En el yaoi encontramos demasiados relatos donde la representación se confunde con el estereotipo.

Queer sí, yaoi no

05/12/2018

| Por Agustina Manso

5 comentarios

51q4090ZfOL._SX362_BO1,204,203,200_Yaoi. Género de historietas japonesas, que refiere al “amor entre hombres”. Parece simple: Un hombre se enamora de otro hombre, ocurre el nudo, y luego el desenlace. Y atrás, la horda de fanáticas (y algunos fanáticos) arman una revolución donde todo es gay y donde los personajes que no parezcan sacados de una parodia heterosexista no cuentan en lo absoluto. Yo soy una fiel lectora de contenido LGBT y siempre he apoyado a la producción de contenido diverso y disidente. En estas líneas, algo esperado sería que yo dijera algo como “Me gusta Junjo Romántica y DRAMAtical Murder” o haría algún chiste sobre “Semes y Ukes”, de “pasivos y activos”, o de “tríos y triángulos amorosos”.

Y en realidad, no: me disgusta el yaoi, y en todos estos años no he encontrado ninguna obra de la que haya podido superar del primer volumen. Encuentro en el Yaoi algo repulsivo y nocivo que me deja un calor visceral y un aura de indignación alrededor. Créanme cuando digo que me pongo insoportable después de que alguien me “recomienda” una obra yaoi que “es original y divertida”, y resulta que es otro comic que termina incluyendo a personajes de dudosa edad que actúan de forma absurda, con dudas sobre su sexualidad o con intenciones de experimentar en una índole negativa, y que son acosados o abusados por hombres con manos de araña. A su vez, me ha pasado que consumidoras de éste género me han llamado “homofóbica” por decir abiertamente que me disgusta el yaoi.

4525181_640pxEn muchas charlas con colegas queer (no puedo hablar solo yo desde mi visión como mujer queer cisgénero, ya que sería hablar por boca de otras identidades), encontré para mi sorpresa que a gran parte del público gay no le gusta el Yaoi tampoco. No lo consume, o no le interesa, o no los representa. Y cuando les pregunté por qué, me dijeron que “lo único que difiere entre una pareja yaoi y una pareja heterosexual es lo que tienen ambas partes entre las piernas.”. Otro me dijo que “esa movida de que uno va a actuar ‘como mujer’, y el otro ‘como hombre’, no es algo que (a mí me) llame demasiado”. Otra opinión que encontré y que vengo escuchando desde hace años, es que “al ser material hecho para mujeres heterosexuales, a nosotros nos convierten en objetos de fetiche como si fuéramos juguetes sexuales para ellas. Nos deshumanizan”. Otra persona, recuerdo, me comentó que “cuando a colegas del comic les digo que yo soy gay y que estoy en relación con otro hombre, automáticamente asumen que soy un ‘activo’ o preguntan cosas como ‘quien es la mujer de la relación’, entre otras cosas.” Al principio yo no podía creer que la gente tuviera tan poco filtro, pero luego de años puedo afirmar que es cierto, y trazo un paralelo con comentarios fuera de lugar que yo misma he recibido por ser una mujer dibujante y queer. Cuando les pregunté qué tipo de historias buscaban, ellos me respondieron que “la representación está buena, pero no queremos que nos sobreexpongan o que nos traten con prejuicios sobre cómo es ser gay”. Y otra opinión, mucho más fuerte: “Lo insoportable se da cuando los lectores dicen que nos apoyan, pero al mismo tiempo omiten otras identidades y piensan que el Yaoi es la Biblia de los homosexuales”.

66260f052692889b7194d82530b0369cDe todas formas, cabe aclarar que hay hombres a los cuales sí les gusta el Yaoi, pero son menos que los que no encuentran en el Yaoi una verdadera alianza por parte del público heterocisgénero. Esto es una llamada de atención muy importante, ya que no se trata de echarle la culpa a los consumidores de un género de todos los males del mundo. Sería mejor que reflexionemos sobre cómo el mercado exporta prejuicios enlatados de forma distinta y más llamativa, disfrazándolos de “algo positivo y saludable” pero que al final del día esconden algo mucho más nocivo que un simple mensaje homofóbico. Si hay un mercado presente con una oferta, es porque hay consumidores que tienen una demanda específica.

En una nota que hice para Comiqueando sobre “Otouto no Otto” de Tagame Gengoroh hace un tiempo atrás, hablé un poco sobre la diferencia entre las historietas hechas por hombres gay para hombres gay, y las realizadas por mujeres heterosexuales para otras mujeres. En esa nota también mencioné rápidamente una línea opuesta entre esa obra que naturaliza a los personajes sin dejar de lado su humanidad, y la serie de Netflix “Devilman: Crybaby”, que fanatizó a muchos por su “alto contenido queer” pero que pierde el hilo de sutilezas que tanto caracterizó la relación original entre Akira y Ryo (entre otros miles de hoyos argumentales que siguen frustrándome incluso bastante tiempo después, si bien la historia original de Devilman tiene muchas limitaciones por la época en la cual salió). Y esta diferencia entre ambas la sigo notando en muchas historias de hoy en día: entre las historias que incluyen a personajes LGBT en una historia que resalta sus emociones y motivaciones por encima de un complejo individual, y las historias que usan estereotipos para mover la trama o que se disfrazan de escenas “aliadas” que al final del día no derivan en ningún lado (como la relación entre Ryo y Akira en D:C).

imagesEl Yaoi y muchas historias de esta índole siguen retomando esta última postura donde se deshumaniza a los personajes para que puedan encajar con un determinado público consumista. Y algo alarmante es que los personajes son cada vez más jóvenes (algunos casos rozando el shotacon, género de relaciones entre hombres mayores de edad con menores), con actitudes más estereotipadas, o donde se naturaliza el abuso por parte de un personaje sobre el otro en un momento de vulnerabilidad sobre su propia sexualidad. Es este tipo de relato del cual soy muy crítica: relatos donde la orientación sexual de un personaje es el único centro de atención en una historia, donde no encontramos verdaderas motivaciones o problemas que nos generen empatía, y que solo están ahí para ser víctimas de una mirada de autor altamente nociva y llena de prejuicios, pero que se disfraza de “aliada de la LGBT”.

 

 

044En mi caso personal siempre voy a preferir historias donde lo LGBT esté presente, pero que no sea el único eje de atención. “Sereno” de Luciano Vecchio es un perfecto ejemplo de una historia con un personaje queer que tiene motivaciones complejas, que está rodeado de materia oscura en un mundo diverso y rico que atrae por motivos más allá de la orientación sexual de su personaje principal. Lo mismo se da con “Sex Criminals” de Matt Fraction y Chip Zdarsky, que logra incorporar un montón de identidades diversas y complejas de una forma sutil y natural. O incluso, ¡el animé de “Yuri!!! On Ice” que, si bien tiene una línea delgada que roza el “queerbait” al no aclarar la situación emocional entre sus personajes, posee temática y problemas diversos que hacen reflexionar sobre qué es ser masculino o femenino en una época como la nuestra. La representación es algo importante, y para mí es necesario en el mundo de la historieta y de los medios audiovisuales; pero no hay que confundir representación con estereotipo. La representación aporta y modifica; el estereotipo excluye y daña con el tiempo. Pero esto solo se da si uno confunde la fantasía con la realidad.

En este sentido voy a hacer un paréntesis primordial con respecto a este tema. El Yaoi forma parte de una fantasía, sobre todo en el mundo de la erótica. Eso es algo totalmente válido: en el mundo de la fantasía todo vale y es personal, espontáneo, que le surge a cada quien y es algo que debe respetarse. Cada persona es un mundo, se podría decir. Y lo más importante, cada quien es libre de consumir el género de historieta que guste, y yo no creo que esté bien o mal consumir algo en específico. Tampoco pido que se censure o que se eliminen historias, ya que las fantasías le pertenecen a cada uno, y es sano consumir una forma de arte que canalice nuestros deseos.
s-l300-1El problema, para mí, recae cuando la fantasía ha pasado a otro plano, el plano de la realidad, y donde se termina por mantener situaciones o actitudes llenas de prejuicios que no pueden romantizarse o diluirse en el mundo real. Y es algo que he notado con éste género, irónicamente dominante en el mercado.
Yo espero, con el tiempo, encontrar más historias que naturalicen en lugar de mantener ideas arcaicas sobre la sexualidad en general; que cada quien sea capaz de consumir el género que quiera sin límite, y que a su vez no haya un solo género dominante que convierta a un tipo de persona en un estereotipo. Ya que para mí el mundo es diverso, con muchas identidades que hay que celebrar.

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5 comentarios

  • Y el yuri? En mi opinion es mucho peor, las mujeres son mucho mas deshumanizadas para consumo de los hombres hetero en mi opinion, y eso que soy hetero pero todas mis amigas son bisexuales,lesbianas o pansexuales y posta las relaciones romanticas entre mujeres tampoco tienen una mierda que ver lo que se muestra ahi. No digo que el yaoi no haga daño a la comunidad queer pero al menos he encontrado obras en las que las relaciones gays son tratadas sin prejuicios y estereotipos mientras que con las relaciones lesbicas no encontre ninguna.

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    Nahuel2017

    05/12/2018 - 17:34

  • Lo de Luciano está bueno, es un poco como lo de Gambit y Rogue. No son exactamente queer, pero el es más femenino que ella y viceversa. Está claro que hubiera mandado ella, pero no es necesario explicitar esa dinámica en la historia. Es solo un elemento más.

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    Toribio

    05/12/2018 - 15:44

  • Creo que no pasa solo con el género Yaoi, seguramente en otros géneros hay una tendencia a estereotipar, que por otra parte no deja de ser una operación constitutiva de cualquier género. Lo que no sabía era que ni siquiera se encuentran buenas historias en el Yaoi. Y una última cosa de la nota de opinión, muy interesante por cierto: el colectivo se amplió de LGTB a LGTBI.

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    • Es más, ahora se dice también LGTQBI.

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      Rocambole

      05/12/2018 - 23:00

  • excelente nota! como experiencia personal, tuve la experiencia de vender manga en una evento de anime y descubri la gran demanda que tiene este genero (al menos en el norte argentino). me sorprendio ver a adolescentes, algunas con sus madres, comprando junjo romantica. en su momento me parecio algo positivo, a pesar de la pobre o nula representacion de lo que realmente es una pareja gay… lastima que no haya una edicion argentina de Otouto no Otto (todavia). saludos!

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    el otro luigui

    05/12/2018 - 13:10