Wilson Severino es una de las leyendas del Ascenso del fútbol argentino y no caben dudas que se ganó ese título. Los fanáticos del fútbol lo van a recordar como el delantero goleador de Atlas: La Otra Pasión, el famoso reality que se emitía por la pantalla de Fox Sports hace años atrás y que ahora sale por DSports. Pero no solo es eso. Tuvo una vida ligada al Ferrocarril, fue trabajador en andenes mientras se convertía, quizás en una de las estrellas más importantes del mundo del ascenso en toda América Latina. Los años pasaron para el nueve del emblemático Néstor Retamar que hoy sigue trabajando de ferroviario, pero cumplió sus sueños en el fútbol y quiere seguir alcanzando metas.
Ahora el goleador histórico del "Marrón" de General Rodríguez se codea con los grandes. Es parte del Senior de River Plate después de enfrentar al "Millonario" en la Copa Argentina y juega con Ariel "Burrito" Ortega, Alejandro "Chori" Domínguez y Rodrigo Mora, entre otros. Pero para llegar a eso tuvo que recorrer un larguísimo camino que incluyó desde vivir en un vagón hasta limpiarlos, pero siempre con el objetivo claro. Horas de viaje lo separaban de su casa, el trabajo y el club, pero todo dio sus frutos y lo contó orgulloso en diálogo con El Destape.
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La actualidad de Wilson Severino como dirigente de Atlas y su paso como jugador
- ¿Qué diferencias sentís de ese histórico goleador al actual dirigente?
Es un presente muy distinto al de cuando era jugador. En ese momento no entendía dónde encontraba la pasión un dirigente si la verdad está adentro de la cancha. Hoy estoy descubriendo eso y en cada detalle o cosita que pasa encuentro sensaciones que me hacen ser parte de un equipo de trabajo en el club con gente que tiene una idea en común y labura para hacer crecer al club. Es lo más parecido a construir tu casa o arrancar un proyecto. Se siente así.
- ¿Qué se siente ser dirigente después de todo lo que lograste en Atlas?
Es difícil. Voy a ser crudo a lo Wilson, como siempre. Me toca ser el goleador histórico de este club, el que ganaba el mejores viáticos y hoy me siento a arreglar los de los jugadores. Qué complicado es. Por que digo... '¿Vos querés ganar eso? Sabés las cosas que yo tuve que hacer en este club y ahora vos me lo venís a pedir. No sé si vas a funcionar'. Siempre me pongo del lado de lo que me pasó como jugador y trato de negociar los viáticos así. Se me complica un poco porque no dejo de ser hincha de este club. Tiene su lado bueno y malo, tengo que saber desenvolverme mejor.
Yo como jugador sabía las cosas que pretendía del club que no me llegaban. Hoy trato de ser dirigente de ese Wilson. En su momento reclamaba cosas que estaban o no. Ahora les quiero dar las comodidades para que se puedan enfocar y entregar todo por Atlas. Trato de ser el dirigente que les facilita todo en los partidos y en el día a día de los entrenamientos.
- ¿Cómo llegaste a Atlas?
Gracias a Retamar. Él andaba atrás mío cuando jugaba en Central Ballester, me trajo a un club al que le hice un gol para mandarlo al descenso cuando tenía propuestas de equipos de la B Nacional. Supo por dónde entrar y me convenció de venir a este club. Hasta (Ricardo) Caruso Lombardi me llamaba y se enojaba cuando no le contestaba. Lo felicito por el trabajo que hizo él hacia mí. Logró un objetivo que era muy difícil en ese momento. Tenía una visión de lo que iba a ser Atlas y lo consiguió.
- ¿Cómo fue todo lo previo a jugar en Atlas y convertirte en lo que sos?
Hace 23 años que trabajo en el ferrocarril. Sigo activo en la Unión Ferroviaria. Entré de limpieza y era el goleador de Atlas, el jugador que en ese momento estaba en su máxima expresión. Me levantaba a las 5 de la mañana y a las 6 estaba baldeando baños de las estaciones. Salía de ahí desde Buologne, tenía dos horas y media para llegar a General Rodríguez, cinco horas de viaje y dos de entrenamiento. Estuve años así y siempre digo lo mismo, soy un jugador del ascenso pero él jugador del ascenso.
Hay pibes que hacen el doble de lo que me tocó hacer a mí. Me tocó levantar esa bandera para que a través del programa se sientan identificada mucha gente. Hay más clubes como Atlas en todas las provincias que como River. El jugador del ascenso, de la liga, del potrero, son los que yo respeto mucho por el sacrificio que hace. Ojalá todos puedan ser como el más grande de Argentina, pero no. Hay muchos Wilson Severino, hay jugadores que se rompen el lomo y merecen respeto. Yo se los tengo.
- ¿Cómo viviste el boom del reality de Atlas?
En ese momento el programa salía por Cablevisión. No tenía cable y la realidad es que trabajaba, viajaba, venía y entrenaba. Llegaba a casa, jugaba con mi hijo y palmaba. Vivía cansado porque todos mis días eran así. El día que tenía franco lo usaba para jugar, estuve así 24/7 mucho tiempo. Pero el programa era una bomba y no lo sabía. Me daba cuenta cuando no me cobraba y me saludaba el colectivero o cuando la gente me tocaba bocina. Estaba cansado para asimilarlo y la gente me saludaba, me sacaba fotos y era que el programa estaba en el boom. Lo entendí más después que en ese momento.
La gente me encontraba limpiando un tren y me saludaban, pensaban que estábamos actuando o que era una película. Cuando llegué al vestuario de River todos me decían "Wilson". No podía creer que sabían mí nombre. Son cosas que me pasaron después del programa que hoy me sorprenden. Nunca estuve en la repercusión, no me daba cuenta de lo que generaba el programa. En Perú, Colombia y Uruguay cuando viajamos nos esperó un montón de gente, periodistas, una locura. Todo eso producía Atlas y éramos parte de eso. El arquero, nuestro técnico (Néstor) Retamar, Carlos Bello, el Rata (César Rodríguez), Facundo Piacenza, los utileros, "Paquete", que en paz descanse. Fue un producto lindo, pero el producto del fútbol argentino. Jugadores como nosotros están regados en todo el fútbol argentino.
- ¿Retamar era así como se lo veía en las cámaras?
Lo que se veía de Retamar en las canchas era un 40%, él siempre decía que hacía fuerza por mí porque sabía la capacidad que yo tenía. Yo hacía goles para que Retamar esté contento, siendo crudo yo hacía goles para eso. Era mí motivación. Obviamente quería ganar y que la gente lo festeje, pero sentía esas ganas para ver esa felicidad en él. Hice 109 goles, así que lo habré hecho un montón de veces.
- ¿Qué sentiste al volver del retiro para jugar contra River en Copa Argentina?
Coseché lo que sembré en el club. Me llevaron a ese partido y tuvieron que sacar a un chico, ocupé un lugar de alguien y entré a la cancha por otro. Suena ingrato pero es real. Cuando me enteré del partido hablé con el técnico que era César Rodríguez, que yo lo traje al club mientras era ambulanciero, después fue técnico y siempre estuvo agradecido de eso. Me dijo que sí, cuando hablé con el presidente que se agarraba los pelos con Retamar cada vez que me venían a buscar de otro club, también me dijo que sí.
Después lo que pasó en mi entrada con el abrazo a César (Rodríguez), a mis compañeros y a Leo (Ponzio) esos cinco minutos fueron la emoción más grande de mi vida como jugador. Las madrugadas, las lesiones, las alegrías, los llantos, los partidos importantes, los fracasos en las finales. Todas las emociones de mí carrera fluyeron en esos cinco minutos, muchas personas se vieron reflejados en lo que me pasó.
- ¿Y ahora qué se siente jugar para el Senior de River?
Es irreal vestir la camiseta de River. Si me hubiesen dicho 10 años atrás que iba a pasarme todo lo que me pasó y jugar con los campeones de la copa más importante que tiene River, con Ortega, el Chori Domínguez, tirar paredes con Mora y comer asados con ellos o que iba a ganar el Gordo de Navidad, eso suena más creíble. Pero me gané 10 veces la lotería, soy un agradecido y sigo trabajando en el ferrocarril.
- No pudiste conocer a Maradona cuando lo visitó el plantel de Atlas, pero sí significa algo importante para vos...
El Diego es mí máximo ídolo, lo tengo al lado de Dios. Me tocó estar sentado en la misma mesa con Dalma y Giannina, pero no tuve la suerte de conocer a Dios en persona. Siempre digo lo mismo: soy orgullosamente negro, me encanta lo que soy. Lo que reniego es que no me lo puedo tatuar, porque si no mi espalda llevaría la cara del Diego. Si me lo tatúo estaría más cerca de la Mona Giménez que de Maradona, es por lo único que reniego mí color de piel.
- ¿Sentís que el fútbol te salvó la vida?
Siento que el fútbol me salvó la vida. Cuando estaba en la calle o vivía en un vagón de tren, el fútbol me sacó de la esquina y me metió en un vestuario en el que me relacioné con gente de fútbol de la cual aprendí mucho. Me enseñó a hablar, a caminar, a ser persona en un vestuario y eso lo logró el fútbol, estoy agradecido.
- Un mensaje para las nuevas generaciones de los Wilson Severino en el fútbol argentino
Que jueguen al fútbol, le entreguen todo, las ilusiones y los sueños. Busquen con humildad, con honestidad para que los deje satisfechos. Hasta dónde lleguen Dios dirá, pero no se guarden nada. Si lo hacen así se los voy a recontra agradecer. Siempre buen corazón, buena persona y Dios dirá hasta donde se llegará con el fútbol. Siempre que sea en este rectángulo, tiene que ser con felicidad porque es el lugar donde todos queremos estar.
