Descubrí esta fascinante comedia familiar con un protagonista homosexual pensada para desmitificar a la comunidad LGBT.

Otōto no Otto

31/01/2018

| Por Agustina Manso

11 comentarios

ototonootto01Hace poco estaba buscando en internet mangas que trataran sobre cuestiones de la vida pero con personajes queer. No buscaba Romance, ni Hardcore, ni Ecchi, ni Yuri ni Yaoi, sino algún pequeño Slice of Life o Drama. Y cuando pensé que no iba a encontrar nada, apareció justo lo que buscaba.

Otōto no Otto (“El esposo de mi Hermano”) de Tagame Gengoroh es un manga familiar que se publicó desde Noviembre del 2014 a Mayo del 2017, serializada por Futabasha para la revista Monthly Action. La historia, a grandes rasgos, trata sobre un padre divorciado y soltero llamado Yaichi, cuyo hermano Ryoji ha muerto recientemente. Él y su hija Kana reciben en su casa al viudo de Ryoji, Mike Flanagan, un canadiense que decide ir a conocer a su familia al otro lado del océano, y la trama se centra en distintos tópicos como la homofobia, las discusiones entre familias, la censura y prejuicio japonés hacia la gente queer y extranjeros, y cómo se desarrolla la relación entre Yaichi y Mike que tiene que pasar por varios obstáculos.

Para quienes no saben, Tagame Gengoroh no fue reconocido como mangaka de obras para todo público hasta que escribió Otouto no Otto (si bien tiene una serie de historias cortas no-eróticas). Tagame se especializa desde hace décadas en realizar mangas Bara.

SjnPx37Bara como arquetipo de dibujo refiere a los Osos dentro del ámbito LGBT, pero a su vez, Bara es una serialización que posee éste arquetipo de persona como protagonista incluido en alguna historia de alto contenido sexual para el público gay masculino (a diferencia del yaoi que está dedicado al público femenino heterosexual). La mayoría de las obras de Tagame incluyen sadomasoquismo, violaciones en grupo, agresiones físicas y psicológicas, sodomización de personajes “débiles”, y en la mayoría de los casos incluye todo lo que tenga que ver con contenido no-consensual o puramente fetiche, con una estética que recuerda mucho a obras de Tom of Finland. Eso no quita que, entre acción y acción, los personajes tengan una base o una personalidad definida o un objetivo en su vida. La gran revolución de Gengoroh recae en que es considerado el padre del arte homoerótico por fuera de las figuras bishonen de hombres depilados y delicados, y obviamente fuera del yaoi que no respeta ni representa al público masculino queer de ninguna forma. Otras obras de él incluyen Jujitsu Kyoshi, Emono, Shirogane no Hana, Pride, Naburi mono, Arena, Goku y Gunji, entre otros mangas del género Bara, BDSM, y de Violencia Gráfica.

Es por todo esto que cuando empecé a leer éste manga lo que sinceramente no esperaba encontrar era tal nivel de dulzura en el último guion, tan distinto de todas las otras obras que ha realizado a lo largo de su carrera. En Otōto no Otto encontramos una historia sinceramente triste pero hermosa, didáctica sobre la LGBT y casi como un relato de los prejuicios que uno puede encontrar en la sociedad y cómo pueden desmitificarse si se tiene una mirada más abierta. La trama justamente se centra en las relaciones familiares que se habrían roto entre Yaichi y Ryoji después de que éste último le confesara a su hermano que era gay, y lo abrupto que es conocer al esposo de su difunto hermano.

otouto-no-otto-my-brothers-husband-togetherYaichi, con su mentalidad cerrada pero con sentimientos complicados ya que sinceramente quiso a su hermano mellizo, tiene que hacer las paces consigo mismo a lo largo de los cuatro volúmenes que dura la historieta. Y entre página y página, encontramos a personajes bien escritos: niños que quieren preguntar sobre cuestiones de identidad de género, vecinos chismosos y prejuiciosos, sistemas educativos cerrados, y por sobre todas las cosas, una relación que crece entre Kana y Mike, relatando cómo los niños no son los que tienen problemas con la LGBT, sino que sólo el problema surge cuando el mundo adulto interfiere de forma negativa sobre su visión del mundo.

otouto-no-otto-review-manga-9La historia y narrativa en general me conmovieron profundamente, ya que no es común encontrar a personajes LGBT en el manga donde su vida sexual o romántica no sea centro de fetiches o de sobre-exposición innecesaria (son gays y lesbianas, tienen sexo, lo entendemos, no usen a la LGBT como recurso para vender a un público heteronormativamente heterosexual como si de un cartel de neón se tratara). Lo “gay o no gay” se encuentra en un plano natural y no cuestionado en sí mismo, sino dentro de un foco central que busca explorar prejuicios sociales y enfatizar el amor familiar que surge en el luto de una familia que pasa por situaciones cotidianas, en medio de un prejuicio también naturalizado desde la misma homofobia. Y esto es algo que me encantó de Otōto no Otto, y es que el amor que se tenían Ryoji y Mike no se demuestra a partir de frases estereotipadamente innecesarias o en medio de una discusión acalorada entre el hermano mellizo “homofóbico” y el oso canadiense, sino que se da en las pequeñas cosas que Mike recuerda y rememora sobre su matrimonio con su difunto esposo. Una comida, un rostro, una situación, un lugar, una historia corta, alguna amistad que Ryoji habría mencionado en algún punto. Los personajes son humanizados, reales, con defectos y virtudes, con tristezas y enojos pero justificados dentro de la idea de que el ser humano no está por encima de sus emociones, sino que sus emociones pueden chocar con su mentalidad, y que esto puede complicar la idea que se haya tenido sobre otro.

MR-355267-685094-3En el fondo me alegra que haya sido Gengoroh y no otro artista el que haya hecho ésta obra. En primer lugar porque éste mangaka merece los galardones que Otōto no Otto recibió durante festivales de cómic, ya que es una forma de también conmemorar sus obras anteriores que causaron un gran impacto en la juventud queer de los 80. Pero también porque demuestra que las historias que una persona escriba o imagine no marcan su personalidad en su totalidad; Gengoroh fue criticado duramente por su contenido Non-Con y por ser abiertamente gay, argumentando que una persona que escribe historias sádicas automáticamente es un psicópata radioactivo, o que por ser gay es un pedófilo en potencia. Hoy en día ese prejuicio sigue estando dentro del público comiqueril, desgraciadamente, de forma más implícita pero aun así presente en comentarios homofóbicos y racistas, misóginos o en chistes de mal gusto.

Que una historia tan realista y preciosa haya sido escrita por las mismas manos que dibujaron a los osos en Arena, es una llamada de atención importante para destacar que la labor del artista puede estar separada de su vida personal, y que uno puede darse el lujo de cambiar de estilo cuando guste. Es bueno tomar riesgos a la hora de realizar una obra.

Y esto es importante, ya que creo que hacen falta más historias de éste tipo, historias donde podamos ver en situaciones cotidianas a personas del colectivo LGBT sin desnaturalizarlas de sus emociones y motivaciones personales, donde lo importante no sea si son queer o no, sino la forma en la que se desenvuelven dentro de una historia. La temática puede ser LGBT; pero lo importante, para mí, es poder saltar una personalidad o una emoción por sobre el estereotipo de la pseudo-inclusión. Un ejemplo de ésta pseudo-inclusión es la serie de Netflix Devilman: Crybaby, que yo critico duramente por su “queerbait” masivo en contraposición al material original.

tumblr_o9xtvnlnTe1s5ym3do1_1280Tagame Gengoroh no sólo escribe sobre cómo desmitificar a la Comunidad LGBT, sino que simultáneamente desmitifica con cada viñeta dibujada el prejuicio que existe sobre los escritores, guionistas y dibujantes, de que una obra que tenga tal o cual contenido va a marcar su personalidad y vida personal de forma obligatoria. Ya seas fanático o fanática del artista en su labor no apta para todo público, o quieras leer sobre Tagame en su período actual, recomiendo ampliamente darle una leída a Otōto no Otto si lo que buscan es una historia distinta que muestre amor de una forma pura, humana, natural y realista.

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11 comentarios

  • No tenga miedo.

    Comentarios

    defender

    17/02/2018 - 13:04

  • Que lindo che, porque ultimamente me cuesta encontrar un manga en el que no solo el retrato de las relaciones LGBT, sino de las relaciones de pareja en general, no esté hecho de forma retrógrada y estereotipada.
    El dibujo irradia una dulzura que hace dificil imaginar que el autor tiene un prontuario hardcore (francamente no me atrevo a googlear sus obras anteriores), esto habla muy bien de su criterio y versatilidad como artista.
    En cuanto la encuentre la leo por un medio o por otro.

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    Pablo Zambrano

    16/02/2018 - 17:15

    • Atrévase.

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      17/02/2018 - 13:00

    • Salga de su zona de confort.

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      defender

      17/02/2018 - 13:00

    • Las obras importantes no solo han de recordar heridas, han de provocarlas.

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      defender

      17/02/2018 - 13:01

    • Tome el filo de la hoja y hágase sangrar el dedo.

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      defender

      17/02/2018 - 13:01

    • Yo en lo particular ni siquiera leí la nota completa, pero si estuviera interesado en al artista, lo haría. Como hago con mis monstruos sagrados, como Luis García Mozos, Fernando Fernandez, Brian Bolland, Alan Moore, Go Nagai o Juan Carlos Quattordio.

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      defender

      17/02/2018 - 13:03

    • Es solo una sugerencia nada más.

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      defender

      17/02/2018 - 13:04

  • Los ositos cariñosos.

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    Juan Defratto

    03/02/2018 - 09:32

  • que linda nota, y que linda obra recomendas. me encanta ver a estos personajes “osos” desde otro lado. ya mismo la estoy buscando para empezar a leerlo.

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    el otro luigui

    01/02/2018 - 09:47

  • Interesante. Gracias.
    En todo tipo de historias de relaciones, me atrae irrefrenablemente lo que la muerte toca , lo que hace en los que deben seguir viviendo. […] se da en las pequeñas cosas que Mike recuerda y rememora sobre su matrimonio con su difunto esposo. Ese tipo de cuestión, dosificada hábilmente es prueba de la construcción de una historia con sustancia. Amén de la “teoría del iceberg” de Hemingway, pienso: Alguien que no vivió la pérdida, ¿cómo podría narrarla?
    Hace poco leí una frase un poco cursi si se quiere, pero bueno, ya que estoy la transcribo: “Me gusta la ambivalencia de la cicatriz; aquí dolió, aquí sanó”.
    Me gustan las ficciones así.
    ¡Saludos!

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