Ahora que estamos inmersos en la saga de Vampirella, es un gran momento para repasar la increíble historia de la editorial que la vio nacer.

La editorial Warren (parte 1)

30/10/2019

| Por Roberto Barreiro

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monsters10Para 1964, a Jim Warren ya le iba bien. Antiguo publicitario devenido en editor, su éxito con la revista Famous Monsters of Filmland (la primer revista de cine fantástico del mundo, cuyo éxito se sustentó en las hordas de adolescentes nacidos en EEUU tras la Segunda Guerra Mundial, que veían películas de terror a la noche en sus televisores y llenaban los cines donde había dobles programas de pelis de mostros) lo tenía en una posición relativamente cómoda dentro del mundo editorial. Pero el tipo siempre apostaba a romper moldes: sus revistas siempre desafiaban el espacio del kiosco de esos años. Por ejemplo, la revista satírica Help! era una versión sofisticada y más madura de la Mad. No por nada la dirigía el director original de la Mad, Harvey Kurtzman. No por nada en su equipo creativo había gente como Gloria Steinem (una de las pioneras de la segunda oleada del feminismo) y Terry Gilliam (antes de ser parte de los Monty Phyton y convertirse en el director de culto que todos conocen). No por nada en sus páginas aparecían historietas de nuevos muchachos como Robert Crumb y Gilbert Sheldon.

Creepy-001Pero Warren seguía pensando en nuevas revistas. Y, como antiguo aficionado a los comics –era fan declarado del Spirit de Will Eisner-, le parecía que editar historietas era una gran idea. Sabía que tenía un público listo para comprar historietas de terror, gracias a la Famous Monsters… y quería hacer un producto que en calidad se comparara con lo hecho en la década anterior por la EC Comics, con grandes historias del género y con los mejores artistas posibles.

Solo había un inconveniente: el Comics Code, que impedía que ningún comic book fuera de terror. Ningún distribuidor se iba a arriesgar a distribuirlo. ¿La solución? NO hacer un comic book a color. Hacer una revista de historietas de mayor formato y en blanco y negro. Eso no era un comic book. O sea podía no llevar el dichoso sellito.

Por supuesto, para que la arriesgada apuesta funcionara había que tener un producto de calidad. Para eso Warren convocó a un grupo de dibujantes ofreciéndoles una paga aceptable (dentro de su presupuesto, que tampoco era gigantesco) y, sobre todo, una amplia libertad creativa para dibujar como les gustara. Y encima consiguió un guionista espectacular que, tras un par de números, se convertiría además en jefe de redacción de la revista: Archie Goodwin. Seducidos por todo esto, una legion de dibujantes de primera categoría harían fila para publicar sus historias en la nueva revista de Warren que debutaría a fines de 1964, llamada Creepy.

07a05faab99c2fc92e10a1cb52e29997Y en ese comienzo podemos hablar de un seleccionado de lo mejor que la historieta yanki ofrecía en esos años. Mírense los nombres: Alex Toth, Al Williamson, Joe Orlando, Roy Krenkel, Angelo Torres, Gray Morrow, Jerry Grandinetti, Steve Ditko, Neal Adams, Gene Colan, Reed Crandall, John Severin, Dan Adkins y un largo etcétera de creadores. Para colmo la mayoría de las tapas eran obra de Frank Frazetta (que además hizo un par de historias, en lo que deben ser sus últimos comics). Todos rompiéndose el upite para dar lo mejor de su arte en historias breves, unitarias y de remate sarcástico con guiones de gente como Larry Ivie, Russ Jones, Otto Binder y el propio Goodwin (que personificó y marcó el tono de las historias tanto como Al Feldstein lo hacía en los comics de terror de la EC).

El éxito fue rotundo. Rápidamente Creepy se ganó un nicho entre aquellos lectores que querían leer algo más sofisticado que los comics books de la época. Guiados por el tacto editorial de Goodwin (un tipo conocido y respetado por su habilidad para encauzar la creatividad de los artistas sin imponer su opinión) y por la habilidad de Warren (un tipo que podía ser abrasivo y beligerante a la hora de vender su producto pero que tenía la virtud de no querer imponerse por sobre las decisiones editoriales de sus jefes de redacción), la Creepy se vendió bastante bien como para empezar a llamar la atención del mundo editorial.

blazing_combat_4Esto hizo que empezaran a surgir otras revistas similares. Al principio estas eran versiones de segunda categoría, hechas por antiguos piratas del mundo del comic book, que regurgitaban viejas historietas pre-Comics Code en formato magazine. De hecho, para evitar que uno de ellos le robara el título de su próxima revista, Warren armó en veinticuatro horas un mono que juntaba algunas historietas ya publicadas, le puso una tapa con el nombre nuevo, imprimió 200 copias y las mando a registrar y vender en varios kioscos. Y así salió el nº 1 de la revista hermana de Creepy, Eerie. Cuyo número 2 (el verdadero nº 1) sería una copia en estilo y calidad de la Creepy, con el mismo estilo y autores. La editorial Warren estaba creciendo.

Pero Warren no quería quedarse con eso. Intentará tambien una revista de guerra. El resultado, Blazing Combat, es considerada una de las mejores revistas de historietas bélicas de todos los tiempos, que coincidía con el creciente sentimiento anti-militarista originado por la guerra de Vietnam. Para Warren, Blazing Combat es la mejor revista que editó alguna vez. Sin embargo, solo duraría cuatro números (publicados entre 1965 y 1966), porque el ejército yanki (uno de los grandes compradores de comics en el mercado mayorista), disgustado con el tono de la revista, no le compró ejemplares y eso la puso en números rojos de manera irremontable.

warrenspirit8aOtro de los proyectos de Warren fue conseguir los derechos para republicar las historias del Spirit. Para eso se sentó a negociar con Will Eisner (“uno de los negociadores más duros que me toco alguna vez” reconocería en una entrevista) y consiguió la autorización para reeditar al personaje en una revista en blanco y negro. Todo parecía que andaba viento en popa… hasta que ocurrieron dos cosas. Por un lado, varias decisiones comerciales equivocadas le comieron los beneficios. Y por el otro el mercado de revistas de historietas en blanco y negro, que hasta el momento era casi territorio exclusivo de Warren, se empezó a llenar de competidores. La editorial Skywald (de Sol Brodsky e Isaac Waldman) sacaría títulos de terror en directa competencia con la Creepy y Eerie. Una pequeña revista, Web of Horror, duraría cuatro números y presentaría en sus páginas a unos chicos nuevos llamados Bernie Wrighston, Mike Kaluta y Jeff Jones. Y, lo que es más importante, Marvel se había decidió a meterse en el mercado, y lo hizo como siempre: inundándolo con un montón de títulos diferentes.

La concidencia de ambos eventos va a dejar a la editorial con serios problemas económicos. Archie Goodwin dejaría la redacción (aunque no los guiones), los artistas dejarían de producir material nuevo y por un tiempo las revistas básicamente reeditarían las historias publicadas previamente. Parecía que el imperio Warren se venía en banda.

(Muy pronto la segunda parte)

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