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NOTAS

Omaha the Cat Dancer

En los años ´80, en el Estados Unidos hiper-conservador de Ronald Reagan, Reed Waller y Kate Worley proponen un comic de funny animals que cogen, repleto de personajes femeninos con deseo sexual sin vergüenza ni tabú,
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Martes 30 de junio, 2026

Creo que vi un lindo gatito

Hay una pregunta que me hago cada vez que alguien desprecia el comic erótico: ¿Tenés idea de lo que cuesta hacer porno con argumento?
No hablo de meter una subtrama de un plomero, alguien que trae una pizza o que viene a arreglar un electrodoméstico, todo a los pedos y en dos páginas para justificar la escena de acción. Hablo de construir un mundo donde los personajes tienen historias previas, traumas, relaciones que se rompen y se recomponen, enemigos políticos, y encima (sí, aparte de todo eso) cogen con la misma pasión que vos o yo, pero también con la misma naturalidad con que se toman un café. “OMAHA The Cat Dancer” es esa obra.

La ausencia de sentido entre el meta y ponga se ha visto muchas veces, porque la trampa del desbalance y la tentación de ir a los bifes es muy grande. Se requiere un talento específico que la industria del comic erótico rara vez tuvo, y cuando apareció, casi nadie se enteró. Pero desde acá vamos a intentar que los nombres de Reed Waller y Kater Worley lleguen a nuevas bibliotecas.

Cats: ¡El Pornomusical!

OMAHA nació en 1978 en las páginas de Vootie (un fanzine de funny animals fundado por Reed Waller), de ahí saltó a Bizarre Sex de Kitchen Sink Press, y tomó forma de comic book recién en 1984 en SteelDragon Press. Pero la publicación regular llegó en 1986 (¡qué año del carajo para los comics!), también por Kitchen Sink, que editó 20 números hasta 1994 y luego en Fantagraphics hasta 1995. Los capítulos finales aparecieron en 2006 en la revista Sizzle. Una historia que tardó casi 30 años en llegar a su fin… Sí, una “comic-novela” porno que duró casi una vida y donde sus autores dejaron la suya en ella ¿casi literalmente?

Dije antes que el creador fue Waller, quien concibió al personaje inspirado en Fritz the Cat de Crumb: animales con cuerpo humano en situaciones sórdidas, picantes, jodidas y políticamente irreverentes. Crumb le ponía a Fritz el disfraz animalesco para hacer sátira política con sexo incluido. La movida no era nueva: Massimo Mattioli (el artista italiano, no el Matioli cantante de cumbia, Dios lo tenga en la gloria) hizo algo parecido pero mucho más violento y mala leche con Squeak the Mouse, una especie de parodia de Tom y Jerry que metía porno y gore sin filtro (de ahí se choreó todo Matt Groening para Itchy & Scratchy, o Tomy y Daly en Hispanoamérica​). OMAHA arrancó del mismo territorio under, con la misma jugada de "los personajes son animalitos, no personas reales" para zafar no solo de la censura, sino también como escudo ante el conservadurismo judicial. OMAHA estuvo en el ojo de la tormenta de la censura en EEUU e Inglaterra. Hubo redadas en comiquerías y juicios por obscenidad, pero el argumento (dicho por los jueces de la época) fue que relaciones sexuales que tenían los personajes antropomórficos formaban parte de "una subtrama incidental a la trama principal".

Vale aclarar que en OMAHA no hay pelaje “de verdad”. Nada de los hocicos detallados de Blacksad ni la densidad fetichista de la corriente furry moderna. Los personajes son, a todos los efectos prácticos, personas con orejas de animales, alguna que otra nariz modificada, o que tienen cola, pero básicamente son cuerpos humanos reconocibles con sus expresiones faciales de drama adulto. Pero OMAHA es también el nombre artístico que adopta nuestra gatita stripper, la protagonista, que dicho de otra manera, podemos pensarla como la Catwoman con la que fantaseaba Frank Miller: la que garcha y elige con quién, trabaja en la industria para adultos, sufre, te enamora y sobre todo se la recontra banca (nada que ver con la que le calienta la pava al dormido de Batman).

Las Gatitas de Worley

Es cierto que en este género, casi siempre gana el dibujante. El ojo va al cuerpo antes que a la palabra. Waller dibuja sensual pero cálido, no hay sombras dramáticas ni anatomías imposibles: es más bien un trazo limpio, pero aplicado a una gatita que coge, llora y se enamora. Ni en pedo son los cuerpos hiperbólicos de Serpieri ni la línea arquitectónica de Crépax. Es algo más cercano a lo cotidiano, lo que puede no tener el impacto erótico-visual de otras obras, pero también es cierto que la calentura es tremendamente subjetiva. Pero Waller tiene algo que los otros no tienen: balance. No se puede tener todo, y la diferencia con otros autores es que, después del primer arco, el creador reconoció que la historia que quería contar, sobre mujeres y libertad... no era él quien la tenía que escribir.
Ahí entró Kate Worley (que fue pareja durante muchos años de Waller) para hacer magia.

Lo que estamos leyendo cuando leemos OMAHA es, principalmente, el alma y la mente de Worley. Ella tomó lo que era una anécdota básica y pajeril ("una parodia porno goofy" en palabras de Harlan Ellison) y, decidida a  aportar una voz distinta a una sociedad que todo el tiempo buscaba silenciar a la mujer, la convirtió en historia adulta de verdad. Hay personajes bisexuales presentados sin vergüenzas ni parafernalias o personajes gay construidos con una humanidad que en 1986 era directamente invisible en el mainstream. Worley es la verdadera genia detrás de tramas con muchos ovarios y mucha sensibilidad, que tocan el aborto, la corrupción política, las relaciones de poder entre géneros o el trabajo sexual como elección, sin que nada de eso suene a clase de educación cívica. Son temas que hoy resulta casi imposible de imaginar, y ella hace varias décadas atrás lo hizo anclado en personas (bueno… ¿animales que te cogerías?) que uno termina por querer o detestar por múltiples razones.

Sexo, Mentiras y Ronroneos

El circulo de artistas del comic erótico, si uno juntara a casi todos sus creadores en una habitación, sería una huevería o una salchifest, lo cual no es ni bueno ni malo, sino más bien el estado natural de un género que históricamente se pensó para y desde una mirada masculina. Por eso cada vez que una mujer entra a la ecuación, el resultado cambia. Si Ana Miralles le dio a Djinn algo que Jean Dufaux solo hubiera esbozado, Kate Worley le dio a OMAHA el alma y la vida a unos simples dibujos que había hecho Waller. El trabajo de estas artistas allanó un camino muy áspero y muy cuesta arriba, que hoy continúa Paula Boffo desde Argentina con Satén Rosa Rosa (una obra que aplaudo), algo que en otro momento hubiera sido impensado siquiera como proyecto o como idea en la cabeza de artistas y editoriales.

El feminismo es un movimiento amplio, con corrientes que a veces discuten muy fuerte entre sí (no voy a hablar de ese detalle en este espacio), y creo que separar "fantasía masculina" de "fantasía femenina" como si fueran compartimentos estancos es, en el mejor de los casos, una lectura arcaica del deseo humano. Lo que importa es que haya espacio para todos y para todas, y que las obras se lean en su contexto. El contexto de OMAHA es 1986, el Estados Unidos hiper-conservador de Ronald Reagan y, en ese marco, ella logra construir personajes femeninos con deseo sexual sin vergüenza ni tabú, personajes queer con dignidad y un mundo de personas que eligen vivir su vida sin pedir permiso, algo que -sin exagerar- era un acto político.

La publicación se interrumpió varias veces: Worley tuvo un accidente de auto y Waller fue diagnosticado con cáncer en 1991, momento en que Alan Moore, Frank Miller y Neil Gaiman, entre otros, contribuyeron a un libro de beneficencia (Images of Omaha) para pagar su tratamiento. lo cual dice bastante sobre la dimensión que tenía esta obra incluso con su bajo perfil. En 2002, cuando los dos retomaron la historia, Worley fue diagnosticada con cáncer y esta vez ella no lo pudo superar. Murió en 2004, a los 46 años, sin ver el final. Su marido de ese momento, el escritor James Vance, terminó los últimos capítulos a partir de sus notas.

Kate Worley dejó la vida real creando vidas ficcionadas, que generaron deudas artísticas que probablemente nunca vamos a poder rastrear del todo. Por ejemplo, cuando Terry Moore armó Strangers in Paradise (ese costumbrismo de mujeres complicadas con vidas complicadas que tanto nos gusta), es difícil no preguntarse cuánto de eso viene de haber respirado el mismo aire que OMAHA.

Hoy podemos leerla y rescatarla. OMAHA The Cat Dancer crece muchísimo a medida que uno le da paso, donde cada historia uno tiene más argumento, más personajes reales y más sexo adulto sin vergüenza del que van a encontrar en la mayoría de las cosas que leyeron hasta ahora.

Es porno con argumento. Cuesta hacerlo. Kate Worley se lo regaló al mundo.