holocausto) quieren capturar a Eckhart para enterarse de primera mano qué onda Dios, qué le dijo, qué poderes tiene, etc. Y ahí van, los jueces más grossos de cada urbe a competir entre ellos en plena Antártida. Por supuesto, Mega-City One (la que nuclea a las ciudades de la Costa Este de los EEUU) manda al siempre impertérrito Judge Dredd.

Hasta ahí, zafa. Después, el horror. Primero, vos sabés que Dredd va a ganar. Segundo, en las primeras páginas los autores se esfuerzan por darle mucha chapa al Judge Cesare, inquisidor a las órdenes del Vaticano, con lo cual sabés que va a ser el que más probablemente le haga el aguante más fuerte a Dredd. Tercero, esta serie parece jactarse de sus puntos débiles. Uno de los aspectos menos atractivos de Judge Dredd (tiene varios) es que le faltan secundarios copados. Aún así, la consigna de Crusade parece ser precisamente limpiar secundarios. Los duelos entre los jueces son siempre a muerte y acá palman varios que ya se habían cruzado con Dredd en aventuras anteriores. Morrison y Millar no dejan vivo a ninguno.

crusadeY después de 62 páginas al palo, repletas de sangre, violencia y momentos que podrían ser tensos si uno no supiera que Dredd va a zafar de todo sin despeinarse, se termina la saga. ¿Qué se puede rescatar? El ritmo, que nunca decae, y los dibujos de Mick Austin, un ilustrador que hizo poca historieta pero hace gala de un estilo clásico recontra-sólido.

¿Hay más? Sí, me quedan para una próxima entrega dos trabajos más en los que Grant Morrison y Mark Millar comparten la autoría de los guiones. Ya llegarán.

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