Segunda y última parte del repaso por lo que nos dejó Doomsday Clock, la gran saga de Geoff Johns y Gary Frank.

Doomsday Clock (parte 2)

13/05/2020

| Por Matías Depettris

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91jgR8T41gLComo mencioné el mes pasado, era evidente que cuando se relanzó toda la línea editorial superheroica de DC a mediados del 2016 con el especial Rebirth, en ese momento Doomsday Clock sería una pieza fundamental de esta reestructuración, y seguramente por eso, el guionista de la misma, Geoff Johns, contó con la colaboración de muchos otros guionistas y editores para aportar piezas al gigantesco puzzle que estaba montando. Una de las pruebas más evidentes de esto es la Batman nº9, con fecha de portada de diciembre del 2016, escrita por Tom King y dibujada por Mikel Janin, el comienzo de la saga que llevó por título “I am Suicide”. En dicho número, en una visita de Batman al Arkham Asylum, podemos ver a Saturn Girl encerrada en una de las celdas del manicomio bajo el nombre de “Doe”, y apenas un par de páginas después nuestro héroe enmascarado descubre un ardid montado por una pareja de asesinos que son reconocidos como Jewelee y Punch, los cuales casi un año después volveríamos a encontrar en la maxi-serie que estoy reseñando bajo los nombres de Marionette y Mime.

Estaba claro entonces que en esos meses la posición de Johns como arquitecto del futuro de DC era fundamental y marcaba el camino hacia donde el resto de las publicaciones de la editorial deberían apuntar. Lamentablemente los retrasos en la salida de la maxi-serie fueron dinamitando su posición y terminaron por socavar la importancia de dicha saga en la construcción del presente editorial, lo cual terminó por afectar el impacto de las revelaciones que el guionista se guardó para los últimos números.

XFQAYULUNFBUPN2WEGUNJJ6MPUSin embargo, el arma de destrucción masiva que se reservó Geoff Johns para dinamitar las cabezas de todos los lectores es el dibujo de Gary Frank, un dibujante enorme con una expresividad inmensa y una decena de recursos narrativos que en esta maxi-serie encuentra el punto más alto de su carrera. Cada página de Doomsday Clock es digna de un Eisner, y hay algunas puestas que son poco menos que magníficas desde lo narrativo y un deleite para el fan. Lo mínimo que se esperaba de él es que tuviera un respeto enorme por el trabajo de Dave Gibbons en la obra original, pero el dibujante no se queda solamente con eso. Frank redobla completamente la apuesta, abre mucho más el juego inicial en momentos muy puntuales, y a la vez encuentra nuevas formas de composición con las reglas originales, como para dejar en claro que en los más de 30 años de distancia que hay entre Watchmen y esta historia el medio no estuvo congelado y siguió evolucionando hacia nuevas maneras de narrar. Y sin embargo Doomsday Clock nunca se siente ajena al universo de Watchmen, al menos no desde lo visual.

Volviendo a Johns y su labor como escritor, es imposible no emocionarse con la recapitulación que realiza de algunos de los momentos más emotivos de DC en los últimos 30 años, e incluso se permite ir más atrás y recordar los orígenes de la Justice Society, la conexión entre Superboy y la Legión de Superhéroes, y hasta se da el lujo de jugar con las incongruencias de la cronología. Doomsday Clock es tanto una carta de amor al fan de DC como un pedido de disculpas, y busca desde lo emotivo volver a conectarse con aquel lector que amaba la editorial por sus épocas de gloria. El tratamiento que reciben los personajes que hereda de Alan Moore es digno, aunque nunca están a la altura de la historia original, algo que en un visionado macro termina por importar bastante poco.

RCO033_1576662486Hay un montón de elementos narrativos que recuerdan a la saga original, no sólo en el planteo de la grilla (cuadrícula de 9 viñetas que de todos modos tanto él como Gary Frank se permiten romper cada tanto, con la aparición de páginas de 12 viñetas) sino también en la construcción del guión y el planteo de la historia, con la incorporación de material adicional para darle sustancia al universo, y el manejo minucioso de historias mínimas, muy pequeñas, que se van desarrollando a la par de la trama principal. Hay elementos de meta-ficción dentro de la ficción que interpelan la historia, hay casos policiales sin resolver que al comienzo parecen estar completamente desconectados y luego terminan por tomar relevancia, hay regresos inesperados de personajes que considerábamos exiliados o directamente muertos… La cantidad de sorpresas que nos tenía preparadas el guionista es enorme, y para cuando agarramos la curva final estamos sumamente extasiados.

Para cuando llegamos al final de esta épica hazaña caímos en la cuenta de la importancia que tiene el pasado de DC no sólo dentro de la editorial sino también en el medio, y una vez más, la historieta vuelve a ser protagonista de la historia desde un lugar meta-ficcional. La conclusión de Doomsday Clock logra picos de emoción y entrega un cierre digno que no defrauda en absoluto. Una aventura magnánima.

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