Invitados: Ed Brubaker + Sean Phillips, Frantz Fanon, Giorgio Agamben y otros amigos/as.
¿Porque entregamos nuestra potencia a los objetivos del poder? ¿Quién se beneficia y cómo se lo legitima? ¿Todo Poder que construye algo lo hace destruyendo otra cosa? ¿Hay ética en el Poder? ¿Él nos corrompe a nosotros o nosotros corrompimos su ideal?

¿Problemas de ansiedad por tener que elegir? ¿Siente que no le gusta tomar ninguna postura? ¿Le agobia su responsabilidad temas importantes?
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El Hollywood de mitad del Siglo XX demostró que un sistema (estudios, instituciones y personas) puede estar en su apogeo y agonía simultáneamente. Casi una versión Schrodingeriana (donde la gente está muerta y cogida al mismo tiempo) si no fuera porque la caja oscura que fue (¿y próximamente será?) la sociedad macartista y sus derivados ideológicos, brindó posibilidades infinitas para hacer sufrir a la gente. Magnates que sofocan a sus propiedades (actores, directores, guionistas), connivencia política y policial, “arregladores” de hechos bochornosos y obviamente, los pobres tipos y minas que luchan contra contratos leoninos, prostitución VIP, y la favorita del público: la Blacklist. Un listado de gente que se atrevía a pensar diferente, cuestionar el sistema, o que simplemente fueron acusados de tener ideas comunistas en plena paranoia conservadora. Sí, hace casi 100 años se tocaban las mismas canciones que suenan ahora.

The Fade Out es una joya absoluta, escrita por Ed Brubaker y dibujada por Sean Phillips, donde nos meten de lleno en el barro cloacal que describimos arriba. No es una historia de detectives, aunque lo parezca, porque acá no hay héroes, solo víctimas y victimarios que muchas veces se cruzan de vereda. Es casi una infografía de un sistema donde el poder opera en dos niveles que se retroalimentan: lo macro (el macartismo, el Estado que persigue "rojos", los empresarios que mercantilizan a las personas) y lo micro (las narrativas son controladas por terceros, el gobierno decide si podés trabajar o no, y por supuesto, quién vive y quién muere de forma profesional y literal). Charlie Parish, nuestro protagonista, es un tipo gris que escribe cosas que otros (con más huevos que suerte) le dan para que publique bajo su nombre, simplemente porque han sido blacklisteados y necesitan un mango, así sea entregando su dignidad por migajas. Algo de seguro interesante pero que resulta abrumadoramente superado cuando aparece muerta (a su lado) la estrella absoluta del estudio de cine para el que labura. ¿Quién lo hizo? ¿Por qué? ¡Charlie! ¡¿Que cagada te mandaste amigo?!
Cuando el Poder se ejerce sin pudor y la coerción es el lenguaje cotidiano, "trabajar para vivir" se traduce en "tragar mierda o morirte de hambre".
“...había algo en el aire que hacía que nos resultara más fácil creernos las mentiras.”
Fragmento de “The Fade Out”

Frantz Fanon decía, al explicar el colonialismo, que la tortura es una modalidad necesaria para los intermediarios del poder en las relaciones entre ocupantes y ocupados. El lenguaje es de pura violencia, y eso es exactamente lo que Brubaker muestra en The Fade Out: un sistema donde los estudios son el imperio y los artistas son los colonizados. Personajes como Brodsky son el envase perfecto del poder fanoniano, porque no solo se colonizan tierras, también sucede lo mismo con las ideas y con las narrativas. Los fixers del mundo no argumentan, no negocian ni persuaden. Son intérpretes del Poder que se expresan con amenazas, golpes y destrucción. Pero el núcleo está en la forma en que la historieta nos muestra legitimación, mediante la no-justificación. Este tipo de Poder, como el que sufre el querible pero patético Gil Mason, no se justifican, se ejercen. Y parte de su ejercicio es la desaparición física o simbólica de las personas, ya sea porque fueron chupados por la cana o porque son muertos sociales por cuestionar el mandato gubernamental.

Pero hagamos más quilombo y traigamos a Giorgio Agamben y su revitalización del término “homo sacer”. Voy a gambetear la explicación fidedigna (pero los invito a que busquen más sobre él) y tratemos de resumirlo como alguien que deja de ser protegido por las leyes de su país y su gobierno, como si esa persona ya no tuviera los mismos derechos que los demás. Esta idea del grosso de Agamben nos muestra cómo el poder puede dejar a ciertas personas sin dignidad o protección, como si estuvieran fuera de la sociedad y de sus reglas. Pero Brubaker le pega una vuelta de tuerca más cuando esas mismas personas son necesarias para el propio sistema de estudios, mientras son destruidos simbólicamente sin que eso sea un crimen. Pueden ser borrados, humillados, despojados de todo ¡y nadie va preso, nadie paga, nadie responde! y encima se siguen cogiendo a sus cadáveres productivos.
“La actriz principal había sido estrangulada. Se odió cuando lo primero que pensó fue: ¿que significa esto para la película?”
Fragmento de “The Fade Out”

El macartismo, o más acá la cultura de la cancelación, funcionan como un estado de excepción permanente, hasta que esa suspensión se convierte en la nueva normalidad. No desaparecen las leyes, sino que el Poder decide cuándo aplicarlas y cuándo no. La muerte de Valeria y su supuesta investigación oficial no buscan al culpable, buscan controlar la narrativa. Hay un concepto súper interesante que se refiere a esto, y es el de la necropolítica. Achille Mbembe explica que el poder decide quién vive y quién muere, quién merece protección y quién puede ser expuesto a la muerte. Pero ¿qué pasa cuando las personas son tratadas como propiedades? o peor aún ¿cómo analizamos el asunto cuando hasta la propia muerte es extirpada del destino, como a los que la Dictadura ha desaparecido?
Sobre Charlie, el protagonista, sobrevuela todo el tiempo el fantasma de lo que Rita Segato explicaba al decir que la violencia es también expresiva, envía un mensaje. Y ese mensaje está dirigido a las no-víctimas, a los otros: "Mirá lo que le pasa a quien se sale del libreto. Mirá lo que podemos hacer. Aprendé. Sé sumiso". Y lo brutal de este asunto está en cuando el comic que hoy elegimos plantea una sociedad con claros signos de envenenamiento porque todos asumen un rol, siguen un libreto social y ya se cuestiona porque “las cosas son así” y no de otra forma, de cualquier otra forma (¿o creían que la forma de presentar a los personajes era solo algo cool y vintage?). La normalidad de las vejaciones que sufren aquellos que quieren codearse con la fama (tengan la edad que tengan, situaciones aberrantes incluidas), y sobre todo su naturalización, es el peor espejo que nos podía regalar el guionista, en especial cuando los twist no nos causan “tanta” sorpresa.
“¿Suicidio? Pero eso no fue lo que… Se sintió enfermo, porque sabía exactamente lo que estaba haciendo la policía.”
Fragmento de “The Fade Out”

The Fade Out es una historia sobre el poder en su forma más pura, de cómo el poder necesita destruir sin terminar de destruir para que unos “otros” puedan seguir siendo señalados mientras “aquellos” siguen produciendo sin cuestionar. Ha pasado más de medio siglo del punto en que está situada la trama y seguimos buscando y señalando comunistas/socialistas/progresistas para que sean marcados, categorizados y perseguidos.
Brubaker y Phillips nos entregan una maravilla incómoda y sórdida, donde no hay una puta respuesta, pero a cambio nos regalan una de las preguntas más deliciosas que puede traer un comic: ¿Ya decidiste quién va a ser el que te gobierne la razón a cambio de apenas sobrevivir el día de hoy?


