Papa Fina

Últimas recomendaciones del año, con tres títulos de un impacto impresionante.

Papa Fina

05/12/2023

| Por Gonzalo Ruiz

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Última Papa Fina del año, últimos tres libros para recomendar. Una edición “especial”, porque da la casualidad que estos comics que leí, se convirtieron en las tres mejores lecturas que tuve este año. Así que si tenés que comprar un solo comic para poner en el arbolito, yo diría que vayas sin miedo por algunos de estos tres que, encima, se editaron acá.

En el rubro de mejor lectura extranjera, el mejor comic del 2023 es Monica (2023, Fantagraphics, publicado acá por Hotel de las Ideas) del ídolo eterno Daniel Clowes, que publica otra novela gráfica larga después de siete años. Podría decir que Monica es un Clowes puro, porque todas esas influencias que se ven dentro de las historias serializadas en Eightball aparecen acá, de una forma más estilizada si tenemos en cuenta que hay casi 40 años entre esa antología y este libro. Un Clowes más maduro, sin embargo, no significa más controlado o “en el molde”, sino reflexivo: alguien que aplica la mirada curtida de un hombre que tiene 62 años y que tenía 55 cuando empezó con este comic. Eso reflexivo se ve en Monica, la protagonista, una chica que emprende un viaje que pasa por la historia de su vida (y además atraviesa las décadas del ´60 en adelante, hasta la actualidad). Un viaje introspectivo para saber quién es y, de un modo u otro, según quién quiera verlo y cómo, un viaje por la historia moderna de Estados Unidos. Para el autor, es un libro que trata “acerca de todo”. Algo que también se aplica en su estructura de historias cortas que, juntas, forman un mosaico que explica “la vida de Monica”. Cada historia tiene un enfoque e incluso un género distinto.

Como en una telenovela, son varios los personajes que tienen su momento de importancia, aunque todo gira en torno a Monica. Como en Twin Peaks, aunque sin incurrir en asesinatos o en mitología aborigen. Pero sin embargo, como en la serie (o en casi cualquier producto) de David Lynch, los detalles importan y a veces son más importantes que la trama en sí. El hecho de ir y venir en el tiempo y con distintos personajes que aparecen y reaparecen cuando uno menos lo espera, hace de la lectura, si bien no muy extensa (son 106 páginas), sí densa. Clowes, como el cineasta, te pega el volantazo cuando menos te lo esperás y hace que todo sea, por un rato, confuso. Hasta que volvés a entender qué pasa y retomás el disfrute. Porque, en definitiva, es una historieta muy disfrutable. Monica sólo te pide a cambio un par de horas de tu tiempo, y además te pide que la vuelvas a leer una vez más, dos si hacen falta. No es un libro pensado para leer en el momento y pasar a otra cosa. Estás entrando en un mundo donde el hippismo, Ron L. Hubbard y una radio que permite hablar con fantasmas se dan la mano. Como siempre, Clowes hace del delirio y del ridículo una mezcla perfecta, un género propio, clowesesque.

 

Ahora sí, vienen dos historietas nacionales. Sigo en Hotel de las Ideas porque quedé absolutamente conmovido por El Animador (2023) de El Artista Antes Conocido como Juan Saenz Valiente, hoy Juanungo. A diferencia del anterior, esta es una historia más chica, más cercana y humana, y en cierta forma basada en un hecho real. Nazareno es un animador, un artista dedicado a la producción audiovisual que está con cuidados paliativos producto de un cáncer. Para ayudarlo en sus últimos momentos, unos amigos contratan a un enfermero, el verdadero protagonista. Es un libro difícil por dos aspectos: uno, si obviamente tenés o tuviste un familiar enfermo o muerto de cáncer, te lleva puesto. Y dos, Nazareno (“Neno” le dicen) es terrible hijo de puta. Un tipo duro que está más negado a morir que resignado, y le hace la vida un toque difícil al enfermero. Si bien la cosa termina por aflojar, es imposible no sentir compasión por el pobre enfermero que, además de ser pasivo ante las agresiones de Neno, es absolutamente macanudo, más bueno que Lassie dopada y con bozal, que encima tiene sus propios asuntos con los que lidiar. Por otro lado, Neno es un personajazo, incluso cuando es un sorete. Un apasionado que ama su trabajo y vive para él, hasta las últimas consecuencias. Te duele verlo sufrir incluso cuando se le pone de culo al enfermero y sus colegas de trabajo. Así y todo, la relación entre enfermo y enfermero funciona a la perfección, estas todo el tiempo esperando el momento en que Neno afloje y sea más copado con el pobre pibe que le sostiene el papagayo. En el medio, se explican tantas cosas de la animación práctica que es imposible no coparse con esos momentos, incluso hay dos ejercicios de formalidad narrativa que mejor no contar, así se ceban cuando agarren el libro físico.

El nivel de data es tan preciso porque la historia está basada en el papá de Juan, Rodolfo Saenz Valiente, animador de oficio, que también sucumbió al cáncer hace varios años y tuvo un enfermero privado con el que no terminó bien. Rodolfo (alias «Rufo»), en sus últimos años, se dedicó a armar un libro sobre animación que resultó ser un manual de enseñanza clave (según los que saben) de la animación. Sin embargo, Neno no es 100% igual a Rufo: Juanungo se toma algunas licencias poéticas, capaz para no pegarse demasiado a la historia (o sea, no esperen un cameo de Juan). Hablando de licencias, acá Saenz Valiente cambia de registro por completo. No se parece al realismo de “La Sudestada” o el cartoon de “El Cómics”. Para empezar, todo está a lápiz, no hay tintas ni colores, las texturas y los grises están hechos todos con lápiz. Y el estilo está sintetizado, y así y todo mantiene su obsesión por los detalles urbanos (el enfermero vive en el glorioso Lugano 1 y 2, y los monoblocks y sus entradas son idénticos a los reales) y por los equipos de trabajo. Obra maestra le queda corta.

 

Y cierro con un debutante, alguien que de la nada cayó con una historieta larga que es una bomba atómica. Meté peronismo, funny animals, ciencia ficción, retrofuturismo y Evangelion en una licuadora, y te da como resultado La gran estaca (2023, Loco Rabia) de Tony Ganem, quien empezó a desarrollar esta obra en la Maison des Auteurs de Angoulême, Francia, en 2018. Quizás lo recuerden por ser parte de la troupe que hizo esa gloriosa antología llamada “La Liga del Mal”. Todo empieza en 1936, cuando de la nada se abre un portal en el cielo de Buenos Aires del cual sale un bicho… que es empalado automáticamente por el Obelisco. De golpe se convierte en una costumbre ir al centro de la Ciudad para ver como, cada tanto, aparecen criaturas que resultan empaladas… hasta que deja de ocurrir y, por supuesto, todo se va al carajo. Un empresario financia a una ingeniera para que arme unos robots encargados de hacerle frente a los colosos, y necesita pilotos.

Tony aprovecha para que cada personaje sea unidimensional y refleje un tropo: está el inseguro, el canchero, la chica que quiere triunfar en un mundo machista, el depresivo que no se halla… todas personalidades que chocan entre ellas y que necesitan hacer concesiones para triunfar en el conflicto. Podrá ser algo redundante o ya visto, pero dentro del contexto en el que se desarrolla la historia, eso es lo de menos: lo original está en todo lo demás: en una Buenos Aires de los años ´50, habitada por animales antropomórficos donde la idea de la unión entre todos también es una metáfora bien peronista.

El dibujo es una fiesta. El estilo, la paleta de colores, la onda, la elasticidad de los personajes, todo es perfecto. La mezcla del respeto por la arquitectura porteña (todos los escenarios son reales, más allá de lo fantasioso) y los animalitos chillones, que resaltan como si fuera un dibujo animado moderno funciona a la perfección. Realmente es un goce ver este tipo de libros, que se tomaron su tiempo en hacerse porque el resultado final lo amerita. Ojalá no tengan que pasar otros cinco años para ver a Tony Ganem con otra novela gráfica, porque te quedás con ganas de ver qué otro tipo de historias es capaz de contar. Su versatilidad es notoria tanto en el dibujo como en el guion, que pasa por estados de drama, comedia y acción en sus justas medidas, al punto de tirarte volantazos que te hacen comer la curva.

Tres libros… qué digo libros, librazos, que ojalá puedan leer pronto porque la van a pasar más que bien.

 

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