Te invitamos a revisitar la historia, la mitología y el presente de esta imposible antología española.

El Víbora (parte 1)

15/07/2020

| Por Javier Hildebrandt

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v01El Víbora: Super vivencias del comix español

La época de las revistas tal como la conocimos -y leímos- durante el Siglo XX ha muerto para siempre. Me refiero, aclaremos, no a la simple colección de historietas, artículos, entrevistas y etcéteras diversos proyectados en continuado, una página después de la otra, con periodicidad variable y a la venta en tiendas y escaparates; hablo más bien de un concepto de organización, de identidad y desarrollo orgánico que vuelve superador a la suma de sus partes, con la rapidez de reflejos y capacidad de lectura de la actualidad del momento, del pulso cotidiano de la sociedad, de las transformaciones urbanas, que las refleja y a la vez alimenta, legitima e impulsa. Aquella que se vuelve causa y consecuencia de debate, que pone en movimiento a su público para ensalzar o rebatir. Ese tipo de revista tal como la conocimos, ha muerto. Descifrar en qué otra(s) forma(s) ha mutado, cuánto de todo eso pervive en la actualidad en portales, blogs, redes sociales y manifestaciones digitales varias es tema de estudio para otro artículo y para alguien más versado en estas cuestiones. Quiero ahora ir atrás en el tiempo y encontrar una de esas revistas a la que el rótulo de “síntesis de un momento” (generalmente escurridizo, arbitrario, cuando no desmesurado) le ajusta a la perfección. Una revista que, sin proponérselo, con el atropello, la desfachatez, el uso urgente y preciso del azar de quien no sabe hacer las cosas de otra manera, logró erigirse con los años en testimonio de una época vital para la historia de España, y del comic europeo en general. El año es 1979, con el post-franquismo, el “destape”, y en Barcelona, la ebullición cultural en las calles dándose de cabeza contra las viejas rémoras de la dictadura. La revista –ya lo saben si leyeron el título- se llama El víbora.

RrolloLa revista Barcelona

Sabemos -salvo, tal vez, algún terraplanista o un creyente en el nuevo orden mundial- que nada surge por generación espontánea. De la misma manera encontramos corrientes y afluentes varios que confluyen en la aparición de El Víbora. El movimiento del comic underground en Barcelona había dado sus primeros pasos hacia 1973, aun bajo la dictadura franquista. Autores como Max (Francesc Capdevila), Montesol (Francisco Ballester Guillén), Javier Mariscal, Nazario (Luque Vera), entre otros, comienzan a contar historias de su propia vida cotidiana, con algo de crítica a la sociedad, algo de sátira política y mucho sexo, droga y rockanrol. Aparecen en publicaciones autoeditadas, fuera del circuito de distribución tradicional, en general números únicos o de continuidad incierta. La influencia para sus historias podemos rastrearla en el comix norteamericano de los ’60, pero también en lo que conocemos como la “escuela Bruguera”, las historietas humorísticas posteriores a la guerra civil que satirizan usos y costumbres del ciudadano español promedio (magistralmente retratada por Paco Roca en El invierno del dibujante). Vázquez, Cifré, Escobar, Ibáñez, entre otros autores, son determinantes para que esta nueva generación de historietistas encuentre una voz distintiva.

StarDe esta etapa cabe destacar a El Rrollo Enmascarado, antología cuyo segundo número –en un intento por sortear la circulación independiente y lograr una distribución oficial- fue enviado para su autorización al Ministerio de Información y Turismo, solo para ser automáticamente prohibido y ver secuestradas las planchas de impresión antes de que pudiera salir a la calle. Por otro lado, en 1975 Nazario publica La Piraña Divina, fanzine con una selección de historias a cual más salvaje, con profusión de sexo, drogas y sátiras contra la iglesia, impreso solapadamente en las máquinas de la facultad de ingenieros de Barcelona. Aunque circula de manera clandestina, un ejemplar cae en manos de la policía y –con el régimen franquista dando sus últimos manotazos- se organizan redadas para dar con el perpetrador de semejante atropello al buen gusto. Por fortuna no lo encuentran, pero la situación lleva a que los ánimos de autoedición se aplaquen un poco, y un grupo numeroso de dibujantes, que pasaba sus días –y sus noches, sobre todo- en un piso de la calle Comercio de Barcelona, se disperse por un tiempo.

Probablemente el antecedente más directo de El Víbora sea la revista Star, cuyo número 1 data de julio del ‘74. Se trata de una publicación cultural dirigida por Montesol y José Fernández Ribera, que refleja y, a su vez, alimenta, la gran movida contracultural que enciende a la ciudad luego de la muerte de Francisco Franco. Música, cine, literatura y psicodelia buscan un lugar entre sus páginas junto con una gran cantidad de historietas. El elenco agrupa a autores internacionales (Crumb, Shelton, Spiegelman, Joost Swarte, Muñoz y Sampayo) con los nuevos valores locales (Martí, Gallardo, Mediavilla, todo el grupo del Rrollo y algunos “infiltrados” de Madrid como Ceesepe), dándose ínfulas y cachetazos para el siguiente gran salto.

equipoviboraYa para fines de la década, la onda expansiva del boom del comic para adultos se hace sentir en toda España, y las revistas proliferan al ritmo de las cervezas y los “canutos” en la rambla de Barcelona. Totem, Blue Jeans, El Jueves y, sobre todo, las comandadas por el editor Josep Toutain: 1984 y la versión ibérica de Creepy. Toda esa fauna multicolor de dibujantes que unos años antes caía víctima de las botas por sus atentados a la moral, ahora podía encontrar su caja de resonancia en una sociedad librada de rigores anacrónicos y ávida de nuevas experiencias. Es así como Toutain llama a Josep María Berenguer y –depósito monetario mediante- lo conmina a canalizar toda esa creatividad diseminada en una nueva revista 100% de historietas. Y lo que en un principio iba a llamarse Goma-3 (en referencia al Goma-2, un material explosivo usado en aquel entonces por la ETA), baja un poco sus decibeles pero no su capacidad destructiva: en diciembre de 1979 el dibujo de portada de Nazario anuncia que El Víbora desembarca en las calles con un arsenal listo para ser detonado.

(Muy pronto, la segunda parte)

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