La Mansión Wayne

Crisis on Infinite Earths no es una obra maestra, y quizás por eso mismo uno la ama todavía más.

Crisis

08/09/2020

| Por Bruno Magistris

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George Pérez on fire.

George Pérez on fire.

Crisis en Tierras Infinitas no es perfecta ni mucho menos. Trasdencente, shockeante, destructora y constructora de un universo con años de historia, sí. Pero una lectura que, al día de hoy, se hace sosa y aburrida.

Pero vamos por partes.

La primera vez que la leí, tenía alrededor de 15 años y la había conseguido en el Parque Rivadavia por la hoy increíble suma de 10 pesos (sí, 10 pesos). Era la mítica edición española de Zinco, compuesta de tres o cuatro revistitas sueltas, y dos tacos más que la completaban. En total 12 números.

Había escuchado hablar de ella en un ignoto cumpleaños en el que, oh mágico azahar del destino, había un comiquero (¿un comiquero perdido en una fiesta? Sí, a veces esas cosas pasan). El tipo estaba con una copa en la mano hablando con dos más, y mientras yo deambulaba buscando en qué entretenerme, escuché que el susodicho les dedía “…porque ahí no hay sólo un Flash, hay tres…”. Instantáneamente me detuve, sorprendido, y descaradamente me uní a la charla. Pareciera tenerlo delante de mí otra vez: el pelo algo desprolijo, los anteojos, la fascinación al hablar de un tema tan inexpugnable y extraño (aquellos días felices) para el gran público. Los que lo escuchaban tenían esa expresión entre “mirá vos” y “qué tipo raro” en los ojos, sin darle demasiada importancia a lo que estaban oyendo, pero yo estaba perdido.

Sospechando algo más allá.

Sospechando algo más allá.

Así que pronto la pude conseguir. En aquellos tiempos, mi conocimiento comiquero era bastante limitado, y la edición de Zinco se encargó de expandirlo con creces. Infinitas (cuac) notas hablando de personajes, grupos, mitologías y orígenes secretos de casi todos los personajes que pululaban por sus páginas. Todo muy completo, todo muy meticuloso, como la historia que Marv Wolfman y George Pérez intentaban contar.

¿Y qué pasa en Crisis? No creo que haya nadie que esté leyendo estas líneas y no lo sepa, pero básicamente es la reestructuración de un universo de forma armoniosa (en su construcción) para corregirlo, limpiarlo, resetearlo y empezar otra vez. Personajes, mitologías, tiempos alternativos, mundos diferentes y grupos enteros mueren de un plumazo tras la ola de antimateria que se abate sobre ellos. Una especie de nada blanca que se cierne sobre sus vidas, sobre la página, pero también sobre la historia del lector con aquellos amigos de tinta y papel que durante tantos años construyó y que desde el número uno se fue borrando, poco a poco, como si la antimateria también borrase momentos de su propia existencia.

Wolfman redundante.

Wolfman redundante.

Como idea, como concepto, la historia es redondita. Es muy original y hasta meta-textual, pero me animo a decir que esta condición de ser “meta”, a Wolfman le salió sin querer. Y digo esto porque no creo que el tipo haya tenido en mente intentar extrapolar lo que estaba contando hacia otro mundo, otro de los infinitos que pululan por sus páginas: el nuestro. Donde el Monitor vendría a ser el guionista, que conoce todo, que hace y deshace. Donde el Antimonitor podría entenderse como un editor inescrupuloso que lo único que quiere es borrar todo y empezar de cero. Donde los personajes parecen darse cuenta, por primera vez en la historia de DC, de que habitan un mundo mucho más grande del que creían. Donde empiezan a intuir que hay algo “más allá” y que sus vidas no están completamente dictaminadas por sus propias decisiones, sino que algún tipo de fuerza amorfa termina decidiendo por ellos, irremediablemente.

¿La mejor portada?

¿La mejor portada?

Digo que Wolfman quizás no pensó la historia en estos términos metatextuales, pero mientras lo escribo, lo dudo. ¿Quién sabe? Tal vez sí lo hizo, pero, al no ser un genio, no pudo plasmar esa genialidad en la ejecución de la página. ¿Por qué? Porque por todos lados hay redundancias, diálogos imposiblemente largos, personajes que hablan solos durante viñetas y viñetas que te dicen lo mismo que estás viendo, reiteraciones de conceptos.

No jodamos: “Crisis…” te puede gustar más o menos, pero nadie puede discutir que está bastante estirada. Recién en el número nueve o diez la cosa empieza a avanzar un poquito. Mientras tanto, todo parece girar en un torbellino de “Dios mío, qué está pasando” en el que héroes van y héroes vienen pero es poco lo que se resuelve o avanza.

Ahora eso sí, hay algo que no se puede criticar bajo ningún aspecto: la faz gráfica es demoledora. George Pérez es uno de los dibujantes más perfectos, detallistas y creativos de todos los tiempos. Todo es hermoso, todo es grandilocuente, todo es… simplemente bello. Uno de los placeres que te da la obra ya leída, es tener el libro en la mano y recorrer sus páginas una y otra vez para deleitarte con este dibujo, con aquella batalla, con tal o cuál portada. La faz gráfica es inobjetable, trascendente e histórica. Perez on fire.

3732ca1d75e10705ce5282d1511f2c8fPero, repito, intentar leerla hoy, no es fácil. Y no porque sea complicada o difícil, sino porque el estilo narrativo de Wolfman es de otra época, anterior a la modernidad de la que ya hablé en otro escrito.

Quizás, para endenderla mejor y extrapolarla a otros ámbitos, lo mejor sea conocer también a Grant Morrison (autor hiper-mega “meta”), y buscarle la vuelta por ese lado.

Empecé a escribir esta columna con la intención de no hablar tan bien de Crisis, de bajarla del podio en donde parece estar desde hace tanto tiempo. Pero a medida que fui pensándola y delineando estas palabras, no pude evitar ir para otro lado y terminar queriéndola todavía más.

Hay una frase muy buena que dice que uno no ama a alguien por lo que es, sino a pesar de lo que es. Y la idea de Crisis es una perlita de oro en manos de un orfebre que sabe no es el mejor en su campo, pero que deja la vida para pulirla y formarla y sacarle todo el brillo que pueda.

No es poco.

Mi idea original sobre esta columna entró en crisis y mutó completamente. Por suerte, no hay “demonios sombra” que se abatan sobre mi, o al menos, no del tipo que aparecen en la historia. Es que esta historieta tiene ese ingrediente mágico: no es una obra maestra, pero (y quizás por eso mismo) uno la ama todavía más.

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