Octava entrega de nuestra recorrida por los 100 hitos de estos 100 Años de Historieta Argentina: autores, personajes, revistas y editoriales que trazaron nuevos caminos, bajo la lupa de destacados especialistas se suman al staff de Comiqueando para esta ocasión. Se acerca el final de esta mega-nota, ideal para descubrir o redescubrir a nuestros máximos clásicos del Noveno Arte.

100 AÑOS DE HISTORIETA ARGENTINA – Parte 8

30/10/2012

| Por Staff de Comiqueando

3 comentarios

Octava entrega de nuestra recorrida por los 100 hitos de estos 100 Años de Historieta Argentina: autores, personajes, revistas y editoriales que trazaron nuevos caminos, bajo la lupa de destacados especialistas se suman al staff de Comiqueando para esta ocasión. Se acerca el final de esta mega-nota, ideal para descubrir o redescubrir a nuestros máximos clásicos del Noveno Arte.

ABEL IANIRO
por Andrés Accorsi


Abel Pascual Ianiro nació en 1919 y falleció con apenas 43 años, el 2 de Abril de 1962.
Sus primeros trabajos aparecieron en la revista La Cancha y a principios de los ´40 desembarcó en la revista Leoplán, donde creó tres historietas: Tóxico y Biberón, Casanova Conquistador y Purapinta. Esta última pasó luego a la revista Rico Tipo y se reeditó durante décadas en las páginas de la revista Lúpin. Purapinta (dibujado en un estilo bastante afín al de Guillermo Divito) fue un personaje de inmensa popularidad, que redefinió y hasta desmitificó al típico matón de barrio, el muchachón intimidante, con aspecto violento y agresivo, al que Ianiro le encontró una vuelta novedosa, que por supuesto se repetía tira a tira.
Ianiro pasó también por publicaciones como Chicas, Cascabel y hasta participó de los primeros números de Tía Vicenta. Pero sus obras más recordadas son, invariablemente, las que se publicaron en Rico Tipo. Además de Purapinta, hay que destacar a Marmolín (creado en 1945), la estatua de piedra que cobraba vida en las historietas, ya sea para visitar a una estatua con la que tiene onda, para leer el diario «de ojito» o para apostar a los burros. Cuando el Dr. Merengue se independiza de Rico Tipo y pasa a encabezar su propia revista, uno de los personajes que lo acompaña es Tito Faldas, creado por Ianiro en 1957. Tito era el clásico langa, lanzado y seductor… al que vemos fracasar en todos sus intentos por conquistar a los «bombones» del barrio.
Además de haberse destacado como autor de historietas humorísticas, Abel Ianiro fue un consumado caricaturista, uno de los más grandes de todos los tiempos, aún hoy reconocido y admirado por dibujantes de todo el mundo. Sus caricaturas de las estrellas de Hollywood de los años ´50 aparecían en las portadas de la revista Canal TV que –según recuerdan los nostálgicos- se vendía mucho gracias a las ilustraciones de Ianiro.

DIÓGENES Y EL LINYERA
por Hernán Martignone


Desde 1977, Diógenes y el linyera pasean su filosofía cínica y callejera por la contratapa del diario Clarín. Dibujada siempre por el genial historietista de origen uruguayo Tabaré Gómez Laborde (que ha creado e ilustrado también maravillas como Vida interior, Bicherío y Bosquivia), la tira ha contado con guiones de Carlos Abrevaya, Jorge Guinzburg y Héctor García Blanco. En la actualidad (y desde 2008), está realizada en solitario por Tabaré, que conoce a ambos personajes a la perfección y además parece apostar a la fuerza del dibujo, ya que se trata de una tira que suele presentar fondos y personajes bastante detallados (algo que se destaca por ejemplo en el dibujo de Langer para La Nelly, frente a la síntesis de Clemente y Yo, Matías).
Diógenes y el Linyera cuenta la vida del hombre y del perro en la calle, de una manera que podría pensarse como «idealizada», en tanto el hambre que pasan da pie siempre al humor y los dos se la pasan en general tirados al sol, bajo un árbol de una plaza indeterminada. Eso no significa que no haya en la tira acidez, crítica social (educación), referencias a la situación política o económica (deuda externa), principalmente a través de Diógenes, que no por nada tiene nombre de pensador cínico: es un perro que piensa (pero que no habla, a diferencia de otros perros «filósofos» como Mendieta o Sócrates, el semiperro de Sfar y Blain). La expresión en las caras de los personajes es otro de los fuertes del estilo de Tabaré, que logra transmitir las emociones (desconsuelo, cansancio, bronca, resignación casi siempre) del perro y del vagabundo, que actualizan una vez más el significado de la frase «el perro es el mejor amigo del hombre». La tira, al desarrollarse en el espacio abierto de la calle, facilita que allí se produzcan encuentros con personajes pasajeros, que se articulan entonces en sagas.
La alternancia de talentosos guionistas (Tabaré incluido) y el excelente dibujo son, posiblemente, las causas que hacen que la tira se mantenga siempre en un notable nivel, y que Diógenes y el linyera sean dos de los personajes más queribles y duraderos de la historieta argentina.

EL TONY
por Andrés Accorsi


En 1928, y tras haber logrado un suceso resonante con su revista Páginas de Columba, el dibujante, caricaturista y editor Ramón Columba (1891-1959) se decide a apostar por una revista que sólo ofreciera historietas. Páginas de Columba incorporó, desde 1923, un suplemento de historietas apuntadas al público infantil, pero esto era otra cosa.
El 26 de Septiembre de 1928, salió a la calle el número 1 de El Tony, la primera revista de historietas editada en Argentina. Al principio se pensó como una revista apuntada a los más chicos, con material nacional y extranjero. En sus páginas convivieron Charles Chaplin, Tex y Billy, Piratas del mar, Raffles, Nick Carter y Rulito, el gato atorrante, una creación de Raúl Roux que se parecía demasiado al Gato Félix, cuya licencia Columba tramitó pero no logró adquirir.
El éxito acompañó a la propuesta, que llegó a tirar unos 300.000 ejemplares semanales. De a poco, El Tony desplazó su foco hacia los adolescentes y adultos. En 1940, muy poco después de su debut en EEUU, sumó las aventuras de Batman. También albergó a personajes como Tarzán, Mandrake el Mago y el Agente Secreto X-9, entre otros clásicos.
Con el tiempo creció la presencia del material nacional, con notables colaboraciones de Carlos Casalla, Juan Arancio, Fernand, Roberto Valenti, Enrique Rapela, Julio Alvarez Cao, Carlos Vogt y muchísimos autores más, incluyendo al propio Héctor Oesterheld.
La línea de publicaciones de Columba se amplió y, a fines de los ´60, cuando gracias al éxito de Robin Wood todas las revistas subieron sus ventas, El Tony tuvo especiales y colecciones paralelas, denominadas Extracolor, Super Color, Todo Color, Anuarios y Superanuales, algunas dentro de la numeración original y otras que comenzaban de nuevo desde el número 1. Algunas series de Wood para El Tony fueron Mark, El Ahorcado, Los Aventureros y la más memorable, Pepe Sánchez.
Y como todas las revistas de la línea, El Tony vio bajar notablemente su calidad durante los ´80 y sus ventas durante la década siguiente, hasta desaparecer a mediados de 2000.

EVARISTO
por Fede Velasco


Pasa todo el tiempo que una obra maravillosa, como en este caso, no recibe todo el reconocimiento que se merece porque no es la obra fundamental de dicho autor. Yendo a este caso particular, Solano López siempre sera el dibujante de El Eternauta, así como Carlos Sampayo el guionista de Alack Sinner; lo que deja a Evaristo –con mucha suerte- en un inmerecido segundo lugar.
Si hablamos del dibujo de Solano, sin dudas el maestro estaba en su mejor momento, lo que se dio en llamar el «Período Mágico» -ese que va desde El Eternauta 2 hasta Freaks- más o menos, en el cual todo lo que dibujaba era glorioso. Sin dudas Evaristo es un clarísimo ejemplo de esta época donde Solano te vuela la cabeza con cada página, con cada viñeta, con cada expresión de los personajes. Una verdadera orgía visual.
Y por el lado del guión, Sampayo no se queda atrás. Las historias son un claro reflejo de la Buenos Aires de mediados de los ´50 y principios de los ´60. Las mismas nos narran un policial hecho y derecho pero con una fuerte impronta nacional y consiguen algo brillante: construir el Evaristo Mitico. Algo que vemos todo el tiempo en la ficción norteamericana y acá parece tan difícil de hacer, Sampayo lo logra con maestría y deja ahí abierta una puerta enorme para el que tenga ganas de volver al mito. El Meneses de la ficción no es el real, tiene cosas en común con este, pero es un personaje creado por Sampayo. Igual, al mejor estilo Elliot Ness, uno lee las historias y compra a este Evaristo duro, que opera en toda la ciudad y no sólo en su distrito, que le saca una cabeza a todos los que lo rodean y que es mucho más gordo que el de verdad.
Obra ineludible de ambos maestros, se publicó originalmente en SuperHum@, para continuar en la Fierro clásica donde se publicaron alrededor de 15 historias, que están en su mayoria recopiladas en el tomo que publicó Editorial Colihue. Así que te recomiendo que te calces el funyi, cargues la .45 y te sumerjas en esta Buenos Aires de mediados del siglo pasado, que no te vas a arrepentir.

PERRAMUS
por Andrés Accorsi


Así como Maus pasó a la historia por ser la única historieta galardonada con el premio Pulitzer, esta es la única que recibió el no menos importante premio Amnesty International. Pero ojalá fuera sólo eso. Perramus tal vez sea la mejor historieta argentina de la gloriosa decada del ’80, un hito fundamental en la carrera del dibujante más grosso que dio este pais y la principal obra en la breve carrera como guionista de un periodista, ensayista, cuentista y novelista de primera línea.
Creado por Juan Sasturain (que nunca había escrito guiones de historieta) e imaginado visualmente por Alberto Breccia, Perramus zarpó hacia la aventura en 1982, con la dictadura militar todavía al frente del gobierno de nuestro país. Para Sasturain, era hora de aventurarse en un terreno totalmente inexplorado. Para el más grande, era hora de volver a arriesgar.
Perramus está compuesta por cuatro sagas: la primera (a veces denominada «El Piloto del Olvido»), comenzó a publicarse en Europa bastante antes que en Argentina. Acá hubo que esperar a 1985 para verla en las páginas de Fierro y tal vez de ahí derive la confusión de los que consideran a Perramus una obra emblemática de la etapa post-dictadura. La segunda saga (conocida como «El Alma de la Ciudad») no se llegó a publicar en Fierro por diferencias entre Sasturain y el editor Andrés Cascioli. El tercer arco, La Isla del Guano (el título original era La Isla de Mierda), se desarrolló entre 1986 y 1987 y es el que inicia el tránsito de la historieta testimonial, por momentos opresiva, hacia la comedia satírica y por momentos grotesca. En 1989, Breccia y Sasturain realizan la saga más larga de Perramus, que además es la última: Diente por Diente vio la luz en 1991, de la mano de la editorial francesa Glénat y sus casi 160 páginas se mantuvieron largamente inéditas en nuestro idioma.
Además de un suculento caldo de metáforas y referencias a la política y la cultura argentina de los ’80, Perramus nos legó una aventura descomunalmente bella, con textos y dibujos que trascienden su contexto con obscena amplitud y cuya insoslayable «argentinidad» no pareció incomodar a los lectores del resto del mundo. Algo similar pasó con El Eternauta, con la diferencia de que Perramus, además, cosechó una docena de premios internacionales.
No hace falta decir que el hueco que dejó Perramus es imposible de llenar. Ni tampoco que estamos frente a una obra imposible de olvidar.

PI-PÍO
por Amadeo Gandolfo


Pi-Pío fue la primera creación duradera de Manuel García Ferré antes de que su nombre fuese una institución para generaciones de niños argentinos. Su publicación se inició en algún momento de principios de los ´50, en Billiken. Durante toda esa década y parte de la siguiente, sus aventuras originales aparecerían en la revista de Constancio Vigil, a razón de una plancha por semana.
Pi-Pío se convertiría rápidamente en un campo de experimentación constante. De sus primeras aventuras, más similares a cuentos, sin incorporar globitos, con los textos reducidos al pie de página en donde se buscaba transmitir una moraleja hasta su tira final, donde el valiente pollito es convertido en un auto con carrocería, hay toda una inmensidad de caos plástico. Ya en su cuarta aparición Pi-Pío se esconde detrás del cuadrito, en una maniobra formal inusual para la época.
Ferré experimenta, en primer lugar, con los personajes, creando muchísimos, desde el villano Paco Pum hasta los cavernícolas Utatos, en el medio encontrando proto-versiones de Hijitus y Oaky y un completo Calculín, eterno sidekick del pollito. En segundo lugar, experimenta con las formas y los colores. Los egipcios que conoce Pi-Pío son dibujados como crudos jeroglíficos y a hay cuadritos que se aproximan a un colorido cubismo. En tercer lugar, Pi-Pío es un catálogo de caricatura: caras alargadas, hinchadas, prismáticas, narices hacia abajo, pelos absurdos, cuellos estirados. Todos los personajes parecen estar hechos de plastilina.
Narrativamente, Pi-Pío es eufórica y fluida. Signado por la dosificación de la tira, en cada una suceden infinidad de cosas. Pi-Pío triunfa y es luego atrapado a veces en el espacio de cuadritos. Nunca hubo personaje que se pasara tanto tiempo en prisiones endebles. Viaja por el mundo y retorna a Villa Leoncia siempre para encontrar algún disturbio. Conoce tribus encantadoras. Se mantiene en movimiento. Los dibujos de Ferré suelen estar llenos de detalles en cada cuadrito, lo cual contribuye a crear esta sensación de alegre caos y a aumentar progresivamente ese mundo donde habita el aventurero.
Pi-Pío terminaría inconclusa, pero García Ferré pondría en marcha todo lo que había aprendido en una década para fundar un imperio. El pollito quedaría relegado a interminables repeticiones en la revista Anteojito, al estilo Patoruzú, esperando que algún día alguien lo sacase de esa carcasa de auto en la que fue abandonado. Aún no ha sucedido.

PIONEROS DE LA AVENTURA
por Andrés Accorsi


Al igual que en otros mercados en los que irrumpió, la historieta en argentina se tomó su tiempo para sumar a su arsenal de recursos la aventura de dibujo realista.
Uno de los precursores en este campo fue Raúl Roux (1902-1961), nacido por casualidad en Uruguay (sus padres eran argentinos). Roux venía del dibujo humorístico, donde se había destacado con las historietas de Rulito, el Gato Atorrante, pero rápidamente se decantó hacia el estilo académico-realista. Trabajó en la revista El Tony desde su primer número (allá por 1928), para la revista El Gráfico y para el diario La Razón, donde aparecía la tira «Más Allá», pionera de la ciencia-ficción latinoamericana. Ya en los ´40, se sumó al prestigioso staff de la revista Patoruzito, donde serializó aventuras de largo aliento, como La Ciudad de los Césares y las gauchescas Fierro a Fierro y Lanza Seca.
Carlos Clemen (1913-1964) comenzó a publicar a los 17 años y, al igual que Roux, en algún punto se volcó del dibujo humorístico al estilo realista. De sus primeros años datan sus trabajos para las revistas El Purrete, Pololo, Mustafá y Barrilete, todas de corte infantil. A partir de 1933, sin embargo, comienza su incursión por la aventura con sus trabajos en la revista Figuritas: El Mundo Perdido, La Isla Misteriosa, Carpincho y Las Aventuras de Pepe Bujía. En 1948, Clemen fundó una academia de dibujo y al año siguiente, su propia editorial, en la que lanzó decenas de publicaciones, entre ellas Corso Pete, Trinchera y Filmograf. Su último gran éxito surgió en 1954, fruto de la colaboración con el guionista Alfredo Grassi: Robert Ax, Médico del Siglo XXX, otra incursión por el género de la ciencia-ficción.
El menos conocido de esta tríada de pioneros es Raúl Ramauge (1905-1965), autor en 1929, de la primera historieta argentina «seria» aparecida en un diario: El Tigre de los Llanos, una biografía en viñetas de Facundo Quiroga, que en lugar de utilizar globos se apoyaba en extensos textos explicativos. Esto se publicó en las páginas del diario Crítica, donde Ramauge también narró en historietas La Estancia del Ombú, Marta Riquelme, Vida de Manuelita Rosas y la primera adaptación al comic de Martín Fierro. Después de estos trabajos en Crítica, Ramauge se alejó de la historieta y se dedicó a la pintura y la ilustración.

RANDALL
por Gustavo Ferrari


Randall the Killer es un matador que se mueve con total libertad y con un particular criterio de justicia entre los poblados sin ley del oeste norteamericano. Fue el más famoso de los westerns realizados por Héctor Oesterheld y una de las historietas que mayor repercusión generó en el momento de su publicación original (1957-1961). Inicialmente la serie se apareció por entregas en la revista Hora Cero Semanal, y luego se presentó en episodios completos en Hora Cero Extra. En un momento dado, Oesterheld decide dar por finalizado al personaje y lo hace morir, pero fue tal el revuelo que se armó entre los lectores y las cartas de queja que llegaron a la editorial (según consigna el periodista Mario de Moraes en una nota publicada en 1959 en la revista O Cruzeiro) que el guionista tuvo que dar marcha atrás con su decisión y continuar la serie.
Arturo Del Castillo fue su dibujante principal, ayudado en el capítulo inicial por el italiano Guillermo Lettieri. El formato narrativo semanal con páginas de tres tiras resultó muy reducido para el estilo detallista y recargado del artista, por lo cual, cuando se produjo el retorno y la publicación de episodios unitarios Oesterheld terminó por privilegiar un formato más cercano al del cuento ilustrado, con menor cantidad de viñetas por página y más espacio para el lucimiento del genial ilustrador, que realizó para esta serie algunas de las más bellas páginas de su carrera. A la partida de Del Castillo, Randall fue continuado con escaso éxito por Cirilo Muñoz.
Los autores de Randall volverían a trabajar juntos casi dos décadas después en la Editorial Récord, para la cual crearon la serie El Loco Sexton, también ambientada en el Lejano Oeste.

RICO TIPO
por Amadeo Gandolfo


Rico Tipo en un principio fue Divito. Rico Tipo fue Divito yéndose de Patoruzú en búsqueda de un estilo moderno de humor. Abierta a finales de 1944, logró mantenerse por casi tres décadas y 10 gobiernos hasta su cierre en 1972, a los 3 años de la muerte de su creador. En un principio fue Divito y encontrar en 1945 en los kioscos de tu barrio una bomba sexual de papel y tinta en la tapa de una revista de humor.
Pero, luego, Rico Tipo fue la única revista humorística argentina publicada de forma ininterrumpida durante casi tres décadas con material original, por lo cual fue un semillero, un centro de comunicaciones y cultora de una tradición. Allí, por ejemplo, comenzó la fructífera colaboración entre Cesar Bruto y Oski, en el falso diario «Versos y Notisias». Allí se publicó «Buenos Aires en Camiseta», uno de sus primeros grandes éxitos, con ese trazó entre sucio y elegante y esos hombres siempre en musculosa al lado de una radio escuchando el partido. Allí también saltó a la fama Piantadino, el preso que siempre quiere escapar de Mazzone, tira donde también nacería Afanancio, otro de sus personajes insignia. Allí colaboraron inclusive dibujantes con un trazo más realista, como José Luis Salinas y Osvaldo Pérez D’Elias (quién demostraría su infinito trazo para la caricatura, realizando innumerables parodias de series de televisión y películas). Allí escribieron Aldo Cammarotta, Luis Alberto Reilly y Conrado Nalé Roxlo, continuando y profundizando una tradición de humor escrito costumbrista y literario a la vez.
Durante las décadas del ´40 y ´50 humor significó Rico Tipo, su radiografía precisa del costumbrismo porteño, de sus bares y sus canchas; sus dibujantes de trazo limpio, casi sin manchas y sombras, lleno de líneas cinéticas; sus personajes arquetípicos, cuyos nombres en muchas ocasiones se volvieron sinónimo de comportamientos (como tener un Otro Yo). Con el tiempo, como sucede con todas las cosas, Rico Tipo fue superado en cuanto a novedad, no logró adaptarse de todo a la liberación de los años ´60 y terminó siendo una institución y una revista inocentona, todo lo que su autor no hubiese querido que fuese nunca. Pero qué hermosas deben haber sido esas dos décadas donde te saludaba una chica con cintura imposible y sonrisa radiante desde el estante de las revistas de humor.

YO, MATÍAS
Por Javier Hildebrandt


A esta altura es casi un lugar común de las tiras cómicas que los personajes secundarios se queden con el rol protagónico. El caso de Matías no es la excepción. Su primera aparición es en Prudencio, la historieta protagonizada por un clásico «guapo de farol», creada por Fernando Sendra en 1990 para la contratapa de Clarín. Apenas tres años después, el personaje obtiene la repercusión suficiente para encabezar su propia tira, bajo el título de Yo, Matías. Es probable que el cambio se deba, también, a una mayor comodidad del autor con la comedia familiar, como lo prueban sus antecesoras Vida diaria y Juancho y Hugo. Como suele ocurrir en estos casos, el personaje se gana una gran popularidad entre los niños y su figura se pasea por distintos soportes: animación, videojuegos, campañas de bien público y hasta su propio diario íntimo («El ombligo observador») que se publica durante varios años en la revista Viva.
Si bien se inscribe dentro de la larga tradición de la tira cómica con niños, el gran tema de Yo, Matías es la relación entre el protagonista y su madre (otros secundarios como Tatiana, la amiga feminista; Laszlo, el niño refugiado de Vlastavia; la tortuga Rodríguez o la cucaracha no han llegado a tener un rol desequilibrante en la historia). Matías no es un niño contestatario y preocupado por la situación mundial como Mafalda, sino que se cría en el ambiente anti-político y superficial de los ’90, atravesado por los rigores de la escuela primaria, la televisión como «chupete electrónico» y –sobre todo- la frivolidad de su madre, que nunca aparece en cuadro y cuyas únicas preocupaciones son el cuidado estético, las vacaciones y la superación de la culpa por no poder criar bien a su hijo. Lejos de la idealización pero también de la rebeldía, Matías vive interpelando a su madre, y en esos brillantes contrapuntos verbales, en donde se suele poner en jaque la visión del mundo adulto, aparecen los mejores momentos de la historieta. La ausencia del padre hace que el niño busque consuelo en lo más cercano que tiene a una figura paterna: el psicoanalista, personaje de gran importancia en los primeros años de la tira.
Yo, Matías es una obra que se inicia y alcanza sus mejores momentos durante los años ´90, hecho que –aunque siga publicándose- termina por anclarla fuertemente en esa época. Matías es un niño curioso, en busca del cariño y las respuestas que nadie parece muy preocupado en brindarle. ¿Cómo sería en su adolescencia y adultez, luego de criarse en ese ambiente? La pregunta es interesante aunque la respuesta, tal vez, sea muy poco graciosa.

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3 comentarios

  • Che, hace poco hice un pedido (muy grande) de si era posible tener al maestro Sasturain de invitado en un podcast de la Historieta Argentina. En ese caso no fue posible, pero ¿podrá ser en un futuro? Escuchar al tipo es un placer inenarrable, tiene tanta sapiencia, cultura y (más que nada) carisma, que sería una emoción muy grande que apareciese por estos pagos. No sé si da, o si se prestaría, pero en una de esas es posible y estaría muy bien. Adieu!

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    brunowayne

    31/10/2012 - 18:13

  • Veremos qué se puede hacer. Capaz que nada. De todos modos, si alguna editorial nos acerca un proyecto para editar este material en papel seguramente lo vamos a evaluar.

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    andres

    30/10/2012 - 23:52

  • Yo voy a decir la verdad: a mi me da mucha paja leer estas notas de la Historieta Argentina de este modo, quiero decir, online. No digo que se manden un libro, o una edición especial de Comiqueando. Pero, ¿no sería posible que armaran algún tipo de presentación o algo para que nosotros podamos imprimirla? Sé que copiando y pegando se puede hacer, pero no queda bien. Y es una pena, porque son notas alucinantes y estaría bueno que estuviesen recopiladas de alguna manera. No quiero joder, es una idea nomás. Adieu (con acento francés).

    Comentarios

    brunowayne

    30/10/2012 - 18:53