Tercera parte de la recorrida por la trayectoria y las obras clave del máximo referente del ero-guro.

Suehiro Maruo (parte 3)

20/05/2020

| Por Gonzalo Ruiz

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warau-kyuuketsuki-6529A finales del Siglo XX, el sensei del ero guro se encontraba completamente afianzado en la Young Champion. Ya había entregado dos obras y era hora de una tercera. Tal vez una de las historias más recordadas de Suehiro Maruo, una que conjuga todos los universos (los perversos y de los otros) que estuvimos revisitando en las dos entregas anteriores.

Por supuesto, hablo de Warau Kyuketsuki (La sonrisa del vampiro), el magnum opus serializado a lo largo de 1998. El protagonista de esta epopeya del asco es Mori, un joven seducido por una vieja jorobada que resulta ser una vampira que lo convierte. A partir de esto, comienza un derrotero no solo de nuestro ¿héroe? ¿villano?, sino de algunos de sus compañeritos de escuela.

La Sonrisa del Vampiro es probablemente la obra ideal para que cualquier neófito ingrese al universo de Maruo. Acá se encuentran cada uno de los ingredientes que hacen del mangaka alguien único. Acá hay violencia desmedida, sexo sin una gota de erotismo y cargado de asquerosidades, culto a la cultura moderna de Occidente (en esta historia aparece un violador maquillado como Pogo, el payaso “interpretado” por John Wayne Gacy, un depredador de niños de los años ´80) y por sobre todo, el nihilismo, el desencanto absoluto de la Humanidad.

23593678_1269095796570352_698334439417582974_oNo hay ningún personaje presente que esté “bien hecho”. Las compañeritas del curso de Mori venden sus ropas interiores a gente grande, y algunas cogen con ancianos como parte de un supuesto voluntariado. La sexualidad presente en estos preadolescentes no está mostrada con elegancia o ternura, es repulsiva, tan decadente que el escenario de una orgía entre niños es dentro de una fábrica abandonada. Todo esto representado en la segunda figura femenina de peso, Runa. Una joven que se muestra asqueada por lo que hacen sus amigas y que vive el mismo desencanto que Mori. Y al estar hablando de una obra de Maruo, la niña pasa de sufrir una violación por parte del falso Pogo como para encima ser golpeada (casi) hasta la muerte por Sotoo, alumno pirómano.

Por su lado, Mori es alguien completamente alienado. Incluso de su propia figura superior, la vampira jorobada, de quien prefiere tomar distancia incluso cuando convive con ella y sigue sus consejos. En el peso del protagonista recae toda el aura existencialista que trae La Sonrisa del Vampiro, un Japón de ambiente pesadillesco y sórdido, dibujado con una elegancia y maestría pocas veces vistas no solo en el manga sino en el mundo.

WarauKyuuketsukiPor supuesto que a la gallina de los huevos de oro siempre le van a exigir más, a riesgo que el próximo huevo no sea dorado, y en el año 2003 comenzó la serialización de Haraiso Warau Kyuketsuki 2 (La sonrisa del vampiro: Paraíso), y acá el huevo salio blanco. El único pecado que se le puede adjudicar a esta secuela es que, en lugar de desarrollar más a los personajes de la historia anterior, decide expandir el mundo vampírico. Mori, Runa y la jorobada aparecen contadas veces, y el foco está en Kazuko y Makoto, madre e hijo, en la búsqueda de Miko, la niña menor de la familia. También se suma lo que podríamos considerar un villano que esté a la altura de la tríada vampírica inicial: un misterioso enano aparece en medio de una orgía, revelándose vampiro y aliado de una extraña mujer que vive en un pantano.

El desarrollo de Paraíso pasa más por lo onírico que por lo tangible: somos testigos de la locura de una familia partida por la desaparición de una integrante, pero la cosa no pasa por una acción física. Maruo despliega su narrativa con una bestialidad inusitada (que también, hay que decirlo, se aprecia mucho más que en otras de sus obras porque la reedición de Panini que se consigue con relativa facilidad es de tamaño mucho mayor que un libro regular de manga), con un bello un despliegue de bichos y otras atrocidades corporales.

Paraíso está lejos de ser la obra más mediocre, pero pierde en comparación con la primera parte, un majestuoso viaje de ida hacia la mala leche y la desesperación humana. Aún así, la obra en su totalidad (hasta hace unos años, era la obra más extensa del mangaka) es probablemente el punto más alto alcanzado, aunque lo que sigue el mes que viene no se queda atrás. Se viene un Suehiro Maruo barroco y que nuevamente va a pegar otro violento viraje de timón.

 

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