Compartimos el inicio de la extensa entrevista que nos brindó en exclusiva el magistral autor español durante su visita a Córdoba.

Entrevista a Javier Olivares (parte 1)

18/07/2018

| Por Javier Hildebrandt

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Javier Hildebrandt: ¿Qué autor o historieta que recuerdes de tu infancia o adolescencia fue la que te hizo el “clic” para querer dedicarte al dibujo y al comic?

Javier Olivares: Probablemente… cualquiera de las que leía cuando era joven. Lo que pasa es que no es lo mismo que te guste una historieta a que te produzca ese “clic” que dices tú. Y yo creo que ese “clic” me vino, probablemente, más que por una historieta concreta, por el hecho de descubrir en alguna revista, no recuerdo cuál, que era una profesión. Que había un reportaje… creo que en Trinca o en alguna revista de los ’70 en la que había unas preguntas. De pronto, los autores aparecían en la revista. Por primera vez entendí que aquello lo hacía gente adulta. Antes, no piensas quién hace los comics, no tienes esa capacidad. Ahora quizás sí, porque está más integrada la idea de que detrás de cualquier cosa, una película o tal, hay alguien que lo hace. Pero en aquella época, que era más naif, leía historietas y suponía que eso lo hacía alguien, pero para nada pensaba que era una profesión relativamente digna o lógica, con la que podías ganarte la vida. Y creo que en algún momento de los ’70 o los ’80 me di cuenta de que efectivamente había unos tipos con barba, Carlos Giménez, Adolfo Usero, alguno de estos, que eran dibujantes profesionales y lo decían en alguna entrevista. Y luego, lo que pasó es que tenía una idea muy difusa, quería dibujar pero no sabía bien qué, si comic o ilustración. Era un momento muy indefinido, pero de alguna manera tenía un faro que me iba llevando.

MadrizJH: ¿Eso se define en Madriz, cuando empezás con tus primeros trabajos?

JO: Sí, aunque creo que para ese entonces ya había publicado algo, en Micro Manías y Micro Hobbies, dos revistas de juegos de ordenadores de esa época. Empecé a estudiar Artes y Oficios en Madrid y dibujaba muchísimas páginas en mi casa. Otro momento súper importante para mí fue cuando entré en contacto con la gente que iba a la librería Camelot, en Madrid. Ahí se reunían todos los viernes dibujantes profesionales (Carlos Giménez, Alfonso Azpiri, [Antonio] Hernández Palacios, Justo Jimeno, Chiqui de la Fuente, Juan Giménez, que andaba viviendo en Madrid por esa época) y los chavalitos jóvenes como yo, que empezaban a dibujar en los fanzines. Esa conexión tan directa con los profesionales fue fundamental. Te saltabas muchos pasos, aprendías cosas muy rápidamente. Fui a casa de Juan Giménez, vi sus páginas, me volví loco… quería ser como él. A partir de ahí empezamos a conseguir trabajo como ilustradores más que como dibujantes de comic, que era más difícil. Hasta que apareció el Madriz. Llegaron Raúl y Federico [Del Barrio] una tarde a vernos, a charlar, y me cayeron bien ellos, personalmente. La revista me gustaba, pero ahí creo que fue un volantazo…

Olivares86JH: Eso es interesante, porque venías con una onda más del lado de la ciencia ficción de los ’70, y lo que proponía Madriz era otra cosa. ¿Ahí te pusiste a buscar un estilo que fuese más allá de esas influencias?

JO: Totalmente. Yo estaba predestinado, de alguna manera, a trabajar en Francia en álbumes de ciencia ficción o históricos -no tanto superhéroes, que nunca leí. Pero sí me gustaba la historieta americana de Richard Corben, del mundo de la fantasía, la ciencia ficción, la revista Heavy Metal. Yo iba por ahí, no sabía cuándo iba a llegar, pero pensaba que lo lógico iba a ser que me publicara Toutain, y de ahí pasar a alguna revista americana… Además pensaba que iban a tener futuro en España las revistas de Toutain: Zona 84, Cimoc, todas esas. No sé si a la vez, o casi, en el momento en que llega Madriz, a mí se me abre la puerta en algún sitio, no sé muy bien dónde, y me interesa ese mundo más personal. Y cuando decido que no voy a seguir ese camino tan convencional y buscar otro, estaba completamente perdido. No era natural. Pero Raúl y Federico habían publicado en Cimoc, también venían con esa trayectoria profesional de dibujantes de comic que hacían personajes en el estilo de Moebius, de fantasía. Íbamos todos un poco por ahí, aunque ellos antes que yo. No se nos había ocurrido que se podía hacer una historieta personal, artística. Tiene que haber una plataforma, un reclamo, un espacio que lo permita.

Medios revueltosEso fue el Madriz. Y yo empecé a mandar cosas: había un cajón en la tienda, Madriz comics, como un apartado postal, luego Felipe Hernández Cava, que era el director de la revista, pasaba una vez a la semana y se llevaba lo que le apetecía. Dejé varias cosas hasta que, por fin, se llevó una historieta mía. Y él me confesó, años después, que esa historieta no le había parecido gran cosa –y no lo era, era una basura, encima estaba dedicada a Walt Disney, una cosa horrible- pero sí vio en mí un interés y una capacidad, o una búsqueda. Y para él fue una manera de incitarme. Porque si no me publicaba podía ser que me cansara o me aburriera, pero pensó “te voy a publicar esto, venga”. Y a partir de ahí fue más consciente la idea. También tenía compañeros como Raúl, Federico, Javier Vázquez, Ana Juan, Keko, gente que hacía cosas potentes y brutales. Era una época de excitación constante y salvaje. A Raúl y a Federico les traté mucho, y me machacaba porque eran tremendamente buenos, miro sus páginas y siguen siendo buenísimas ahora, y yo estaba a años luz de aquello. Pero, de alguna manera, me animaban, y era como correr con los que corren más. Y me enseñaron muchas cosas, cada uno a su manera, porque son relativamente diferentes. Aun hoy las detecto. Tenían maneras de abarcar y enfocar la historieta muy personales, pero muy diferentes en estilo. Eso fue una formación absoluta, durante los cuatro o cinco años que duró Madriz.

JH: ¿Esa influencia que traías de antes la incorporaste, de alguna forma, a este nuevo estilo, o fue más un proceso de “desaprendizaje”?

CDLEL-46JO: Yo pensaba que todo ese bagaje, esa formación de dibujante tradicional no me servía, entonces no quería usarla. Y me quedé sin herramientas; de alguna manera, los primeros trabajos en Madriz son muy malos de dibujo, no malos en el sentido de que estaban mal hechos, sino más torpes, porque estaba intentando no usar todo el aprendizaje, porque no sabía cómo. No se trata de dibujar guerreros, se trata de, otra vez, aplicar los conocimientos que has aprendido a una nueva plástica, una nueva visión. Pero para mí, o los aplicaba de forma directa o no los aplicaba. Y me quedé muchos meses trabajando ahí casi sin saber cómo dibujar, una cosa terrible para un dibujante, porque piensas que lo que has aprendido no te sirve. Y luego me di cuenta de que era un error, porque Raúl y Federico sí usaron, de forma muy inteligente y muy lógica, sus conocimientos como dibujante, los aplicaron a su nueva óptica y les fue mucho mejor. Tenían muchas cosas ya resueltas, y yo me negué de forma bastante estúpida, aparte de que era mucho peor dibujante en general. Para mí era un territorio completamente inexplorado: ellos leían poesía, veían teatro. Yo no había ido al teatro jamás, yo leía ciencia ficción, Tolkien, novelas de aventuras, comics. Venía de ese mundo “friki” muy cerrado, muy autosuficiente, muy endogámico. Y de pronto, con esta gente empecé a ir al teatro, a exposiciones de arte contemporáneo, a ver películas rusas raras, a sumergirme en otro tipo de cultura, de influencias. Algunas me sirvieron, otras no. Me volví muy pedante porque, claro, de alguna manera te pasas de frenada… corres tan rápido que, en algún momento, te patinas y te pasas. Veo historietas hoy que son tremendamente vergonzantes, de puro pretencioso (risas). Pero también eran necesarias, yo todo lo veo, en ese sentido, muy oriental, como una escalera. Son mis peldaños.

JH: Pero hay una historieta, más o menos de esa época, que era Cuentos de la estrella legumbre, que continuaste mucho después. ¿Qué tiene esa obra de particular para que te acompañe durante más tiempo?

mama_mira_lo_que_he_hecho_malasombra_1996_1JO: Después de Madriz trabajé en Medios revueltos, otra revista que continuó un poco con esa herencia, de forma más personal (Madriz estaba subvencionada por el Ayuntamiento de Madrid) y había una política más abierta, un campo de pruebas de gente que entraba y salía… Era un taller, si quieres. Una revista que aun hoy se ve increíblemente moderna, porque hablaba de animación, Pixar, cosas que en esa época eran nuevas. Se vinculaba con las artes y las cosas que estaban pasando allí, en esos años, ’88 u ’89. En esa revista conseguí hacer cosas más interesantes, aunque ahora las veo y también… son tiros al aire. Cuando acaba Medios revueltos, para ganarme la vida yo sigo haciendo algo de ilustración infantil y libros de texto. Tenía mucho de eso y andaba quemado, porque estaba todo el día dibujando cosas horribles. Necesitaba hacer algo para mí, pero ya eran los ’90 casi, las revistas desaparecen, quedan pequeños reductos como revistas de crítica. Es curioso, se hablaba mucho en esa época de que no había comics, pero había revistas sobre comics, porque en verdad hablaban mucho de las publicaciones de afuera. Estaba Camaleón ediciones, que empezaba a hacer publicaciones independientes. Varias cosas pasaron durante esos años, una fueron los Cuentos de la estrella legumbre. Para mí fue una manera de exorcizar mis propias historias de forma breve, porque no tenía mucho tiempo, entonces necesitaba un formato pequeño, algo que pudiera hacer por las noches… y a mí siempre me gustó escribir, me apetecía hacer cuentos.

HopY de pronto, en un cuaderno empecé con Cuentos de la estrella legumbre. No sé de dónde viene, la gente me lo pregunta y yo no tengo ni idea. Usaba mucho la escritura automática, me parecía algo muy interesante porque lo que quería, justamente, era no pensar, no armar un proyecto. Entonces empecé a escribir cuentitos pequeños con cosas muy chorras, y poco a poco vi que aquello tenía gracia y la estructura era muy abierta, eran como tres dibujos con textos, a veces había uno solo… Era como humo, cuando intentas agarrarlo, no puedes. Empecé a publicarlos en revistas de crítica de comics, y luego con gente como Juanjo el Rápido, que hacía revistas con amiguetes, y no cobrábamos prácticamente nada. Se lo iba dando a los amigos. Y también empecé con Ono & Hop, personajes que luego saqué en un libro. Porque los cuentos me apetecían pero también quería hacer algo más armado como concepto, e inventé esos personajes que me gustaban mucho, los usaba para mandar historietas a varios sitios. Mis ’90 fueron, básicamente, dedicarme a hacer pequeñas historietas cortitas. Luego fundamos una editorial, que se llamó Malasombra, con varios amigos de Madrid. En ese sello editamos unos pequeños cuentitos, que se llamaban Mamá, mira lo que he hecho. Ahí publicamos a mucha gente. Fue una época de autoedición, hice una revista que se llamaba Owo, con una portada en serigrafía, y llamamos a Javier Vázquez, amigos del Madriz, hacíamos lo que se nos daba la gana. Por un lado ganamos esa libertad, pero por otro, no cobrábamos nada. Y todos trabajábamos para la industria de la ilustración infantil, o revistas, portadas, cada uno hacía lo que podía.

(muy pronto, la segunda parte)

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