Te contamos la historia completa del primer gran ícono del manga y el animé.

Astro Boy (parte 1)

12/10/2020

| Por Javier Hildebrandt

1 comentarios

d0270811820d5ce7db0c825c2dc38340Sol naciente

Pensar en el Japón post Segunda Guerra Mundial implica imaginar -junto a la desolación, los paisajes devastados por las dos bombas atómicas, y las durísimas condiciones de vida- una sociedad obligada a encarar el futuro con una nueva mirada, a encontrar la fuerza dentro de tanto horror y tanta muerte para construir un futuro diferente, un lugar en el que las nuevas generaciones de japoneses pudieran vivir en paz. En este escenario, un joven Osamu Tezuka, que había comenzado a publicar sus primeros trabajos como mangaka justo en 1946, cree que ha llegado el momento de brindarle al público –principalmente a los más chicos- una obra con el impulso y la esperanza para encarar ese nuevo futuro venturoso. Es así como, de su mente y su mano maestras, saldría un personaje aclamado por generaciones de lectores, al punto de redefinir por completo el medio que lo ve nacer y convertirse en un auténtico embajador cultural de su país. Y eso que estamos hablando de, apenas, un pequeño niño-robot…

¡A darle átomos!cura12248-fig-0003-m

Tetsuwan Atomu (su traducción literal sería algo así como “Átomo Poderoso”) debuta en las páginas de Shonen, de la editorial Kobunsha, en Abril de 1951. La historia comienza con un científico especialista en robótica, el Doctor Tenma, que pierde a su hijo Tobio en un terrible accidente de tránsito. Al poco tiempo, el ejército le ofrece a su laboratorio un presupuesto ilimitado para desarrollar un arma de combate especial. Desahuciado y al borde de la desesperación, Tenma encuentra aquí la única posibilidad de revivir a su hijo. Luego de unos días de trabajo sin descanso, el Doctor crea a Tetsuwan Atomu, un robot hecho a imagen y semejanza de su hijo fallecido y con un cerebro artificial muy avanzado, que le brinda la posibilidad de expresar emociones y pensar mil veces más rápido que un ser humano. Y, por supuesto, con grandes superpoderes: el muchachito cuenta con ojos que pueden convertirse en potentes linternas y ayudarle en sus búsquedas, oídos capacitados para ampliar mil veces el sonido, dedos que se transforman en potentes rayos láser y ametralladoras, brazos con el poder de ocho caballos de fuerza y piernas capaces de convertirse en motores, que además le dan la habilidad de volar (en la serie animada producían un sonido muy particular cuando caminaba).

220px-Astro_Boy-08En un comienzo, Tenma ama a Atomu como a su propio hijo, pero, pasado un tiempo, al darse cuenta de que no tendrá la posibilidad de crecer y será eternamente niño, comienza a tratarlo con desdén, hasta que finalmente lo vende a un circo de robots. Es allí donde lo encuentra otro científico, el Doctor Ochanomizu, quien lo adopta y le enseña a utilizar sus superpoderes. Con el tiempo, el buen Doctor crearía una hermanita para Atomu (que en el animé pasaría a llamarse Astro Girl, y en su versión en español, Astrita). A diferencia de los superhéroes norteamericanos, Atomu no pelea por la libertad, sino por la paz –la verdadera meta que buscaba el Japón de la posguerra, algo que Tezuka intentó resaltar fuertemente en el manga- y, a pesar sus poderes casi “mágicos”, las explicaciones de su uso tienen siempre una base científica –no olvidemos que su autor se había graduado en la Escuela de Medicina de Osaka y tenía un gran interés por la ciencia. Con respecto a esto, Tekuza escribió que “había creado a Tetsuwan Atomu para ser una suerte de reverso de Pinocho en el siglo XXI [N. de R.: su fecha de nacimiento es en el futuro año… ¡2003!], un robot casi perfecto que se esforzaba por ser cada vez más humano y emotivo, y para servir de inmediato entre las diferentes culturas del hombre y la máquina”. Otra de las cuestiones que Tezuka refleja en el manga, a tono con el auge científico y tecnológico de la época, es la de mostrar a la energía atómica como un elemento que, bien utilizado, podía traer beneficios para la humanidad.

astroboy-manga05El manga se serializa, como dijimos, en la revista Shonen, desde Abril de 1951 hasta Marzo de 1968. Años después, Tezuka realizaría otras historias con el personaje para el diario Sankei, para la revista del Club de Fans de Tetsuwan Atomu y hasta para una publicación de niños de segundo grado, muchos años después de la finalización del manga, en Noviembre de 1981. De más está decir que el éxito es apabullante y Tetsuwan Atomu se convertiría en el primer referente de las historias protagonizadas por robots, además de erigirse como uno de los mangas más trascendentales e influyentes de toda la historia. En su país de origen tuvo numerosas reimpresiones, en varios tomos, con la particularidad de que, al tratarse de historias autoconclusivas, sin demasiada continuidad entre sí, Tezuka decide no recopilarlas de forma cronológica, sino a partir de un criterio más cercano a sus gustos y favoritismos. Es así como nos podemos encontrar tranquilamente con los primeros episodios en los volúmenes intermedios de la serie. Además, a lo largo de toda su carrera, el autor se toma el trabajo de retocar viñetas, agregar y quitar páginas, remontarlas y hasta añadir introducciones a varios episodios, en los que se dibuja a sí mismo reflexionando sobre la obra y su supervivencia en el tiempo. En habla hispana, la primera edición llega tardíamente –como casi toda la obra de Tezuka- en la década del ’90, de la mano de la editorial Glénat. Y en nuestro país, Deux llega a editar cinco volúmenes, con una calidad que –como es costumbre en este sello- deja mucho que desear.

Pero el enorme suceso del niño-robot no termina en el manga. En 1959 se realiza una fallida serie con actores, de corta duración. Y a principios de los ’60, en pleno furor de Tetsuwan Atomu, su creador encontraría otro fértil terreno donde sembrar los frutos de su talento…

(el lunes, la segunda parte)

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Un comentario

  • Serán considerados de menor calidad, pero gracias a la edición de Deux pude disfrutar de esta obra ya que se conseguía a precios (y se consigue en saldos) muy económica. Así que por mi parte ¡gracias Muñoz! (Casi le perdono dejarme colgada infinitas colecciones por esto) .
    Tal vez me estoy adelantando pero, en alguna parte de la nota hablarán del Astroboy apócrifo (que creo que fue) publics do en Argentina en los 80?
    Saludos

    Comentarios

    Alien3000

    14/10/2020 - 23:05