Tercera parte de la extensa entrevista que nos brindara este talentoso y prestigioso historietista español.

Entrevista a Javier Olivares (parte 3)

06/09/2018

| Por Javier Hildebrandt

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meninas-storyJH: Tanto para Dr. Jekyll & Mr. Hyde como para, después, Las Meninas, ¿qué cosas aprendiste de aquel proyecto frustrado de Beowulf, que no tenías que hacer?

JO: Aprendí a medir mis fuerzas. O sea, a estructurar el tiempo de trabajo. Como lo hacen los nadadores, los deportistas: no sales con todas las fuerzas, sino que sales bien, pero tienes que mantenerte, y luego tienes que pegar el estirón… tienes que dosificarte. En un trabajo que puede llevarte un año y medio o dos, no puedes empezar como un loco a hacer mil cosas. Y luego me di cuenta también de otra cosa, que era una pregunta que surge cuando se trata de un libro tan largo: qué necesito en cada fase. Eso me lo pregunto todo el rato. ¿Qué necesito cuando estoy haciendo el story? La estructura, un poco la composición pero tampoco mucho, no necesito el dibujo, necesito los diálogos y el ritmo de la página, las viñetas, y el color me puede ayudar, porque cuando vaya por la página 200 estaré muy cansado. Entonces procuro tomar la mayor cantidad de decisiones posible al principio. El dibujo no, ese me parece un espacio que me gusta respetar, porque luego, si no lo fijas, es mucho más divertido. Hay dibujantes muy locos, que hacen primero un boceto, luego un boceto un poco más acabado, luego un poco más, y eso me parece horrible. Es como irte asesinando poco a poco.

meninas-tres tirasEl story de Las Meninas es muy básico, pero tiene todo lo necesario. Están los diálogos, el color, la estructura de la página. Y una vez que tengo eso, ¿qué necesito en la siguiente fase? El lápiz. Entonces, todas esas paginitas chiquititas las amplío, las meto en unas carpetas y ya olvido el guion. El guion ya no existe para mí, ese es mi guion. A veces consulto, por si hay alguna descripción de Santiago que, de pronto, no me acordaba, pero en general ya tomo eso y dibujo solo a lápiz. Y luego la tinta y el color, que suelen ser los procesos más aburridos, porque la parte de dibujo, planificación y bocetos están siempre llenos de posibilidades. El lápiz es una certeza. Y la tinta la machaca. Nos pasa a todos los dibujantes que el lápiz nos gusta más que la tinta (que no es verdad, porque la tinta es muy bonita y con el color queda fenomenal), pero el lápiz tiene una frescura, una gracia y espontaneidad que luego la fijas, porque de todas esas rayas tienes que escoger una. Ahí, de alguna manera, vas cerrando las posibilidades a medida que avanzas. No deja de ser una pequeña frustración (risas). Es una frustración y un halago a la vez, porque vas avanzando, el propio trabajo te empuja, te has echado 40, 50 ó 70 páginas, pero dices “joder, esto ya sé cómo va a terminar”. A partir de un momento ya no hay sorpresas. Hay un punto, nos pasa a todos, en que ya es una mecánica, entonces en cada fase conviene, a lo mejor, dejar cosas para sorprenderse.

Picasso-GuernicaJH: En el color de Las Meninas, además, usás una paleta muy acotada…

JO: Es un código. No es un color descriptivo, es un color narrativo. Con lo cual, no fue un problema, pero esa es una decisión que tomé al principio. Yo mismo me sorprendí, cuando acabé el libro,  empecé a mirar el story y era prácticamente igual. Incluso los colores de las historietas de Picasso y Foucault estaban iguales. Una vez que decidí que el amarillo era para una época, el azul era para otra, y los diferentes episodios de los personajes no tenían por qué tener un color específico, ahí sí decidí, fui buscando. En la parte de Goya los colores son los de la bandera francesa, quería darle ese punto. Y, por ejemplo, hay una página en la que sale un pintor que se llama William Merrit Chase, un inglés, que está toda en naranja, porque él pintaba mucho con ese color. De alguna manera intentaba que tuviera una coherencia cromática. Buero Vallejo tiene dos partes, una en la que habla y otra que es como su vida, dos páginas, y eso es muy curioso, tampoco se nota en el libro, pero todas esas viñetas son un solo dibujo, como un gran friso. No se nota, lo exhibimos en una exposición, porque yo le dije a Santiago que esa parte era para mí como un gran teatro. Todo eso, si lo pegas, es un solo dibujo, como un escenario teatral en el que el personaje se va moviendo.

vineta-las-meninas-santiago-garcia-javier-olivaresJH: También hay una página en el libro, que no sé si fue el punto de partida para Las Meninas, que sale de una serie sobre la vida de distintos artistas, que publicaron en El manglar. Ahí también sale una historieta sobre el Guernica, donde encuentran ese ritmo y ese tono para contar.

JO: Totalmente. Santiago me lo dijo cuando me dio el guion de Las Meninas. Esas tres páginas, que son mis favoritas, me dieron la clave del libro. Ahí pensé que podíamos jugar, tratar el libro de una forma diferente, más fragmentada. La narración fragmentada es post-moderna, de alguna manera, y ayuda mucho a avanzar la trama, a no tener que contar de forma tradicional. Esa forma heredada del cine ocupa mucho espacio, porque tienes que contar que el tipo baja a la calle, toma el coche, lo enciende, se fuma un cigarro, sale… Es una forma morosa, que puede quedar bien si necesitas que el tiempo se expanda, pero muchas veces no lo necesitas. Para nosotros, Las Meninas fue un ejercicio de elipsis, de síntesis. Quitamos cantidad de bocadillos del tipo “más adelante”, “años después”, porque ya el color lo estaba diciendo. Empezamos a limar y limar y se nota que tiene una velocidad de lectura muy rápida, pero con mucho concepto dentro, muchas cosas. Nos hemos salteado las partes, no aburridas, pero sí las que no necesitábamos para la historia. En una página se casa, en la siguiente tiene un hijo, dos, y se va a Madrid. Pasaron como cinco años, pero no decimos “cinco años después”, se entiende. Otra de las cosas que me gustan del libro es que respeta mucho al lector. Y he encontrado que la gente, los lectores, son más inteligentes y entienden el medio mucho mejor de lo que pensaba.

C&SJH: Eso también lo estimula a tener una lectura más activa. El relato tradicional da, un poco, todo servido…

JO: Te adormece narrativamente. La doble página que lo ejemplifica es esa en que primero está en Venecia, luego en Roma y al final en Nápoles. En Venecia ve algunas peleas pero no se mete, en Roma también ves que hay unas peleas, y en al final, en Nápoles, el personaje está metido ya en la acción, no es un espectador. Eso, en una narrativa tradicional, hubiesen sido páginas y páginas de un tío bajando de un barco, paseando por los mercados, una pelea, pasan los tipos, el tipo se aparta, pone cara de horror, se mete en una taberna, pasa otro… Quiero decir, vale, no es incorrecto contarlo así, pero a nosotros no nos interesaba. Para nosotros es “se fue a Italia y había muchos tumultos y llegó a Nápoles”. Dos líneas. Y además la página panorámica te da lo mismo que hacíamos en el Jekyll: ralentiza un poco la lectura, entonces te metes en los detalles y de alguna manera entiendes que el tipo ha viajado y estado aquí, luego en Roma, y han pasado meses. Y también me di cuenta cuando lo acabé, que Las Meninas habla sobre el comic. Así como el de Velázquez es un cuadro consciente de que es una pintura, tal vez el primero de la historia, el propio libro habla del medio, lo explora, lo explica, lo pone a prueba.

JH: Una de las ideas que se ven con más fuerza en el libro, la explicita el propio Velázquez al comienzo, es esa dicotomía entre el arte y el comercio, el arte y el oficio. Más allá de cómo se trata en el libro, ¿cómo te sentís vos a ese respecto, como historietista, en esta época?

JO: Es una pregunta que nos ha perseguido durante años. Por un lado me gusta que el arte sea inasible, algo que no puedes atrapar, que cada uno tenga una definición, aunque haya una concreta, canónica. Se sigue discutiendo y puedes atacarla desde distintos frentes. Para mí esa dicotomía no ha existido más que en momentos puntuales y es, muchas veces, una fantasía. No nos olvidemos de que la mayoría de los pintores eran tipos que hacían encargos, las grandes obras de la historia de la pintura eran encargos. El artista como alguien que crea de forma autónoma es una idea romántica que nace más bien hacia el siglo XIX y en el XX, como alguien que es completamente ajeno a la sociedad en la que vive, y que crea el mito del artista en su buhardilla haciendo su obra maestra, y que no le interesa publicarla porque es para él y no quiere vivir de eso. Sabemos que luego se han encontrado estos pintores que nunca vendieron sus obras, como el caso de Van Gogh. Alguien a quien le da igual, no vende nada pero hace su arte.

WhatsApp-Image-2018-04-27-at-20.57.30Desde el punto de vista del historietista y el ilustrador, yo trabajo en un área diferente a la del pintor. Los pintores y escultores tienen mucho más presente el impulso de la creación como algo completamente autónomo, que se acaba en sí mismo, y más que nada en el cuadro, en la obra. Ellos trabajan para conseguir una obra, se hace en un cuartito y ya está. Nosotros, los historietistas y dibujantes tenemos un pie en el mundo de la cultura no comercial, si quieres, o no industrial, pero no somos creadores autónomos de contenidos para nosotros, tenemos otra instancia, que es la publicación. Yo no lo veo para nada como una cortapisa, como un problema de mi profesión ni como un hándicap; al contrario, para mí es lo que me gusta de mi profesión. Dibujar para mí me parece bien, pero reconozco que si no lo ve nadie o no lo publico en un libro o no lo comparto, no me interesa. A mí me interesa la comunicación, un poco como religión, si quieres. Con todo lo bueno y lo malo que tiene. Pero me gusta eso, me parece que, mientras que los pintores terminan su obra y su fin es la obra, nuestro trabajo no es hacer dibujos, sino hacer libros. Y esa reflexión, que la llevo hace bastantes años lanzándoselas a los ilustradores jóvenes, a ver si se lo meten en la cabeza, muchos la entienden perfectamente, son conscientes, pero otros no. Y ha habido muchas generaciones de ilustradores que para mí se sentían con culpa, o como artistas de segunda, miraban hacia arriba al Arte, con mayúsculas, mientras que ellos eran meros ilustradores.

14455846601581JH: Pasa también al revés, las bellas artes miran con desprecio a la ilustración.

JO: Claro, el discurso del arte tiene esa cosa de torre de marfil, elitista. Eso hace muchos años que ya no lo contemplo, ni me lo creo. Pienso que el valor del trabajo es el de cada uno. Soy muy consciente de que soy ilustrador; me gusta pensar que mis dibujos tienen un valor plástico en sí mismo, pero están hechos para un fin muy concreto, que no es el dibujo, si no que va un poco más allá y es la publicación en un libro. Mi legado es el libro, no el dibujo. Una vez dije, en una mesa de ilustradores, que mis dibujos eran residuos, y me pusieron a parir. Lo dije con toda la intención, porque me molesta esa gente que hace sus dibujos y cuando los termina lo que quiere es verlo en una pared. Yo digo, “pues hombre, hazte pintor”. Tienes que ser consciente de que eso se tiene que reproducir, nosotros trabajamos en un medio que se reproduce en forma mecánica e industrial. Y a mí lo que me emociona no es terminar el dibujo; por supuesto, me gusta cuando termino un libro, miro todos los dibujos y digo que me ha quedado muy bonito, pero lo que de verdad me encanta es cuando viene la caja, abro el libro y lo veo. Tiene la cubierta y las tipografías y todo lo que parece que estorba. Había dibujantes a quienes les estorbaban los bocadillos. Eso es parte de la página, a ver… Yo hago historietas, y cuando de verdad me encanta la página es cuando le pongo los bocadillos y los personajes hablan y la página tiene sentido, tiene vida. No cuando hay un montón de personajes haciendo así y así (hace gestos con las manos). Yo en eso soy muy pesado, muy consciente. Y tiene que ver con lo del arte. Yo no hago distinciones, no me gusta.

12049_2Soy consciente de cuando hago trabajos para ganarme la vida como ilustrador, y procuro cada vez hacer trabajos más interesantes y llevarlo a mi terreno, no agarrar cualquier cosa. Lo que probablemente no haría nunca sería comics que no me interesen. Salvo casos muy excepcionales que me han encargado, de alguna revista para niños… Pero si me cae un guionista con un libro de vikingos, y me tengo que poner a dibujar vikingos o lo que sea… no. El comic lleva mucho tiempo, mucho esfuerzo como para estar trabajando en una página que no te apetece. Prefiero mantener esa parcela de libertad. Y, vamos, no me ha ido nada mal.

(Muy pronto, la cuarta parte)

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Un comentario

  • Hermosa entrevista, esperando esa cuarte parte. ¡Qué grande este tipo! Me encanta su análisis sobre la historieta, la ilustración, y el arte, me siento muy cercano a todo lo que dice.

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