Los casos del Inspector McCurro

La oficina de McCurro arde en llamas y hay que salvar las fichas... y al propio inspector.

Caso final

18/12/2020

| Por Staff de Comiqueando

2 comentarios

Que el celu le sonara a las tres de la mañana de un lunes, era clara señal de que algo malo pasaba. Medio dormida, la joven conocida como Jezabel Janos agarró el aparatito que descansaba en su mesa de luz sobre una pila de comics y atendió sin mirar quién era.

-Jeza, soy yo, Adán- dijo una voz agitada, asustada, que ella hubiera reconocido aunque no se presentara. Su primera reacción fue cortarle, pero ya había atendido, ya estaba bastante despierta e intrigada.

-¿Babylon? ¿Qué mierda querés a esta hora?- balbuceó con una boca ya desacostumbrada a emitir sonidos.

-Se prendió fuego. ¡La oficina de McCurro está prendida fuego!

-¿Qué decís?

-Eso, boluda, sale fuego de las ventanas de la oficina del inspector.

-¿Y a mí me llamás? Llamá a los bomberos, boludazo.

-No, Jeza. Si los bomberos entran a tirar agua, se pierden todas las fichas. Voy a entrar a tratar de recuperar los archivos y…

-No, pará, Adán. Bancame ahí. Estoy en diez.

J-6535 aY le cortó, saltó de la cama, se calzó un jean, unas zapatillas y salió corriendo hacia la oficina sin acordarse del barbijo o el COVID. Llegó en seis minutos treinta y horrorizada descubrió las llamas que salían de las ventanas del edificio… y a Babylon llorando en la vereda de enfrente con un barbijo de Batman que le cubría apenas la pera.

-¿Qué pasó? ¿Sabés algo? ¿Y el inspector?- lo ametralló Jezabel ni bien estuvo a una distancia que le permitiese la comunicación.

-No sé nada. Paseaba sin poder dormir y bueno, otra vez encaré para acá, a ver si él estaba trabajando, si quería charlar, contarme otra anécdota, algo, pero estalló un vidrio y empezaron a salir esas lenguas de fuego y te llamé por que no sé qué hacer… O sea, sí, creo que hay que entrar y rescatar esos años de laburo en formato de fichas, pero soy asmático y el humo, el calor, no puedo moverme- relató a alta velocidad el proto-guionista, más transpirado que de costumbre y con el terror tallado en el rostro.

-Está bien. Andá llamando a los bomberos- sentenció Jezabel.- Yo voy a entrar.

J-6535 a1

Y sin más, dejando al barbado fanzinero clavado en la vereda con una súplica en los labios, la ex asistente del felino fisgón cruzó la calle corriendo y usó por última vez la llave que McCurro le diera hace ya tanto tiempo, cuando ganó el derecho a trabajar para él. Arriba, frente a la puerta de la oficina podía sentir el calor y descubrió con cierto temor, que la cerradura estaba destruida. Pateó la puerta y se abrió sin ninguna resistencia. Una ola de calor la envolvió augurándole un infierno. Pero ella estaba decidida. Pasó el escritorio de la recepción y llegó hasta el de McCurro. Hasta la bola de fuego que ocupaba el lugar del escritorio de McCurro. Trató de abrir un archivero, pero el metal estaba muy caliente y sólo consiguió una quemadura de segundo grado en la mano izquierda. Se metió en el baño, se mojó en la ducha mientras tosía y volvió al ruedo. Divisó el viejo bolso de cuero donde siempre había fichas y lo llevó fuera de la oficina, para aprovechar y respirar aire sin humo. Nuevamente Jezabel se sumergió en ese averno y logró salir apenas tosiendo y transpirando con un cajón del archivo medio quemado. Y ya no pudo más. Desde la recepción sintió la presión del agua que entraba por las ventanas. Adán había llamado a los bomberos y ya estaban apagando el fuego. Se acabó. Eso era todo. Apretándose la mano dolorida contra el hombro derecho, cargó todo lo que había podido rescatar y comenzó el descenso hasta la vereda. Su único pensamiento era ‘que no esté el cuerpo quemado del inspector’.

J-6535 b

Llegó junto con una ambulancia y ella fue la única atendida por los paramédicos. Le vendaron la mano y le metieron oxígeno con la mascarilla. Al rato, Babylon estuvo con ella y le dio la noticia que esperaba: ‘No había nadie. No encontraron ningún cuerpo’. Ella intentó una sonrisa y le hizo unos gestos para darle a entender que se llevara las fichas rescatadas. No hizo falta más. El grandote barbudo hizo una especie de puchero, y conteniendo las lágrimas abrazó a su ex compañera. No hubo una palabra. Agarró las fichas y se fundió con la noche, lejos de las sirenas y los curiosos que aún en pandemia y a esa hora, salían de sus camas para ver a los bomberos recogiendo su equipo tras apagar el fuego de la arruinada oficina que todavía humeaba. Jeza se secó la transpiración -propia y ajena- y tras saludar a una médica venezolana que la había atendido muy bien, emprendió la marcha a su casa, pensando en el fin definitivo de su ocupación laboral, su hobby y su pasión.

J-6535 q

Pasó un martes de mierda y el miércoles a la mañana se terminó de despertar con la aparición de un sobre por debajo de su puerta. Era una carta del inspector.

“Hola, Jezabel. Gracias por todo. Esta es la última vez que me comunico con vos, con cualquiera. Supuestamente, estoy muerto, pero te debía una explicación, al menos como pago por tus favores, tu amabilidad, tu profesionalismo, tu amor a mi trabajo. Sabía que algo como lo de anoche iba a pasar y por eso los eché. Tenía que sacarlos de mi vida para que la de ustedes no terminara como la mía. El incendio no fue un accidente. Alguien, no importa quién, quería terminar con McCurro. Por suerte, cree que lo logró. Pero eso significa que no hay más McCurro. Deberé permanecer muerto por lo menos por unos años. No va a ser mi primera vez. En otra época, tuve que irme de Argentina apretado por poderosos amigos de un empresario garca. El felino fisgón puede sobrevivir si se mantiene oculto y lejos por un tiempo. No se lo cuentes ni a Babylon. Es mejor que no lo sepa. Que haga lo que quiera con esas fichas que rescataron- sí, lo sé y te lo agradezco, aunque no era necesario. El espíritu de McCurro seguirá en las 33 columnas publicadas, sin importar cuántas fichas se hayan perdido. No es seguro para ustedes seguir pegados a mi trabajo. Comiqueando no nos ofrece las garantías ni el apoyo para sobrevivir a embates de imbéciles que se ofenden por cualquier cosa. Poco a poco todo McCurro va a desaparecer y quedará un recuerdo de algo que estuvo bueno. Vos seguí con tu vida. Vas a deslumbrar en lo que elijas hacer porque sos brillante. Está bueno que no sigas perdiendo el tiempo con un gato berreta y este universo de plagios y comics. Hasta acá llegamos. Se cierra el telón. Nunca los voy a olvidar y quizá algún día podamos volver a encontrarnos y charlar. No quiero que esto suene a despedida triste, pero lo es.

Con afecto, tu amigo

El Inspector McCurro”

K-5342

Fin.

Compartir:

Etiquetas:

Dejanos tus comentarios:

2 comentarios

  • ¡Larga Vida a McCurro, el gato fisgón que se retira lleno de gloria!

    Comentarios

    NN

    15/01/2021 - 14:46

    • Pasaba a decir lo mismo, de lo mejor de la Comicu, de lo más divertido de los últimos años.

      Comentarios

      La_Oreja_de_Von_Trier

      15/01/2021 - 20:58