De Mendoza a los más remotos confines del cosmos, te contamos la leyenda de uno de los más grandes autores de la fantasía mundial.

Adios a Juan Giménez (parte 1)

05/04/2020

| Por Staff de Comiqueando

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92329305_1829455267192010_1738730356309229568_nUn artista al que le encantaba dibujar armas y aviones murió un 2 de Abril, fecha que los argentinos tenemos estrechamente vinculada con la guerra y las armas. Un artista al que le encantaban las historias de futuros distópicos, de pesadillas post-apocalípticas, terminó sus días en manos de un virus de origen científico, en medio de una pandemia global. Uno de los más grandes autores de la fantasía mundial, se nos fue, víctima de la más cruda realidad.

Juan Antonio Giménez López nació un 26 de Noviembre de 1943 en la ciudad de Mendoza, Argentina y ya desde chico demostró una fascinación por los dibujos, principalmente, por las historietas. Apoyado por su padre que sabía dibujo, ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Río Cuarto, pero se aburrió del academicismo y buscó su propio camino. Descubre que en esa ciudad vivía Víctor Hugo Arias, un gran dibujante clásico (Río Cuarto 1928, trabajó en Poncho Negro, Rayo Rojo, Hora Cero y otras revistas de Frontera, fue docente de la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba y en la Universidad Nacional de Río Cuarto, tuvo su etapa en Ediciones Récord y participó en muestras en varios países de Europa), e inmediatamente toma a Juan como ayudante. Uno de los contactos porteños que visita a Arias queda impactado con una historieta en la que Giménez trabajaba desde hacía un tiempo, en base a una aventura de H.G. Oesterheld. Apoyado por su maestro, Juan la termina en tiempo récord y con apenas 16 años logra su primera publicación profesional en la revista Asalto, competencia de la Hora Cero.

39311305_2153770841360386_4198162220661604352_oEn la década del ’60, la familia Giménez se traslada a Chaco y Juan, aislado de su entorno, de sus apoyos y contactos, sigue trabajando para él. Termina la secundaria en un industrial especializado en tornería y, paradójicamente, la última materia que rindió fue Dibujo Técnico. Cuando vuelven a Mendoza cursó dos años en la Facultad de Diseño, rama de la de Arquitectura, donde aprende la base de las construcciones de los objetos. Es un período donde su arte se vuelca a la publicidad y en ese ámbito aprende sobre dibujos animados y realiza el primer acercamiento a lo que será su sello personal: el color.

Enterado del lanzamiento de la revista Skorpio de Ediciones Récord, Juan comienza a trabajar por las noches en una historieta de muestra. Cuando se entera que su antiguo maestro, Víctor Arias ha regresado de Europa y participa del proyecto Skorpio, va a verlo a Córdoba y éste lo alienta a presentar la historieta por el alto nivel. Juan viaja envalentonado a Buenos Aires y se presenta en las oficinas de la editorial; paradójicamente, Alfredo Scutti, el editor, ya había recibido las muestras que Juan había enviado y quería reunirse con él. Durante un año se fogoneó realizando historias unitarias, casi todas policiales, hasta que se entera de la existencia de un guión que varios dibujantes han rebotado: As de Pique, de Ricardo Barreiro.

ciudad_1“El primer guión de Ricardo que llegó a mis manos –recordaba Giménez en un texto que redactó especialmente para Comiqueando- fue el capitulo uno de As de Pique. Realmente creí, al leerlo, que lo había  hecho para mí exclusivamente, a medida, no para que fuera dibujado indistintamente por cualquier otro profesional, sino solamente para mí. El ritmo y entramado del relato, la temática, las secuencias, la cadencia, eran lo que yo estaba deseando dibujar y como un simple lector de historietas, consecuentemente, deseando leer. Era tal la simbiosis que tuvimos desde un primer momento que el esfuerzo que representaba ambientar una historieta histórica como aquella, con la dedicación documental que esto significaba, fue insignificante.”

«Vos que te gustan las maquinitas y todas esas boludeces ¿no querés hacer una serie de aviones?» y ante la posibilidad de hacer una serie continuada, Juan aceptó hacerse cargo de los dibujos de As de Pique y comenzó su amistad con el guionista, “el Loco” Barreiro. Basándose en la serie Amapola Negra de Francisco Solano López Giménez realiza el primer episodio y se viene a Buenos Aires, donde su primera compra son unos libros sobre los aviones B-17 para seguir volcando talento en una serie en la que nadie creía y se convirtió en un éxito de 27 entregas.

9782723416160_pgPero estamos en la segunda mitad de los ‘70s y con Ricardo Barreiro exiliado en Europa, Juan decide seguir a su amigo en la aventura y se va a España, y de ahí pasan rápidamente a Italia, donde As de Pique es una carta de presentación ganadora.

“Ricardo es mi otro yo, pero con la facultad de narrar historias escritas. Efectivamente, haciendo historietas éramos la misma única persona. No había duda de que a pesar de la relativa diferencia generacional que nos separaba, habíamos leído, visto y admirado las mismas cosas que estimularon nuestra imaginación simultáneamente.  Normalmente, en nuestro sistema de trabajo, no hacían falta muchas explicaciones de cómo plantear el carácter de la historia a contar. No importaba si  fuera de una sóla página o una serie de larga duración, la sensación de complicidad era la misma.”

Juntos en París desarrollan La Estrella Negra (1979) y cuando se tienen que separar, Juan se va a España y desarrolla El Cuarto Poder (1980) para vender en el pujante mercado de las antologías españolas. Tras el reencuentro con su amigo guionista se vuelven a Italia y realizan ‘Ciudad’, y durante la producción de esta obra recibe un llamado de los Estados Unidos para participar en la película Heavy Metal. Si bien su colaboración debía ser casi una asesoría, termina rediseñando toda la historia Gremlins (la de los aviones tipo As de Pique) y realiza la aventura del taxista Harry Canyon durante cinco meses en Ottawa, Canadá. Sin experiencia en producción de largometrajes animados, sin saber inglés y sin haber visitado nunca la ciudad de Nueva York, Giménez logra darle vida a una de las mejores historias del mítico film de Gerald Potterton.

Estamos en 1981 y arranca la década dorada de Juan Giménez, la de su consagración definitiva. Mañana, la segunda parte.

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