Novena entrega de este mega-informe, centrada en los inicios de la primera serie regular protagonizada por el Arquero Esmeralda.

Green Arrow (parte 9)

23/01/2019

| Por Andrés Accorsi

3 comentarios
  1. GA logoLA JUSTICIA SEGUN GRELL

OllieEn Febrero de 1988, por primera vez en su ya larga historia, Green Arrow se convierte en protagonista de una serie regular. La renovación del personaje planeada por el coordinador Mike Gold y el encumbrado autor Mike Grell había causado un enorme impacto en los fans y ahora sí, DC se animaba no sólo a darle serie regular a este eterno segundón, sino también a ponerle el cartelito de “suggested for mature readers”. ¿Qué significaba eso? Que Grell tenía luz verde para abordar en esta serie lo que en aquel entonces se llamaba “temáticas adultas”: básicamente drogas, torturas, escenas de sexo (en las que cada tanto se veía una teta), violencia muy explícita y mucha sangre. La idea de un Green Arrow maduro, enchastrado hasta la chivita de la corrupción y la sordidez del mundo real, resulta irresistible para los lectores y esta serie se convierte en un impresionante éxito de ventas, a tal punto que antes de cumplir un año ya deja la periodicidad mensual para pasar a publicarse 15 veces por año, un privilegio del que a fines de los ´80 gozaban sólo los títulos más taquilleros de Marvel. Esto empodera notablemente a Grell y Gold que rápidamente logran, por ejemplo, que Black Canary deje de aparecer en las páginas de Justice League para tener el control exclusivo del personaje y que los fans se acostumbren a una sóla versión: la de “Iron Mike”.

2El primer escollo que supera con éxito la revista de Green Arrow es el de los dibujantes: Grell no está dispuesto a dibujar un comic-book por mes, y mucho menos 15 por año. Desde el día uno, el autor limitará su participación a los guiones y algunas portadas. El elegido para hacerse cargo de la faz gráfica de la serie es el experimentado Ed Hannigan, para nada un favorito de la hinchada, cuyo estilo no se parece casi nada al de Grell. Las tintas de Dick Giordano tratan de llevarlo para el lado de Neal Adams, con resultados bastante discutibles. Mike Grell estructura la gran mayoría de las historias en arcos de dos episodios (caprichosamente, porque casi todas se podrían haber contado en un sólo número de 24 páginas) y ya a partir del nº13, Hannigan alternará arquitos argumentales con Dan Jurgens, un dibujante mucho más cercano a la estética de Grell (de hecho fue su sucesor en Warlord) y mejor complementado con las tintas de Giordano. El hecho de que Grell ensaye una decomprensión de estos relatos, con muchas escenas mudas, muchas escenas en las que la acción no tiene mayor protagonismo, le da a los dibujantes muchas oportunidades de lucimiento y claramente Jurgens las aprovecha más que Hannigan.

El otro escollo son los Annuals, que son horribles. Los tres primeros ni siquiera los escribe Mike Grell: son guiones de Denny O´Neil, que a veces se entrelazan con los Annuals de otras colecciones, principalmente The Question, que era el otro justiciero urbano con aventuras “para adultos” insertado medio a presión en el Universo DC. Grell escribe el Annual 4 con total libertad (coincide con el festejo de los 50 años del personaje) y los Annuals 5 y 6 ya aparecen conectados a sagas grandilocuentes como Eclipso: The Darkness Within o la horrenda Bloodlines. Si decidís coleccionar Green Arrow pero no leer los Annuals, no te perdés nada grosso.

Green_Arrow_Vol_2_1818. GREEN ´N GRITTY

A la par de las excelentes ventas, la revista de Green Arrow cosechaba críticas bastante virulentas desde el sector de la crítica y el público que repudiaba por un lado el alto grado de violencia y por el otro el hecho de que los buenos mataran gente sin ningún reparo. Green Arrow era un comic sin villanos disfrazados (de hecho, Oliver deja de usar antifaz después del nº8), donde el héroe se enfrentaba a los villanos de la vida real, muchas veces tomados de los titulares de los diarios: fachos que linchaban a negros y gays, narcotraficantes, violadores, traficantes de armas, cazadores furtivos, asesinos a sueldo y agentes de la CIA al límite de la ilegalidad. Todos ellos presentados por Mike Grell como hijos, nietos y bisnietos de puta, merecedores de castigos mucho peores que la muerte. Incluso el hecho de que Ollie viviera de la guita que le afanó a la CIA al final de Longbow Hunters salpicaba en cierto modo la ética intachable que algunos lectores le exigían al héroe. Lo cierto es que el festival de muertes, torturas y violaciones resultaba sumamente lucrativo, con lo cual Mike Gold bancaba en un 100% los supuestos excesos de “Iron Mike” y sus dibujantes en materia de escenas escabrosas.

360x480bbLo más interesante de esto es que Grell exploraba, además, las consecuencias. Los muchachos de la CIA lo apretaban a Ollie para que hiciera misiones sucias para ellos… porque si no, le mandaban a la IRS (la AFIP de EEUU) a investigar de dónde sacaba la plata para vivir. Los horrendos abusos que sufre Dinah en The Longbow Hunters hacen que cambie de opinión y pase de presionar a Ollie para tener hijos a no querer saber nada de ese tema. En la segunda saga con Shado (nºs 9-12), ella y Ollie no sólo se van a tirar flechazos: también se van a tirar los galgos, de modo que cuando la japonesa vuelva a aparecer (nº21), Grell va a jugar la carta de “acá el tiempo pasa como en la vida de los lectores” y Shado va a estar amamantando a un hermoso bebé… de ojos verdes.

Así es como en los primeros 34 números de la serie, Grell se da todos los gustos. Impone su visión de Ollie y Dinah como definitivos, crea personajes nuevos que funcionan, tira plots a largo plazo, tiene números enteros en los que Ollie no se pone el traje de Green Arrow (de hecho, nadie le dice “Green Arrow”), tira un cameo de John Constantine (algo que en esa época sólo podía suceder en las páginas de Swamp Thing) y hasta trae de vuelta a Warlord, el personaje de su creación cuya serie llevaba varios años cancelada. Y lo más atractivo: entre los garches y las masacres, el autor baja línea progre en plena época de Ronald Reagan y George Bush (padre), sin escaparle a temas espesos como el tráfico de personas, el daño al medio ambiente causado por las grandes corporaciones o los negocios turbios de los servicios de inteligencia. Quizás leídas hoy, algunas de estas historias suenen muy extremas, o casi oportunistas, pero en 1988-90 el clima realista, oscuro y jodido que se respiraba en las páginas de Green Arrow era una novedad, una anomalía sumamente bienvenida dentro del Universo DC.

(Muy pronto, la décima parte)

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3 comentarios

  • Es un personaje que no me llama para nada (para mi es una copia de batman como iron man), pero parece interesante lo de esta etapa.

    Comentarios

    chuliverm

    01/03/2019 - 17:30

  • Linda etapa de Green Arrow… un clásico de los tacos de Zinco.

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    Knightwing

    10/02/2019 - 02:40

  • Esto si se puede leer. Siempre vi al señor Reina como, justamente, un señor grande, una persona con algunos años encima. No un anciano, pero tampoco un joven. Una de las cosas que me molestaron de “Arrow”, es que el protagonista sea un jovencito recién salido de la prepa.
    Me hubiera gustado más ver un tipo más grande, con esa barbita y ese bigotito, que viva en un departamento atiborrado de excéntricos muebles antiguos, que lo hagan fumar pipa, alguna gilada así, como para acercarlo un poco más a “el capucha” de Sherwood.
    Al menos no sería el Batman de Nolan versión Gossip Girl con una familia multicultural, porque la serie se reduce a eso. Y sumale un poco de la liviandad de Smallville también, en cuanto a que todos son martial artists de una temporada a la otra, mirá esas patadas y esos saltos mortales.
    No, no, hubiera sido mejor mi idea. Un tipo más grande, nada de mocosos, que tenga un amigo negro si querés, que tenga un traje un poco más cercano a esto, dejale la barbita y listo.
    Mirá que no es difícil eh… You have failed this city.

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    AqualungTex

    23/01/2019 - 20:37