Para celebrar su reciente reedición en libro, nos internamos en este clásico ochentoso de Horacio Altuna, cuya vigencia está intacta.

Ficcionario

01/05/2019

| Por Javier Hildebrandt

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0El comienzo de la década del ’80 desembarcó en la Historia con una fuerte pulsión de esperanza para las poblaciones oprimidas por las dictaduras de la década anterior, tanto en Argentina como en España. El retorno a la democracia en nuestro país en 1983 y el llamado “Destape” cultural que vivió la península ibérica luego de la caída del franquismo en el ’79 auguraban un futuro promisorio para el desarrollo de las sociedades y sus expresiones artísticas. Sin embargo, y en paralelo, el movimiento ciberpunk surgido en la literatura de ciencia-ficción norteamericana, nos advertía que el futuro no sería tan venturoso como preveíamos. El ascenso al poder de los tecnócratas de las grandes corporaciones, el desarrollo tecnológico sin control, la aceleración del consumo y la superpoblación multiplicarían inevitablemente el hambre y la miseria en gran parte del planeta. Y aunque Latinoamérica lentamente fuera guardando las botas, los grandes magnates se preparaban para encontrar nuevas y sutiles (o no tanto) maneras de conseguir sus intereses a cualquier precio.

Por aquellos años, Horacio Altuna se encontraba viviendo en España, y disfrutaba de su momento de consagración en la Argentina gracias a la tira del Loco Chávez que había creado junto a Carlos Trillo. Las demoras en las comunicaciones con el guionista –que se había quedado en nuestro país- y la frustración por no poder llevar adelante los proyectos en el tiempo y la forma que deseaban, hicieron que Altuna se decidiera a probar suerte como autor integral. Fruto de ese lance es Ficcionario, su primera historieta como autor integral, que acaba de reeditarse –por primera vez completa en nuestro país- hace pocos días, de la mano de Libros del Quiosquito.

b4Stranger than fiction

Ficcionario apareció en España en la revista 1984, en la que Trillo y Altuna publicaban esa otra obra maestra de la ciencia-ficción llamada El último recreo. Según cuenta el autor en el prólogo a la nueva edición “allí solo se podía presentar historias de fantasía o ciencia ficción, temáticas que a mí, como lector, nunca me habían interesado demasiado. Ni aún ahora. Ante la necesidad de tener que meterme en ellas, si quería publicar, abordé el asunto de la manera que me resultó más simple”.

La simplicidad, sin embargo, es solo aparente, en vista del complejo escenario que se deja entrever en sus páginas. Compuesta de diez episodios, la obra narra las desventuras de Beto Benedetti, un “inmigrante del sur” que trata de ganarse la vida en una metrópolis alienante, abrumada por la oferta callejera de sexo y drogas, absolutamente impiadosa con los marginales y cualquiera que se corra apenas unos milímetros de los dictámenes del sistema. Bajo esta ambientación, los capítulos guardan bastante independencia entre sí, y cada uno se dedica a mostrar un aspecto de esta monstruosa megalópolis, junto con los intentos de Benedetti por sobrevivir.

FiccionarioClaramente inscripta dentro del ciberpunk, con fuertes referencias a clásicos de la ciencia ficción como Fahrenheit 451 o la propia 1984, y una ambientación inspirada en los suburbios de Blade Runner, Ficcionario relata el control agobiante que ejerce el gobierno sobre su población y el uso indiscriminado de su aparato represivo (presente sobre todo en el capítulo “Fiel y sumiso”); las consecuencias de la guerra en la psiquis de los excombatientes, aniquilados en su lucha por un ficticio ideal patriótico (“La bomba”, “Special forces”); la maquinaria burocrática que blinda al sistema (“El muerto”); las drogas (legales y no) como imperiosa suspensión temporal de una realidad intolerable (“El cerco”), y la muerte como rápida vía de escape frente a una vida de disolución agónica (“El inmortal”, “Ida y vuelta”). La proliferación del sexo y los desnudos –además de desembarcar, en nuestra realidad, como reacción desaforada a la censura impuesta por las dictaduras- lejos de ser algo placentero, se muestra como un acto catártico, de descarga imprescindible para encontrar un breve instante de alivio. Fiel a esta reacción, los (famosos) cuerpos femeninos que dibuja Altuna representan el ideal masculino de la mujer y –con la excepción de May, la compañera de Beto- son meros objetos receptores de los deseos sexuales de los hombres. Como consecuencia de esta continua exhibición de atrocidades, la sociedad naturaliza el salvajismo y poco a poco va perdiendo la sensibilidad ante las catástrofes que la rodean (una brutal evidencia de esto es la alarma de guerra nuclear que ocurre durante el comienzo de “Love Story”).

b2Publicada originalmente en nuestro país en la revista Fierro y luego recopilada en libro por Ediciones de la Urraca, la reedición actual de Ficcionario completa para los lectores locales la totalidad de la obra con cuatro episodios que no se incluyeron en el tomo original: “Programación”, “La bomba”, “Special forces” y “El crítico”. Particularmente importante para la historia es el primero de ellos, que muestra el encuentro inicial entre Beto y May. Por expreso pedido de Altuna, la nueva edición reproduce en blanco y negro estos capítulos agregados, originalmente realizados en color por pedido de la editorial Toutain para 1984.

Todo un palo

Esta nueva edición permite redescubrir, además, cuánto de su carácter premonitorio o de advertencia puede comprobarse en la actualidad. Para ello, es interesante una reflexión que Altuna desliza en su prólogo: “…lo que concebí fue desarrollar historias en un futuro cercano y distópico, y eso no era ningún alarde de inventiva. Yo venía de la dictadura argentina, España salía de la de Franco, y si bien había motivos para ser más optimistas, había otras circunstancias que me hacían dudar de lo que vendría. Si el tiempo da y quita razones, mis dudas fueron razonables”.
miccionarioSi la ciencia-ficción demuestra la inevitable condición para el cambio que desarrolla la humanidad, y la distopía refleja como un espejo deformado nuestras más oscuras proyecciones, es interesante –o poco menos que imprescindible- desentrañar de qué forma el control de los gobiernos y las grandes corporaciones económicas han encontrado los espacios para seguir digitando nuestras vidas en el mundo de hoy. Y cómo ante cada nueva vía de escape descubierta, encuentran la manera de utilizarla en su beneficio. Si el progreso y el desarrollo tecnológico que alguna vez nos salvarían para siempre, hoy solo multiplican la infelicidad entre quienes no pueden alcanzarlo, es indispensable responder con nuevos paradigmas. El primer paso, como el que descubre Benedetti en Ficcionario, es el de liberar el pensamiento, un sitio al que hay que mantener al resguardo de cualquier colonialismo. Así comienza su resistencia. Y con una simple palabra que, como un mantra, un cántico para darse ánimos o una toma de postura frente al horror, se repite durante toda la obra: “mierda, mierda, mierda…”. A Benedetti nada de lo que pase lo dejará indiferente, y esa será su punto de partida para obrar en consecuencia.

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