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NOTAS

The Invisibles Vol.1

Iniciamos el recorrido por la vida y las obras del genial guionista escocés, nada menos que con el primer tramo de The Invisibles.
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Martes 30 de octubre, 2018

En este maravilloso mundo hay un gigantesco laberinto. Su punto de inicio es confuso, sencillo pero enrevesado al mismo tiempo, con adolescentes irascibles y vagabundos chapita, con reformatorios controlados por fuerzas alienígenas y viajes astrales con ácido para convocar a John Lennon como una entidad mística. Este laberinto complejo parece que va a terminarse, pero se abre con todo y explota, se retuerce, se mantiene intrigante y renovado, pierde el rumbo y te lleva a una aventura impresionante, donde tu mente tiene que abrirse por los recovecos multigenéricos, metarreferenciales, caóticos y espectaculares. Porque si nos alejamos de este mundo y miramos el laberinto desde muy alto, las paredes, los senderos que se bifurcan, todo forma una mente: Grant Morrison.

En 1994, el guionista escocés que la rompiera en Animal Man y Doom Patrol no paraba de sumar guita en las cuentas bancarias por las reediciones de Arkham Asylum y decidió cumplir su sueño: ir a Katmandú y ser abducido por alienígenas. Su versión de la historia es que lo logró, y a la vuelta, decidió escribir un comic que contara todo lo que aprendió durante ese período. Así surge The Invisibles.

 «Este es el cómic que toda mi vida quise escribir -un cómic de todo: acción, filosofía, paranoia, sexo, magia, biografías, viajes, drogas, religión, OVNIs… podés hacer tu propia lista».

  “FUUUUUUUUUUCK!” arranca este Dead Beatles, el número Uno de la nueva serie de Morrison y es apenas un prólogo, una presentación de un adolescente rebelde, incorregible, frustrado, con ganas de destruir todo, que termina castigado en el reformatorio del horror, controlado por seres de otras dimensiones que desean reducir a la raza humana a siervos sin deseos ni voluntad. Pero aparece en escena King Mob, el líder revolucionario de una célula terrorista de Invisibles y lo libera, lo suelta en Londres y arranca otra historia.

La primera saga –Down and Out in Heaven and Hell (también con los dolientes dibujos de Steve Yowell)- muestra a este chico, Dane McGowan como un solitario indigente de Londres que es llevado por el viejo ciruja Tom O’Bedlam a conocer las otras realidades del universo y los poderes ocultos. Entre la incredulidad, las drogas y las revelaciones, Dane termina integrado como quinto miembro de la célula de Invisibles comandada por King Mob, bajo unas hermosas portadas de Sean Phillips.

Si hasta acá el dibujo era malo, la siguiente saga cuenta con lápices de una Jill Thompson fuera de su juego y tintas de Dennis Cramer para llevar a la serie a su peor momento. Durante las cuatro partes de Arcadia, estos Invisibles deben viajar astralmente al pasado, a la época de la Revolución Francesa, a reclutar al Marqués de Sade, mientras se entremezcla un asesino sin carne del presente que va tras sus cuerpos, la historia de Lord Byron y los Shelleys, la cabeza de Juan el Bautista como un oráculo templario y conocemos un poco más a los otros miembros del grupo: la telépata Ragged Robin, Boy y Lord Fanny, una travesti con poderes chamánicos. Proféticamente, el número siguiente se titula 23: All Things Fall Apart y es un epílogo a la saga anterior por el mismo equipo creativo. De vuelta en el presente, Dane se va la mierda, no quiere saber nada tras el enfrentamiento con el asesino, y el molino-máquina del tiempo es asediado por las fuerzas rivales que van a destruir a los protagonistas.

Hasta acá, Morrison está apenas dejando entrever de qué va la historia, a un ritmo extraño y debe recurrir a la magia tántrica del caos para evitar la cancelación del título. Desde el correo de lectores invita a su público a realizar un ritual masturbatorio enfocado en salvar a The Invisibles y claramente, de ahí en más, levanta muchísimo la puntería y las ventas. Y el nivel de los dibujantes, también ayuda. Los tres números siguientes son unitarios a cargo de Chris Weston, John Ridgway y Steve Parkhouse, con un Morrison dispuesto a demostrar que el universo de esta serie es mucho más que aventuras del grupo protagónico. Season of Ghouls se centra en un Invisible de Nueva Orleans, el haitiano Jim Crow, que al ser poseído por Papa Guedhe, se mezcla en el mundo de las drogas diseñadas para crear zombis, dioses escorpiones de otras dimensiones, empresarios corruptos que ocupan cuerpos de negros muertos y policías atrapados entre la ética y el horror.

Royal Monsters es una demostración exquisita de paranoia conspiratoria, narración soberbia y armado de universo. En un castillo de la realeza británica, Sir Miles –un noble garca que estaba tras Dane y luego intentó acabar con los Invisibles- tiene a un lovecraftiano heredero al trono de Inglaterra tras un espejo mágico, realiza caza de homeless y sabe que uno de sus mucamos trabaja para los Invisibles y va a destruirlo. Todo contado desde la óptica de este mucamo. Genial. Truculento. Desgarrador.

Best Man Fall cuenta a través de una tremenda diégesis fragmentada la historia de un guardia de seguridad que resulta ser uno de los ‘malos’ a los que King Mob mató en el nº 1 cuando liberó a Dane del reformatorio del horror. ¿Qué lleva a un tipo normal a convertirse en un esbirro armado de los hijos de puta de la conspiración de los Archons? Excelente.

Y arranca Sheman, una saga de tres partes –con la faz gráfica totalmente a cargo de Jill Thompson- saltando por entre la historia de Lord Fanny, el trava brazuca y su relación con la magia azteca, con un final escalofriante.

Viene London, el unitario con dibujos de Paul Johnson que nos muestra a Dane huyendo de la ciudad, tanto de los Invisibles como de Sir Miles y sus huestes, mientras le vuelven cosas que aprendió con el viejo loco Tom, que involucra los poderes de Jack Frost y alienígenas apocalípticos.

Arranca Entropy in the U.K., otra saga de tres episodios, centrada en el cautiverio de King Mob, con dibujos a cargo de Phill Jimenez y tintas de John Stokes, elevando el nivel del arte como nunca. Torturado e invadido psíquicamente por Sir Miles, King Mob deja ver parte de su historia. ¿Es el espía de ficción Gideon Stargrave, es el escritor de aventuras bizarras Kirk Morrison, es el polaco Gideon Starorzewski, es todos o ninguno? Lo tremendo es que Morrison mete demasiado de su realidad en este personaje y la ficción se lo devuelve: parte de la tortura contra King Mob afecta al escritor escocés y una especie de cáncer le aparece en la cara, igual que las deformidades al torturado líder de los Invisibles. Los demás miembros del grupo se mueven para rescatar a Mob y Fanny, pero los enemigos más poderosos, los Perdidos, unas entidades de otras realidades entran en escena.

Un alto en la acción en el unitario How I Became Invisible, que narra la trágica historia de Boy, la ex policía afroamericana, con muy buenos dibujos de Tommy Lee Edwards. Liverpool marca el intento de regreso de Dane a su vida anterior y de Paul Johnson a los dibujos.

 

Las siguientes tres historias giran en torno al rescate de King Mob, pero no tienen un título que las agrupe. Las tres cuentan con el pobre dibujo de Steve Yowell, ahora mejorado por las tintas del veterano ejecutivo de la DC, Dick Giordano. Con Jack Frost, Mr. Six y Jim Crow, los Invisibles van al rescate de su líder, pero para ello deben enfrentar horrores de otras dimensiones. Jack pela mucha chapa, pero el grupo debe huir del Reino Unido.

Termina lo que Morrison llamó el Libro Uno, con un unitario a cargo de Mark Buckingham y Mark Pennington protagonizado por Mister Six y la División X. El regreso de la división de asuntos paranormales presenta a Mr. Quimper, un maquiavélico ser enmascarado con extraños poderes, y abre juego a seguir con el plot del heredero de la corona de Royal Monsters que oculta Sir Miles.

Por supuesto, esto no es más que un lavadísimo resumen de los 25 primeros números de esta magnífica serie que recién está empezando y tiene muchísimo sembrado para seguir cosechando en los volúmenes que siguen. Porque no nos olvidemos que acá estamos a mitad de la década del ’90, cuando Image reinaba y la Wizard dignificaba, donde los dibujos estridentes y el holograma de la tapa definían qué título vendía más. Con todo en contra, Morrison se arriesgó a romper el molde desde este rinconcito-trinchera que era Vertigo y montado en la práctica de la magia caótica y desplegando todos sus mambos particulares, se embarcó en este viaje por su mundo personal, al que volveremos a visitar para seguir desentrañando la conspiración de Los Invisibles.

“Bueno, el «wankathon» [el ritual colectivo de masturbación como forma de recarga mágica global para salvar de las bajas ventas a The Invisibles] siempre aparece en las conversaciones, imaginate. ¡Jill Thompson dice que fue lo que me mandó al hospital!”