Mundo Morrison

En 1993, Morrison hace su debut en Image con una saguita de relleno en el título más popular de toda la industria.

Spawn: Reflections

22/02/2022

| Por Diego Accorsi

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RCO001_1468758914El Infierno del Grante

Si en 1993 hubiésemos tenido que apostar por el éxito de alguien, entre Spawn, Grant Morrison y Greg Capullo, seguramente la creación de Todd McFarlane se habría llevado todos los boletos. Nada era más grosso que Spawn en 1993. Tras haber arrancado con un número 1 por arriba del millón setecientos mil ejemplares vendidos, para 1993 McFarlane mete parte de la guita en artistas que lo ayuden a mantener el hype de su producto que se cae a pedazos en cuanto a guion, y en marzo del 93 tira magia Alan Moore (nº8), en el número siguiente aporta mitología Neil Gaiman, le sigue Dave Sim dando clase y al otro mes Frank Miller se aprovecha y se llena de guita por una historia de mierda, pero Mc sigue facturando fortunas. Tras la peor saga hasta el momento, para Diciembre el canadiense convoca a otro guionista que venía pisando fuerte: Animal Man, Arkham Assylum, Doom Patrol, Legends Of The Dark Knight, incluso Sebastian O para Vertigo, claramente, Grant Morrison era un nombre para convocar a salvarle las papas al ‘cara de Patty’ de Todd. Y entre los números 16 al 18, por primera vez en la historia del título, McFarlane no va a estar a cargo de nada. “Reflections” es una saguita de tres partes que funciona como fill-in entre Diciembre del ´93 y Febrero del ´94, con guion de Morrison, lápices de un cuasi ignoto Greg Capullo (hacía números sueltos de What If y Quasar en Marvel cuando Mc lo cooptó), tintas de Dan Panosian y Art Thibert, letras de Tom Orzechowski y colores a cargo del gran Steve Oliff & Olyoptics.

RCO021_1468657951¿Es esta una gran obra de Morrison? Por supuesto que no. ¿Es este un número típico de Spawn? Tampoco. ¿Es una bosta inenarrable típica de los ´90 en Image? Creo que no. Vamos a ver de cerca esta saga del gran Grant para tratar de encontrar algo rescatable, un poco de ‘olor a Morrison’, para ver si estafó a McFarlane y su público, o si realmente volcó ideas y talento a la serie más vendedora de esa década.

La historia comienza con unos militares que tras tirar una bomba atómica en el desierto de Nevada abrieron un agujero al Infierno y utilizando un material de esa dimensión llamado ‘psicoplasma’ materializan una ciudad surgida de los recuerdos de Al Simmons (Spawn). A ‘Simmonsville’ siguen mandando soldados a morir en pruebas del material infernal, porque está habitada por demonios menores, pero si bien es una buena idea, Morrison no la aprovecha más que para un cierre en el que Spawn la destruye y deja atrás sus memorias humanas. El protagonista llega a su tumba, la abre y está su cadáver posta, por lo que deduce que todo su ser es una construcción de psicoplasma (“necroplasma” la va a llamar Todd más adelante). ‘Oh, qué drama, ¿quién soy?’ y todo eso. Tampoco arranca por acá la historia. Morrison nos muestra una empresa a cargo de personajes celestiales relacionados con Angela (una creación de Neil Gaiman para el nº 9) que se contactan con unos agentes del Cielo en órbita para detener al ser demoníaco que es Spawn.

tumblr_oqnt2mmMej1urq8r1o1_1280Estos tipos abducen de la Tierra a Jason Wynn (personaje secundario rosquero relacionado con los militares de Simmonsville) y lo convierten en un receptáculo de energía dentro de un traje tipo sadomasoquista, el Anti-Spawn. Ahí desbarranca todo en un combate grandilocuente ‘imagesco’ entre Spawn y su Anti, donde incluso los mendigos del callejón lo ayudan al protagonista que los protege. ¿Quién gana? Y bueno, es un fill-in, no puede pasar nada muy relevante. Cierra con Simmons destruyendo la ciudad protoplásmica infernal, pero se guarda un recuerdo de un momento con su mujer y va y se lo desliza a ella en su mente.

Los dibujos de un Capullo principiante pierden en comparación con lo que venía desplegando McFarlane, pero la historia de Grant es mucho más llevadera que los números promedios del canadiense. La idea de la materia infernal, la ciudad hecha de recuerdos, los seres del Cielo como posibles creadores de enemigos para el Hellspawn protagónico… Hay varias cosas con olor a Morrison, pequeños aportes del escocés demente a la mitología de este abominable personaje, pero es más que nada, un Grant probando que puede salir de la oscuridad de Vertigo, de la locura de Doom Patrol y llegar a un público masivo para narrar una aventura más clásica, más simple.

Si en 1993 apostaste por Spawn, claramente perdiste. Capullo se convirtió en uno de los dibujantes definitivos de Batman, con un estilo personal, lejos de estos primeros achacos a Mc y compañía, Morrison trepó hasta convertirse en uno de los guionistas más importantes de la industria y el personaje de McFarlane se arrastra dando manotazos desde hace décadas de intrascendencia.

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