Los casos del Inspector McCurro

McCurro amaga con sacar a la luz detalles de un caso reciente, pero por ahora todo gira en torno a antiguos personajes de la Golden Age. ¿A dónde va todo esto?

Los milagrosos choreos de Marvelman (parte 1)

26/07/2019

| Por Staff de Comiqueando

3 comentarios

 

-Disculpe, Inspector- rompió el silencio tímidamente Adán Babylon tras secarse la frente con su pañuelo húmedo,- usted siempre cuenta historias de hace varias décadas, de épocas de glorias pasadas, pero… -ante la mirada severa del felino, el proto-guionista cerró la boca y bajó la vista. Volvió a secarse la cara y se metió de cabeza en un archivo lleno de fichas polvorientas. Mc Curro se quedó mirándolo, pensativo, y cuando sus castigadas neuronas lograron una sinapsis, intentó una respuesta a esa pregunta que el fanzinero no llegó a realizar pero dejó flotando en la semi-penumbra turbia de la oficina.

-¿Vos querés saber cuál fue mi último gran caso? Algo actual, una colaboración en el mundo del cómic de hoy que haya impactado globalmente, un caso… rimbombante, diríamos, pero al mismo tiempo moderno, de estos años, ¿verdad?- el grandote sudado sacó el marote del archivero y lo sacudió de arriba a abajo con énfasis y una sonrisa esperanzada.- Bueno, vení, sentate- y le señaló la silla del escritorio. De uno de los cajones de sacó una botella de Absolut Whiskas y dos vasitos. Mientras desenroscaba el vodka, Babylon le avisó con gestos que él no tomaba- y no porque fueran las once de la mañana, él nunca tomaba alcohol. McCurro no le dio importancia y llenó los dos vasos mientras empezaba su historia:

-Mi último gran caso se remonta a la Edad de Oro- y ante la clara decepción que mutó la cara del aspirante a guionista, el felino se adelantó sobre el escritorio con una sonrisa y se apuró a aclarar: -Pero es un caso de relevancia mundial de hace pocos años, es un curro que ha pasado por muchas manos y muchos juicios. Escuchá, cuchá- y se clavó de un trago el primer vasito de vodka.- En la Edad de Oro, primeros años de la década del ’40, los superhéroes explotan y todos salen a editar personajes con calzones, capa y capucha, principalmente choreados de Superman y Batman. Pero hete aquí- gesticula McCurro con una sonrisa enigmática- que uno de estos supuestos curros, un superhéroe con muchos poderes, capa y personalidad secreta encuentra vetas inexploradas por la creación de Siegel y Shuster.
Whiz22Sí, te hablo del Captain Marvel, creado en 1939 por el guionista Bill Parker y el dibujante Clarence Charles Beck, originalmente publicado por Fawcett Comics desde la Whiz Comics nº 2 en Febrero de 1940. Si bien originalmente se iba a llamar Captain Thunder, es muy posible que el lanzamiento de la revista “Marvel Comics” de la Timely Publications en octubre del ’39 propiciara el cambio de nombre. Bueno, lo importante es que este Captain Marvel se convierte en un golazo y en unos años pasa a vender más que Superman. Sí, no me pongas esa cara, así como lo oís, Captain Marvel Adventures vendía más que la revista Superman, si bien tras la guerra, todas las revistas de superhéroes estaban en caída libre hacia la catástrofe. Pero mirá lo bien que le iba al personaje de Fawcett que vendieron sus aventuras para que una editorial inglesa las republicara allá. La L. Miller & Son aprovechaba que estaba prohibido importar revistas para publicar pulps y comics yanquis con tapas locales y vendía bárbaro en Gran Bretaña, principalmente cosas de Fawcett- el felino hizo una pausa, tomó aire y se clavó de una el segundo vasito de vodka. –Llega el primer gran juicio de esta historia. Jack Liebowitz y Harry Donenfeld, los más grandes avechuchos de su tiempo, los que se hicieron multimillonarios con Superman y se empomaron a todos los artistas de la Golden Age, los dueños de la National Comics Publications Inc, luego DC Comics, no se quedaron de brazos cruzados y viendo cómo el Capitán Marvel les comía mercado salieron a hacer lo que mejor hacían: cagar al otro.

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Con una fortuna en abogados despiadados y tácticas mafiosas como coimear a los abogados rivales, ya en 1941 la proto-DC llevó el caso a los tribunales para probar que el personaje de Fawcett era choreado del que ellos le habían sacado por chauchas a Siegel y Shuster. Recién en 1948 se dictaminó que Captain Marvel infringía los derechos de Superman.

Entre Corte Suprema, dimes y diretes, llegamos a 1952, cuando los comics de superhéroes estaban en franca decadencia -era como pelear hoy por una franquicia de Blockbuster o una cancha de paddle,- entonces Fawcett agobiado por la fortuna que le costaban los abogados, manda a todos a cagar y decide rendirse y dejar de publicar comics, porque ya no le generaban la guita necesaria para subsistir. Cuatrocientos mil dólares le salió el chiste y le terminó pagando a DC con los derechos del personaje que vendió más que Superman.

-No me diga que usted aportó data para ese juicio porque…

-No, salame- interrumpió rápidamente el detective.- No soy tan viejo, ni tan garca. Te lo voy a resumir porque si no, nos quedamos a vivir acá. A partir de ahora la historia empieza a complicarse y no solamente porque va a aparecer Marvel como editorial con su propio Captain Marvel, sino porque en Inglaterra, ¿te acordás de L. Miller & Son? Bueno, les iba tan bien con las aventuras del Captain Marvel que cuando se quedaron sin material yanki para republicar, los tipos buscaron a un artista británico y le encargaron nuevas aventuras del superhéroe pilar de la editorial.

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En 1953 Mick Anglo se hace cargo de las nuevas aventuras de Miracleman, porque no podían usar el nombre de un superhéroe americano con problemas judiciales. Durante casi una década, Anglo llevó las riendas de este superhéroe británico en toda su faz creativa hasta que en 1960 se fue a fundar su propia editorial (la Anglo Features) y entre varios comics berretas publicó Captain Miracle, un claro choreo al Captain Marvel de Fawcett y a su propio Marvelman.

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Ninguna de sus revistas pasó el número 9, y Anglo se dedicó a otra cosa. Pero como la prohibición de importar se había acabado, a los Miller tampoco les fue bien compitiendo con sus comics en blanco y negro contra los productos americanos y para 1966 vendieron toda su editorial a la Alan Class Comics y se fueron a la mierda.

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En el mayor de los silencios, el felino detective volvió a llenar los dos vasitos con el sospechoso líquido de la botella. Adán Babylon lo miraba con un gesto entre confuso y preocupado. Se secó la cara y preguntó:

-Pero, McCurro… ¿no me iba a contar de un gran caso reciente que cambió la historia del cómic mundial? Me está contando de una editorial pedorra de Inglaterra que nunca…

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-Paciencia, mi barbado esbirro, paciencia- lo frenó.- Todo llega al que sabe esperar. Como decía mi sensei mientras fabricaba gatitos que bajan el bracito, “Lo importante no es llegar sino disfrutar del camino”- en realidad, es una frase del Rayo McQueen, pero Mc Curro se recostó en su sillón y se clavó otro vasito de vodka berreta.

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(muy pronto, la segunda parte)

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3 comentarios

  • La imagen del Marvel Man número 29 me hizo pensar en Tintín!!

    Comentarios

    dandel

    27/07/2019 - 20:18

    • ya está todo inventado, sobre todo las maneras de currar

      Comentarios

      Graysight

      11/08/2019 - 16:29

    • Es cierto, lamentablemente.

      Comentarios

      dandel

      12/08/2019 - 07:59