Tommy Tommy Tommy! Huevo Huevo Huevo!
Algo tienen los dibujos de Tom of Finland, que cuando se te presentan por primera vez, sentís que es una cosa tremendamente cercana, como presenciar un recuerdo que siempre estuvo ahí afuera. En mi caso, una parte de él tenía elementos ajenos y lejanos, de otro código y de otra tribu, pero que al mismo tiempo ya había presenciado antes, en otras cosas, en otros formatos y otros envases. Y sobre todo, tenían una fuerza gráfica tan apabullante, que la orientación sexual de lo que estaba mirando pasaba a un segundo plano instantáneamente.

Tipos enormes, hiper-masculinos, con ropa apretada hasta los huevos (literal), con uniformes de todo tipo que marcaban cada músculo como si la ropa hubiera sido pintada encima del cuerpo (¿como los X-Men de Jim Lee?), y claro, también los había con el torso al aire y pinta de que te cagan a trompadas o a besos en cuello (“Batman de Neal Adams” y su pelo pecho… ¡te estoy mirando a vos!). Sin dudas que algo llama la atención: Unas pijas descomunales que desafiaban cualquier centro de gravedad, pero sin ser exageradamente cartoon, y todo esto dibujado con una precisión que te hacía pensar en que ese tipo dibujado existía en algún lugar del mundo, porque cada trazo era una lección magistral de anatomía.
Pero eran mucho más que músculos y bultos, la mayoría de ellos tenía un rasgo tremendamente distintivo: Sonrisas de oreja a oreja, algunas mas picaronas que otras, es cierto… pero acá no había lugar para la culpa, la vergüenza ni el pedido de perdón: estos tipos la estaban pasando bomba y vos eras el invitado a mirar.

El padre de la criatura era el finlandés Touko Valio Laaksonen (1920-1991), que como cualquier superhéroe, tenía una doble vida: de día era un publicitario en McCann-Erickson, pero de noche dibujaba leñadores con vergas de 25 centímetros. Esa doble vida no era un capricho, era supervivencia. Porque no solo te miraban como un sodomita, sino que además en la Finlandia de posguerra (como en gran parte del mundo) la homosexualidad era un delito, y el arte erótico gay era directamente contrabando. Pero el tipo tenía una pasión irrefrenable y en 1957 mandó unos dibujos a Physique Pictorial (una revista yanki pionera que disfrazaba al porno gay de "cultura física") que firmó simplemente como "Tom".
Nació Tom of Finland, y el mundo del erótico masculino nunca más fue el mismo.
Machos eran los de antes
En los ´50, y si eras gay y querías ver algo que te representara, tenías las revistas de Bob Mizer y su Athletic Model Guild: tipos en con poca ropa que posaban como si fueran atletas griegos, porque mostrar un pito erecto era ir preso. Todo era evasivo, código, guiño o eufemismo visual. El homoerotismo vivía escondido detrás de la "apreciación del cuerpo masculino" como excusa legal. En ese contexto, aparece Tom con dibujos de tipos que no solo están en bolas, sino garchando felices de la vida, con una sonrisa que para algunos puristas era casi más transgresora que la pija en sí. Por un lado, eso fue una bomba nuclear para una generación entera de hombres que vivían su deseo en secreto, pero también para una sociedad occidental que trataba la identidad sexual como enfermedad mental.

No era el primero, pero acá viene lo que hace grande al finlandés más allá del contexto: el hijo de puta dibujaba como los dioses. Tom trabajaba casi exclusivamente en grafito y con eso lograba unos degradados, unas texturas de cuero y unas anatomías exageradas pero creíbles que te dejaban la boca abierta y pidiendo más. No era un dibujo choto, era ilustración de primer nivel, con una capacidad técnica enorme, a la altura de cualquier maestro académico. La diferencia es que el tipo decidió usar ese talento para darle vida (en el arte) a sus fantasías, y dibujar penes, pectorales, culos y uniformes ajustados en vez de un campo de lirios. Y como él mismo decía: "Si no tengo una erección mientras dibujo, sé que no es bueno".
Pero lo que me resultó más intrigante es algo que mencioné más arriba, porque los personajes de Tom tienen algo que los separa del porno genérico: están contentos. Sonríen, disfrutan, no hay culpa, no hay tragedia, no hay vergüenza de ser quienes son, y mucho menos hay castigo moral por coger entre ellos. Era la fantasía dentro de la fantasía, era romper con un mundo que los despreciaba por existir, para entrar a un ambiente donde lo pasaban mejor que nadie. Esa alegría, ese orgullo y ese festejo es para mí es casi tan subversiva como el sexo explícito. Robert Mapplethorpe dijo que la imagen del hombre gay actual, en cuero y uniforme, tiene una relación directa con Tom of Finland, y así como con él, también tuvo un impacto en toda la movida de la época, y así es como logró que tipos como Andy Warhol fueran a su primera exhibición en Estados Unidos. No eran fans: eran colegas que entendían que lo que estaba haciendo era arte, les guste o no a los mojigatos conservadores, de cualquier época.

Una flor que se devoró su propio jardín
En 1968 creó a Kake, la imagen icónica que tenés del encuerado, bigotudo, y con una remera blanca que decía "Fucker" (por si quedaba alguna duda), y le armó una serie de 26 episodios que se publicó hasta 1986. Primero por la editorial danesa DFT, después por Revolt Press desde Suecia, y finalmente por la Tom of Finland Company que cofundó con su compañero Durk Dehner. Son historietas cortas, de unas 20 páginas cada una, donde Kake viaja por el mundo y coge con marineros, cowboys, policías, obreros, mecánicos y todo uniforme que se le cruzara, porque si hay fetiche, que se note. Si Druuna era la puerta de entrada al genero porno y erótico para el pibe hetero (que como yo, escondía los tomos abajo del colchón), Kake era lo mismo para el pibe gay que ni siquiera podía esconder nada, porque el solo hecho de tener esos dibujos podía hacer que los padres lo metieran en un campo religioso de reeducación sexual para desviados (sí, eso existe, hasta hoy en día).
Es cierto que el dibujo de Tom es más conocido por sus dibujos sueltos, pero las Kake son mucho más que la ilustración libre. Acá se narra, se construyen secuencias, hay timing en las escenas sexuales y las viñetas fluyen con una aparente economía brutal: muy pocas palabras, mucha… acción, y un manejo del blanco y negro en grafito que te hace sentir la textura del cuero sin necesidad de tocarlo. Y si aún pensamos que esto es "dibujitos porno descartables": Tom of Finland está incluido en la colección permanente del MoMA de Nueva York, en LACMA, en el Art Institute de Chicago y el Kiasma de Helsinki. Desconfío de que algo tan carnal necesite credenciales así de potentes, pero es una muestra de que el tipo se puso solito entre los artistas más influyentes del siglo XX.

Estamos hablando de inventar un lenguaje visual para hombres gay que no existía, porque antes de él, la imagen predominante del homosexual era afeminada, débil, patética. Pero Tom dijo "esto somos, esto es nuestro, y lo hacemos mejor que nadie" y creó un arquetipo masculino, orgulloso y sexual que una generación entera adoptó como identidad. El "gay clone look" de los ´70 (bigote, campera de cuero, jeans, botas) que se puede ver en películas mainstream como “Cruising” de 1980, dirigida por William Friedkin y protagonizada por Al Pacino (¡El Exorcista se garcha a El Padrino!) sale directamente de sus dibujos. El tipo que dibujaba obreros, policías y motoqueros para calentarse… terminó por definir cómo se visten (y cómo se desean) millones de personas.
La Polla de tu hermana
Tom of Finland es la prueba más brutal de que el erotismo dibujado puede cambiar el mundo. No metafóricamente: literalmente. Y lo hizo con un lápiz de grafito, una hojita de papel, un talento descomunal y, sobre todo, las pelotas del tamaño de una sandía para publicar lo que quería cuando hacerlo era jugarse la vida.
Tom of Finland es una invitación: a lo prohibido, al placer, a la exploración, a dominar, a ser dominado, a la repulsión religiosa o a la fascinación artística. El arte no pide permiso, ni a los otros ni a uno mismo, y desde el comic, pudimos cambiar el mundo, no con un erotismo sin género, sino con una pornografía con identidad.



