La Mansión Wayne

En una librería de saldos, me topé con los dos primeros libros de Atticus Kodiak, la serie de novelas escrita por el gran Greg Rucka.

Rucka Rules

03/03/2020

| Por Bruno Magistris

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imagesHace un tiempo en una de estas columnas me atreví a recomendar, para el que todavía no hubiese llegado a su mundo, al escritor Greg Rucka.

Como dije, es uno de los GRANDES. La descose en (casi) todo lo que toca (y ese casi es debido a la infausta “52”, saga con tan grandes autores firmantes como tan poco resultado final). Pero tropezones los tienen todos (hasta el más grande Barbeta los tuvo), y una mancha en el historial no hace más que elevar las grandes obras que este tipo nos ha dado a lo largo de su carrera.

Llegué a él casi de casualidad, entrando por su etapa (junto a Ed Brubaker) en Batman (MUY recomendable), que continuó en la maravillosa Gotham Central, donde el autor le da rienda suelta a su veta más fructuosa: el policial negro. Y lo mecha con algo que el policial negro no suele tener en demasía: la emotividad, las relaciones interpersonales, el amor desmedido. Como ya también dije, en la infaltable comparación con el amigo Brubaker, si bien este último tiene más producción y renombre, no por eso (creo yo) es mejor que el compañero Greg. Son parecidos, pero Rucka te puede hacer llorar, Brubaker no.

Más allá de eso y de comparaciones que no aportan nada, lo cierto es que este autor del cual hablo cada vez me sorprende más. Pienso ahora en aquellos años en que DC se permitía tenerlo en un ongoing de Batman, y parece cuasi surrealista. A veces la editorial del murciélago comete esos “errores” de tener buenos autores y se distrae un poco, para volver rapidamente al pochocho abyecto.

Una portada sin grandilocuencias al pedo.

Una portada sin grandilocuencias al pedo.

Rucka se fue a Image, donde la rompe con Lazarus, y sigue creciendo día a día en esto de crear maravillas. Pero no sólo de comics vive el hombre. En el tomo 4 de los ómnibus de Grendel, está incluida una novela que escribió para el personaje. Ahí pela y demuestra que también puede escribir literatura, y cómo…

Así que ahí lo tenía yo al tipo, en un podio a cuya altura escalaba cada vez más, y me fui de vacaciones. Algunos tenemos todavía esa suerte: la de tener un restito para desenchufarnos del kilombo de la ciudad y mojar las patas en el mar. Aunque, claro, con mucho menos despilfarro económico y cuidando hasta el centavo en lo que uno compra o hace. ¿Comer afuera?, ni en pedo. ¿Ir a las termas? Si enganchás un 2×1, quizás, si no olvidate. ¿Comprar libros o comics? Mmm… alguna cosita se puede ver, pero muy poco. Caminando, encontrás librerías (cada vez más, lo que es bueno) que incluyen un amplio sector de venta a la historieta. Algunas, con los precios de acá (mil mangos un tomito de mierda, forget it); otras, con promociones de 2×1, o rebajas en el precio. Mirando, sopesando valores, intenté hacerme con alguna compra, pero lo que se podía comprar, eran comics viejos o de Before Watchmen (la cantidad que anda dando vueltas de eso es increíble) que no me llamaban para nada. Hice un acto de nobleza, y no gasté más de lo que mi hijo pudiera necesitar en alguna salida nocturna. Miré, ojeé, y me retiré en silencio de casi todas las librerías. Pero saliendo de una, casi de casualidad, vi en una mesa de salgo una novela cuya tapa ya tenía registrada de algún lado: “El Guardián”, de justamente Greg Rucka.

El horrible diseño de Norma.

El horrible diseño de Norma.

Investigando un poco, supe que el autor ha creado una saga de siete libros hasta el momento, cuyo personaje principal es Atticus Kodiak, un guardaespaldas serio, recio y duro al estilo John McLane (sin ser policía). En esta librería, tenían de saldo los dos primeros libros (“El guardián” y “El rastro”) ambos por la módica suma total de $250. Y bueh, pensé, si lo escribe Rucka no debe ser malo. Los compré, volví al depto a cenar con mi familia y, cuando Pedrito se durmió, empecé una lectura veloz para ver qué onda.

Y amigo lector… la sorpresa (o no tanta) fue increíble. “El Guardián” (“Keeper” en su idioma original) es una novela palo y palo. La trama es la siguiente: Atticus Kodiak acompaña a su novia a una clínica de abortos en Estados Unidos, donde la médica en jefe le pide, en una charla posterior, que sea su guardaespaldas. El revuelo que genera la primera clínica especializada en este tipo de operaciones es enorme en un país como el del norte, y las manifestaciones (pacíficas y hostiles, más de estas últimas) son cada vez más frecuentes. La mina teme por su vida y la de su hija (una nena con síndrome de down de la que te enamorás apenas aparece) y, dado que no confía ni en la policía, le pide a nuestro “héroe” que labure para ella, convencida de que al menos no está en contra de lo que ella hace para vivir.

Otra portada solemne, sintética y seria.

Otra portada solemne, sintética y seria.

De ahí en más, la historia es un sinfín de viajes en montaña rusa, donde cuando todo parece tranquilo algo explota (no literalmente sino en sentido figurado) y te pega un cachetazo que no te esperabas ni por casualidad. Como dije, palo y palo, sin pretensiones de ser “la gran novela (norte) americana” sino una historia que tranquilamente podría traspasarse al celuloide y ser el nuevo Jason Bourne.

Pura acción, emotiva, sorprendente. El final sucede literalmente en la última fucking página, dejándote con ganas de más y más.

Me encantó, la habré leído en tres días (en los momentos libres que un bebé puede dejarte).

Ahora, las críticas: en cuanto a la estructura en sí, me molesta la primera persona. Narrar un texto de esas características es genial si lo sabés llevar y hacerle olvidar al lector que justamente lo estás contando así, y Rucka lo hace, sí, pero le quita sorpresa al personaje principal, porque sabés que no va a morir porque si no ¿quién contaría la historia?. Pero, en fin, es un detalle menor.

Lo que sí es imperdonable es la edición de Norma. En esta nota aparecerán la portada original, y la que puso la editorial española. ¿En serio creen que una novela dura, jodida, con puteadas, sexo, muerte… puede tener una tapa tan pedorra, dibujada para el orto, con ese diseño de tipógrafía espantoso? Vamos gente, valoren un poco más lo que hacen. Esto no es “pa los pibes que leen historietitas”.

Otro bochorno gráfico.

Otro bochorno gráfico.

La traducción es bastante chota, y ni hablar de que Norma seguramente pensó que no le haría falta un corrector… ¿para qué, si es pa los pibes? Con UNA persona de la editorial que hubiese leído el texto, se podría haber mejorado y corregido cientos de errores tipográficos y gramaticales obscenos… pero bueno, sabemos con quién tratamos.

Más allá de todo, si tenés ganas de leer una historia poderosa, con personajes que te van a sorprender, conmover, y hacerte sentir que en el mundo todavía hay heroes reales, no dejes de conseguir esto.

Yo ya dejo de tipear para entrarle al tomo 2.

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