Los casos del Inspector McCurro

Tiempos oscuros para el personaje que nació como clon trucho del Captain Marvel, ahora transplantado a Estados Unidos de la mano de Alan Moore.

Los milagrosos cambios de Miracleman (parte 3)

20/09/2019

| Por Staff de Comiqueando

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Dez Skinn en los ´80.

Dez Skinn en los ´80.

-Estábamos en Gran Bretaña, con el final de la Warrior- retomó el felino fisgón,- en parte por las peleas entre Alan Moore y el editor Dez Skinn, parte por la presión de los abogados de Marvel.

-Sí, eso ya lo contó- apuró Adán Babylon.

-Pero, lo que no sabés- chicaneó el detective,- es que antes de cerrar la revista, Skinn ya estaba tocando contactos en Estados Unidos para vender el paquete. Sus negociaciones con Marvel no llegaron a buen puerto porque se oponían al deconstructivismo de los superhéroes que eran su mejor ingreso. Encima, Jim Shooter desde su trono de Jefe de Editores, pensó que un personaje con el nombre de toda la editorial era una jugada muy riesgosa y lo descartó, apostando a que nadie lo comprara para no tener problemas con la marca Marvel. Entonces Skinn apuntó su mercadería a DC, donde Jenette Kahn, la presidenta, cebada con Alan Moore en Swamp Thing recibe al editor británico, le compra ‘V de Vendetta’, pero le plantea el problema de DC editando algo que se llame ‘Marvel-man’. Si bien podrían haberlo publicado en la revista ‘Kimota!’ y hacer la misma salvedad que con el Capitán Marvel de la Fawcett, tener a Superman, Capitán Marvel y Marvelman era demasiado lío, y prefirieron no arriesgarse.

-Hubiera estado genial que los tres compartieran universo. El original, la copia que vendió más y la copia de la copia mejor escrita- acotó cebado el proto-guionista.

Marvel_Super-Heroes_(UK)_Vol_1_388-A todo esto- McCurro arrancó como si no lo hubiese escuchado,- Alan Moore ya había utilizado un nombre alternativo inspirado en el Captain Miracle de Anglo: Miracleman. En agosto de 1982 había salido a la calle la revista Marvel Super-Heroes número 388 con una aventura de Captain Britain por Moore y Davis, donde en medio de la demencia de un personaje, aparecen entre otros Miracleman y Kid Miracleman, para ser parte de una brutal masacre delirante. Usando este nombre alternativo, Skinn logra venderle la serie a la editorial Pacific Comics, donde aparecieran por primera vez Groo, Elric, Captain Victory de Kirby, Ms. Mystic de Neal Adams y The Rocketeer de Dave Stevens, entre otros. Pero nada de esto evitó la quiebra de la editorial antes de poder publicar una sola página de Marvelman.

-Miracleman- corrigió el joven asistente. Sin registrar la interrupción, el gato continuó con su exposición.

-Todo el patrimonio de Pacific fue comprado por otra editorial independiente que quería crecer: Eclipse Comics, que en agosto del ’85 logra sacar a la venta por primera vez en el mercado yanki, el número 1 de Miracleman, apenas unos meses después de su última aparición en Inglaterra. Esta primera revista –como las cinco siguientes- fueron reimpresiones de las páginas de la Warrior con la salvedad de que cada vez que antes decía “Marvelman” ahora se leía “Miracleman”, esta vez a color y en formato comic-book americano. Pero en cuanto empezaron a aparecer los dibujos de Alan Davis -que tenía a Moore montado en un huevo por las republicaciones del Captain Britain- empezaron las quejas. El dibujante no aprobaba que se reimprimiera su trabajo, pero los de Eclipse se cagaron en él y siguieron como si nada, alegando que ellos eran los dueños de la serie. Pobres. La revista no vendió muy bien pero la crítica se enamoró de la obra de Moore de inmediato.

71kaKCruxtL._SL1015_-No es para menos- metió Adán,- cuando se acabaron los reprints de la Warrior Eclipse contrató al mismísimo mago de Northampton para que siguiera escribiendo episodios a partir del número 6.

-Sí, esta vez sin Davis que le había cedido su parte de los derechos a Gary Leach- retomó McCurro. –Los dibujos pasaron primero a Chuck Beckum -ahora Chuck Austen- y en seguida al equipo con el que Moore descollaba en Swamp Thing…

-¿Totleben y Bissette?- apuró ansioso el fanzinero.

-Casi. John Totleben primero y Rick Veitch después. En Inglaterra, Dez Skinn y Gary Leach se opusieron a estos equipos creativos – primeramente a Beckum- y le vendieron sus partes de los derechos a la editorial. Encima, para complicar las cosas, Eclipse reparte los derechos de la serie entre ellos, el guionista y el dibujante, en tres tercios iguales. ¿Tres tercios de qué?, te preguntarás; pero bueno, si hay que firmar, firmamos. Y como si hubiese una maldición sobre este personaje y quienes ostenten sus derechos, al toque que sale el nº 7, una inundación del Río Ruso en California destruye las oficinas de Eclipse y el nº 8 debe ser un relleno con reimpresiones de historias viejas de Mick Anglo.

Photograph-33-2-300x444-Pero el 9 es un numerazo, los nuevos dibujantes…- volvió a la carga el asistente, que de nuevo es interrumpido y ninguneado por el felino.

-El nuevo equipo llevaría a la serie a un escenario más glorioso, oscuro y tremendo, pero las ventas no subían.

-Los lectores de superhéroes de los ‘80s no se coparon en ese momento…- aportó Adán.

-El mercado se agitó cuando en el nº9, de julio del ’86, la mujer de Miracleman da a luz en primer plano, y ni que hablar cuando en el nº 15 (de noviembre del ’88) Kid Miracleman destruye medio Londres en la escena más violenta jamás mostrada en un comic. Te imaginarás que la gente de Eclipse y Moore se cruzaron palabras poco amistosas; encima el guionista le daba prioridad a Watchmen y Swamp Thing y retrasaba las entregas de Miracleman. A eso sumémosle la enfermedad degenerativa en los ojos de Totleben y tendremos un cóctel que el barbado no se iba fumar. Moore, antes que comprometer su obra, la abandonó. Alcanzó un punto y dijo ‘Hasta acá llegué, ya conté todo lo que me interesaba contar, que ahora la siga mi amigo, un pibe que promete, un tal Neil Gaiman’.

Continuará.

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