Historieta a Martillazos

Debuta una nueva columna, centrada en historietas que abordan los temas clave de la filosofía universal.

Dios en Persona

19/03/2024

| Por Pablo Jiménez

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Invitados: Marc-Antoine Mathieu, Voltaire, Friedrich Nietzsche, Søren Kierkegaard y otros amigos.

Dios: ¿Concepto, metáfora, divinidad, potencia religiosa o necesidad de que exista?
¿Él creó a la humanidad? ¿Nosotros lo creamos a Él? ¿Encima ya lo matamos?
Pero sobre todo.. ¿Qué es esto de Historieta a Martillazos?
¡¿Acaso las fuerzas del cielo invaden Comiqueando?!

La historieta todo lo puede, alabadas sean sus páginas.

Que suerte tenemos los nacidos post ‘80s que fuimos contemporáneos a algunas de las mejores obras escritas en el medio historietístico, aunque en ese momento recién podíamos controlar esfínteres, apenas sabíamos leer o conocer lo que era una viñeta y ni hablar de que no imaginábamos cómo lucía el ano de Batman (?).
Sumémosle a esa suerte que hoy en día podemos llegar a la actualidad y dar con obras que superan uno tras otro los límites que permiten el dibujo, el diálogo y la narrativa en una página.

*Mockumentary: término creado por los yankis para referirse en el cine a un género muy de nicho, que imita los códigos y convenciones del lenguaje documental, y que generalmente lo hace en joda (se puede hacer con otros tonos, pero no suelen ser tan efectivos).
Ejemplos comunes: “This Is Spinal Tap”, “Borat” o la series “The Office” y “Modern Family”.


La historieta no tiene límites en sus formas creativas y comunicativas, porque mientras que la literatura y el cine se han llevado históricamente a las patadas con las conversiones, adaptaciones e idas y venidas de un medio al otro (ni hablar de que Hollywood suele convertir buenas historias de comics en películas berreta), la historieta saca chapa de campeón cuando toma algo típico de las pantallas y lo adapta a nuestro medio favorito: Marc-Antoine Mathieu logra generar un desopilante falso documental que mezcla crítica a la postmodernidad, desnuda los límites y vicios de la humanidad, cuestiona el sentido institucional de la religión y se burla de dogmas científicos, pero sobre todas las cosas nos plantea respuestas con mucho sabor a pregunta en la increíble obra “Dios en persona”.

Con mucha altura y desbordando conocimiento en cada uno de sus diálogos, siempre maquillados con un sarcasmo exquisito, el autor demuestra que no sólo Diego Capusotto puede bajar línea y hacernos quedar como unos boludos que se ríen de sí mismos sin darse cuenta de que nosotros somos el propio objeto de burla. Aquí el autor integral francés cumple su misión de una forma sublime, con mucho nivel, con mucha diversión y manteniendo la intriga hasta el final…
¿Será una obra perfecta?

-Nombre y Apellido?
-DIOS
-Sí, ya lo escuché… pero Dios qué?

-DIOS
-Bueno… será Dios DIOS entonces.

Fragmento de “Dios en Persona”

¿Qué pasaría si Dios se presentase ante la humanidad así sin más? Baja (¿de donde baja, del cielo? ¿Y eso donde queda?) y dice “Hola que tal, soy Dios, mucho gusto, quiero un mate amargo por favor”. Habría que preguntarse si la humanidad entera reaccionaría en un acto puro de iluminación o si únicamente aquello que llamamos defectos, y que nos caracterizan como humanos, salen a la luz todavía más potenciados, mostrando los límites de nuestras capacidades.

Dios, como deidad o como concepto, es quién/qué hace que todo cierre, nos libra de todas nuestras dudas, de nuestros miedos, de nuestras incertidumbres. Como propone Miguel de Unamuno, su presencia (como idea o como ente divino) nos tranquiliza y nos evita el vértigo de caer en la conciencia del advenimiento ineludible de la muerte ante una existencia que fue impuesta, porque idealmente podríamos elegir donde vivir, elegir que queremos estudiar, a qué dedicarse e incluso, con mucha suerte (o mucha guita), podríamos elegir a quien amar y como/cuando morir, pero si algo no podemos evitar, es nacer, <<existir y ser>> aquí y ahora (investiguen qué ocurrió con el caso de Nicolás Perruche y la justicia francesa si quieren cuestionar/se algunas ideas actuales por fuera de los dichos entre Lali y nuestro tuitero estrella).

Mientras que el estadounidense Sam Harris diría que la construcción de Dios como artefacto cultural es solo la respuesta a preguntas de corte existencialista o a fenómenos naturales para los cuales la ciencia aún no ha encontrado respuestas acertadas (pero a las que ya va a llegar con el debido tiempo), tenemos en la otra vereda a otro existencialista como Søren Kierkegaard: el filósofo alemán cuestiona tanto a la religión dogmática como a la filosofía racionalista cuando dice que cuanto más la ciencia cuestiona las afirmaciones de la Biblia y demuestra sus supuestos «absurdos e imposibles», lo único que logra es desnudar sus propios límites y la limitada incapacidad de la razón humana para comprender completamente el universo que nos rodea. Dicho en criollo: Cuando la ciencia cuestiona lo religioso, queda más expuesta la propia ciencia en sus límites.
Mejor hagamos como decía Blaise Pascal: “Entre creer y no creer, me conviene más creer, solo por las dudas de que sea verdad”.

“Ya no alcanza con existir ni con “estar ahí”, ahora hay que comunicar, y para ello resulta necesario una cámara… que conozcan <<El día a día de Dios>>.
¡Sea positivo! ¡Piense en su imagen! Está bajando en las encuestas, así que evite los temas delicados como La Muerte, La Injusticia y La Economía…”

Fragmento de “Dios en Persona”

En la historieta que hoy nos atañe, Mathieu se ríe con y de nosotros: las masas sociales que repetimos como boludos lo que la interesada prensa postula, la justicia, la ciencia, e incluso cosas mucho menos marketineras como la industria de los libros, la rosca editorial y el coleccionismo.
El tipo pasa de un postulado filosófico a un cuestionamiento cuántico, metiendo en el medio ironías sobre decisiones editoriales y económicas en dos páginas, como un banquero aburrido que se saca el traje y se pone unos cortos para un fútbol 5 con amigos: Es el mismo, pero al mismo tiempo es distinto.
Y como no podría avanzar de otra forma el paso de Dios por la tierra, todo conduce hacia un juicio de la humanidad contra Él por todos los males que hemos sufrido (de nuevo, busquen la historia de Nicolás Perruche y saquen sus propias conclusiones), en el que uno no puede creer la rosca que logra el autor. Los abogados que quieren culpar a Dios por todos los males de sus millones de demandantes, resultan ser quienes más alaban y exaltan los logros de su creación, quienes más afirman cada uno de sus milagros, para demostrar su poder y responsabilidad. Mientras que del otro lado, los abogados del diab… de Dios, son los que se encargan de bajarle el precio a cada uno de sus <<poderes y milagros>>, para desligarlo de la responsabilidad de todo lo que ocurre en el universo, “El tipo simplemente generó la creación y después se dedicó a mirar las causa-efecto del azar”.
Es una historieta arrolladoramente sublime, donde el aire a chiste de Quino (esos en los cuales uno no sabe si reírse o amargarse) brota por todos los poros de las páginas.

“Si mi existencia llegara a quedar demostrada científicamente, podría verse refutada de un día para el otro, como cualquier otra certeza científica.”

Fragmento de “Dios en Persona”.

Si hay un problema con Dios, es que con la razón como herramienta única no nos alcanza, necesitamos de la creencia, necesitamos de la Fé. Y donde hay Fé, hay institucionalización religiosa y donde hay religión, hay dogma irrefutable. Si Voltaire decía (en una frase luego remixada por Grant Morrison) que “si Dios no existiera habría que inventarlo”, Friedrich Nietzsche recoge el guante y duplica la apuesta con su archiconocida reflexión “Dios está muerto”. Pero ¿cuál es el Dios que muere? Para Freddy se trata del Dios moral negacionista de la vida y que rige nuestras costumbres por milenios, con una serie de mandamientos que por sobre todas las cosas prohíben y obligan nuestra voluntad por encima de nuestros deseos.
¿Pero por qué está muerto? Porque para nuestro deconstructor favorito de la metafísica, Dios es una metáfora, un invento, un artefacto cultural que olvidamos haber creado, y que se demuestra como metáfora en el momento en que deja de satisfacer las necesidades actuales y para el que ya no da respuesta a las preguntas de hoy.
Es decir, la Biblia respondía preguntas de hace más de dos mil años y que hoy ya no son las mismas las que nos interpelan, ¿Para qué necesitar a Dios como símbolo de luz, milagros y paz, cuando hoy tenemos electricidad, medicina y clonazepam?

Cabe entonces preguntar por el después: Si el concepto de Dios está muerto ¿eso nos empequeñece? ¿O acaso nos libera, y nos responsabiliza a cada uno de nosotros sobre nuestras decisiones y nuestros deseos para poder alcanzar un estadío superior como humanidad entera? (un guiño al final del Miracleman de Alan Moore)

Quizás se trate entonces de alcanzar nuevas y mejores escalas de valores morales, que tengan menos que ver con la vida de hace dos siglos atrás, y que al sacar el concepto de Dios de la ecuación, nos permitan afirmarnos en la vida que vivimos.

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