A 15 años de la muerte de este maestro de la historieta argentina, vamos a homenajearlo con una serie de notas y entrevistas.

Lucho Olivera: la biografía

02/11/2020

| Por Ariel Avilez

2 comentarios

3188938Juro que no me pasó sólo a mí, porque lo hablé con otros, y sucede que para los que crecimos leyendo -incluso antes de aprender a leer- historietas dibujadas por Lucho Olivera, conocerlo fue en realidad reconocerlo.

Junio de 1992 fue una oportunidad para hacerlo, por ejemplo, aprovechando que la hermética Editorial Columba organizaba una muestra de tres fines de semana en homenaje a los cien años del nacimiento de Ramón Columba (aunque habían pasado ciento uno). Y hay que ponerse en época. No era moneda corriente interactuar con tus dibujantes y tus guionistas favoritos: no había eventos ni redes sociales (¿Internet? ¡Ciencia-Ficción!) y con suerte tenías un teléfono de línea, una guía telefónica y el descaro suficiente para buscar a tu ídolo en ella y ver si no te mandaba al infierno si conseguías su número para interrumpirle el laburo o la siesta sólo para decirle cuánto admirabas su laburo y, en el colmo de los atrevimientos, hasta mangarle un dibujo.

La cosa es que estamos en 1992 y sabés que ahí van a estar todos: Alberto Salinas, Lito Fernández, Rubén Meriggi, Alfredo de la María, Carlos Vogt, los Villagrán, Alfredo Falugi, Sergio Ibáñez. Pero no te los presentan. En un salón lleno de originales colgados en las paredes, tenés unas mesas y detrás de ellas unos pacientes artistas haciendo magia con el lápiz para los que se acercan; y vos que tenés el ojo entrenado, reconocés en dos segundos al dibujante de Dago por el bocetazo que se manda, o al de Crazy Jack, que además es más joven que el resto y hace comentarios graciosos mientras se manda una figura hipermusculosa que algún afortunado va a atesorar de acá hasta al fin. También está Lucho Olivera, claro, pero no lo tenés que ver dibujar para reconocerlo porque él es igualito a sus dibujos; al menos su rostro: la forma de los ojos, la nariz recta y alargada, la boca con el labio inferior más grueso que el superior, el mentón breve y redondo.

unnamedDe repente estás haciendo la fila para llevarte el recuerdo de un dibujito de Lucho. No lo sabés -todavía no hay Wikipedia ni esas cosas- pero este supremo correntino nacido el 25 de Mayo de 1943 que está ahí dibujando con una birome Nippures, Gilgameshes y Gwendolynes, te contará once años después -grabador mediante- que sus primeros flirteos académicos con el dibujo se dieron en la Academia de Bellas Artes de Corrientes ‘Josefina Contte’, donde estudió dibujo y pintura con Rubén Vispo. Luego ya en Buenos Aires, fue discípulo de Hugo Pratt y Alberto Breccia -casi nada- en la Academia Panamericana de Arte, y su acercamiento al mundo editorial se produjo cuando por alguna movida de su padre comenzó a trabajar en la Sociedad Editorial Vea y Lea, como cadete y como ayudante de otros dibujantes: en Leoplán, Damas y Damitas, y alguna más, ilustró cuentos clásicos de Borges y de Mujica Láinez; «Pero a mí me tiraba más la historieta», confesará. Y cuando la historieta le dio el tirón, no desaprovechó la oportunidad: participó en la última etapa de la mítica Hora Cero, pero dio un salto cualitativo a mediados de la década del ´60, en la Misterix, al hacerse cargo de la serie Legión Extranjera. A partir de 1965 comenzó a publicar con regularidad en las revistas de Editorial Columba, y ya dueño de cierto prestigio, logró introducir en ella a su amigo Robin Wood, a quien enseñó los rudimentos de la escritura de un guión de historietas: Nippur de Lagash fue el nombre del personaje que cocrearon en 1967 y que consolidó a ambos en el medio; la historia de un sumerio -cultura de la antigüedad poco visitada por los autores de ficción hasta aquel entonces-, fruto de lecturas y entusiasmos compartidos en lo referido a las civilizaciones mesopotámicas.

FBCNo tardó Lucho en volver a revisar Sumer para extraer de ella a su segundo y más querido personaje, Gilgamesh el Inmortal, sólo que esta vez y durante diez episodios se hizo cargo tanto de los guiones como del dibujo. Este personaje lo acompañaría prácticamente durante todo el resto de su carrera: durante los ´70, de los guiones se encargaría Sergio Mulko; en los ´80, se dividirían la tarea, en la primera mitad Robin Wood, y en la segunda Ricardo Ferrari; hacia fines de los ´90, su gran amigo Alfredo Grassi le escribiría una interesante e inconclusa -Columba comenzó a demorar los pagos- reversión del mito del inmortal. En medio de todo esto empezó a laburar para el exterior: primero para la King Features Syndicate yanki reemplazando a José Luis Salinas en Dick el Artillero (las aventuras de un futbolista), más tarde para la Eura de Italia, hasta el final de sus días.

Dueño de una imaginación desbordante y un trazo libre y expresivo, visitó todos los géneros, pero donde más cómodo se sentía era en el de la fantasía heroica y, por sobre todo, en la ciencia-ficción: si bien su Gilgamesh se encuadra dentro de ella, donde más se destaca su vuelo creativo -tal vez por la libertad que se le otorgaba- es en series como Planeta Rojo, Galaxia Cero y Yo Ciborg, publicadas en el país por Record. Tras el cierre de esta editorial y Columba a fines de los ´90 y el duro golpe que esto representó para él y sus compañeros, supo mantenerse activo publicando tiras diarias como Pepe Moreno (las aventuras de un paleontólogo nieto del Perito Moreno, para un diario rionegrino) y numerosas miniseries con Eduardo Mazzitelli para el mercado italiano.

0Pero bueno, estamos en 1992, decía, y a una persona de distancia de Lucho, que en los veinte minutos de fila bocetó varios dibujitos de Nippur, algún Hitita, uno que otro Sobreviviente, una Gwendolyn 3 19 4, otro Gilgamesh; es un festival columbero, no lo olviden, y Columba es todavía una grata realidad, sus personajes -que al menos de entrada no conmueven al comiquero de paladar negro- generan pasiones e incondicionalidades. Y los de Lucho también, por supuesto, que si bien la mayoría festeja a su dúo de sumerios, el populacho columbófilo al que pertenezco guarda en un rincón del cuore su Hércules, su En Tiempos del Rey Salomón (ambas con Armando Fernández); o esas exquisitas miniseries que se mandó con Ricardo Ferrari: Bogdany el Halcón Gitano, El Alquimista, El Púgil…

Un intento serio de repaso biográfico tiene que concluir con una fecha y lugar de defunción (11 de Noviembre de 2005, Buenos Aires, en este caso) y tal vez una causa (cáncer), ¿pero para qué empantanarse en el recuerdo del Mal Rato? Mejor volar con la memoria a esa inolvidable tarde de junio de 1992, sentir cómo te tiembla en las manos la hojita con el Nippur que Lucho Olivera acaba de dibujarte y decir «Gracias. Por todo».

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2 comentarios

  • Uno de los que siempre me gusto, ya que casi empece a leer con Nippur, y despues me fascino Mandrafina con Savarese. Quien dibujaba Jackaroe? Ese no lo recuerdo ya que los primeros capitulos me gustaban mucho sus dibujos. El otro que me encantaba los dibujos pero casi ni leí era Crazy Jack

    Comentarios

    chuliverm

    03/11/2020 - 00:03

    • Los primeros episodios de Jackaroe los dibujó Gustavo Trigo. Pero el que le dio su estampa característica fue Dalfiume. A Crazy Jack lo dibujaba Meriggi.

      Comentarios

      avilezavilez

      03/11/2020 - 01:09