Maldito Mainstream

Robert Kirkman vuelve a la carga, nada menos que junto a Chris Samnee, para una aventura literalmente prendida fuego.

Fire Power

27/03/2021

| Por Matías Depettris

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51mU0Hixb3LRobert Kirkman es una personalidad del medio que nunca pierde relevancia y de una u otra forma en las redes y sitios webs siempre se está hablando de él, ya que al menos dos o tres veces al año tenemos novedades relacionada con algunas de sus obras. Si no es un anuncio inesperado del final de su comic más popular, The Walking Dead, es la aparición de algún nuevo spin-off de esta franquicia pero para televisión, en la cual él figura como productor. Y si no tiene nada que ver con su universo expandido de zombies, es el estreno en Amazon Prime de la adaptación animada de su serie superheróica por antonomasia: Invincible. A mediados del año, sin embargo, volvió a estar en la boca de todo el mundo comiquero por el estreno de una nueva serie regular que llevaba por título Fire Power, y esta vez no abordaría el género superheroico ni tampoco el suspenso o el terror, como ya lo hiciera con la mencionada franquicia de muertos vivos o con Outcast. No, esta vez, quizás para aprovechar la cercanía del estreno de la película de Shang-Chi, o por ahí para prenderse de la cola del cometa fenómeno llamado Cobra Kai, se encargaría de explorar el universo de las artes marciales y la mística sobrenatural que rodea a estas disciplinas.

La historia que nos narra en un gigantesco tomo al cual denominó «Preludio» (nada menos que 150 páginas de historietas a todo color), es la que sigue los pasos de un adolescente de nombre Owen Johnson, que luego de recorrer distintos templos y entrenarse con una interminable lista de maestros de las artes marciales, termina en la montaña más recóndita y oculta de toda China para acceder a un Templo Shaolin donde supuestamente podrá enterarse, por fin, del paradero de sus padres biológicos.

Karate-Beat-300x461Por supuesto que solamente porque haya tenido la capacidad de pasar frío y hambre hasta poder encontrar este muy oculto templo no es suficiente para lograr una estadía en el mismo, y el Maestro que lo recibe le exige algunas pruebas para mostrar su valía, las cuales sorprendentemente supera casi sin transpirar. Pasan los días y Owen va entablando una amistad con su maestro, y a su vez se va enterando de algunos secretos de esta congragación de «monjes», como por ejemplo el hecho de que supuestamente en una de las habitaciones del edificio mantienen preso un dragón, el cual si es liberado podría causar algo muy cercano a un apocalipsis oriental. También se entera de que una de las disciplinas que cada monje en esta locación intenta aprender es el dominio del fuego, algo en lo que fallan todos y cada uno, salvo nuestro protagonista. La historia entonces avanza de forma muy fluida, mezclando de manera muy fresca y original elementos que remiten a la saga de Dragon Ball de Akira Toriyama o a la franquicia de videojuegos Street Fighter de Capcom, por tirar apenas dos ejemplos de donde seguramente se nutrió Kirkman para desarrollar esta trama. Pero como solo suele suceder en los buenos comics, resignifica los lugares comunes para dotar a su relato de color y sustento, lo cual permiten que el lector pueda acceder a la historia con cierto aire de familiaridad y a la vez se siga sorprendiendo con el avance de la misma.

RCO113_1603327682Y en materia de sorpresas, en el último tramo del tomo el templo es víctima del ataque de un clan enemigo, el cual está casi completamente integrado por ninjas… si, leyeron bien: Ninjas, los cuales quieren destruir las instalaciones, acabar con cada monje del templo y liberar al dragón, ya que estamos. Por suerte, antes de que alguno de los personajes más importantes que rodean a Owen pasen a mejor vida, nuestro héroe hace uso de su poder interior y lanza un par de bolas de fuego contra el líder del clan que lo dejan fuera de combate y provocan la retirada de sus tropas de asalto.

El epílogo del tomo nos cuenta una historia que continúa 15 años después: ese adolescente Owen que dejamos atrás, ahora es un padre de familia con dos hijos, casado con una policía, la cual, al parecer, conoce al detalle el pasado de nuestro protagonista. Por motivos poco claros Owen abandonó el Templo y nunca más quiso saber nada con el mismo, regresó a EEUU, volvió a reunirse con sus padres adoptivos y se puso las pilas para transformarse en un estandarte de nuestra sociedad, de esos que cumplen uno por uno con cada uno de los objetivos que se esperan de nosotros: casa, auto, esposa e hijos. La serie regular homónima, que salió casi al unísono que este tomo, en Junio del año pasado, retoma desde ese epílogo, y gracias a eso somos testigos de cómo el pasado vuelve a buscar a nuestro protagonista para exigirle algunas cuentas pendientes, pero sobre todo para rogarle encarecidamente que se reintegre inmediatamente al templo en China.

RCO006_w_1614790141Owen, entonces, deberá lidiar con la disyuntiva de tener que, por un lado, preparar a su familia para cualquier tipo de amenaza que se presente, y por el otro sostener su negación a reconectarse con su pasado, aún a costa del peligro que acecha tanto a él como a viejos camaradas suyos. Por supuesto que en reiteradas ocasiones va a fallar en ambas misiones, y a medida que se acumulan los números, veremos a la familia completa adentrarse más y más en los misterios que rodean al templo y sobre todo la misión que tienen estos monjes en la tierra. Casi sin que nos demos cuenta el relato comenzará a transformarse en un viaje mítico repleto de elementos sobrenaturales donde la capacidad de Owen para disparar bolas de fuego será decisiva para rematar muchos de los conflictos que se le presenten.

Una vez más, Kirkman demuestra su maestría a la hora de narrar una suerte de slice of life comiquero repleto de aventuras y con muchas escenas de acción por episodio, con una historia que sube la apuesta en cada número. Los diálogos y las reacciones de los personajes, como suele suceder en la mayoría de las obras de este autor, nos resultan coherentes y naturales, razón por lo cual es muy sencillo empatizar con prácticamente todos ellos.

firepower-11Pero sin duda alguna, la carta ganadora con la que juega Robertito en este reciente proyecto para la editorial Image (bajo el sello Skybound) es alguien que no en vano me guardé para el final de la reseña: Chris Samnee, esta bestia de la expresividad y la narrativa que la viene rompiendo prácticamente desde sus tiernos 15 años, hace dos décadas y media. Un comic de estas características claramente necesitaba del dinamismo y la puesta en escena de un artista como Samnee, con ese estilo de línea clara tan personal que coquetea con el cartoon más clásico y que a muchos de nosotros nos remite de forma automática al fallecido Darwyn Cooke. Ni hablar de la capacidad que tiene para hacerte subir la adrenalina hasta el infinito con escenas de acción emocionantes y un par de páginas después, gracias al adecuado uso de luces y sombras, meterte de cabeza en una situación dramática super íntima que te parte al medio, todo esto sin descuidar nunca una puesta en página muy conservadora pero siempre agradable de ver.

La dupla Kirkman-Samnee funciona tanto o más de lo que cualquiera de nosotros podría haber anticipado, y Fire Power es, sin duda alguna, uno de los comics más entretenidos y excitantes del mercado actual. Pónganle más de una ficha.

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