Inversión en fuga: el saldo de IED es negativo por primera vez en dos décadas

El saldo de la Inversión extranjera directa alcanzó un signo negativo por primera vez desde 2003, en un escenario de desinversión, cierre de empresas y repliegue de multinacionales.

01 de abril, 2026 | 21.00

“Preparate, Santiago, porque te van a salir los dólares por las orejas”, aseguró el presidente Javier Milei días atrás durante el evento "Argentina Week" en Nueva York. Le hablaba públicamente a Santiago Bausili, presidente del Banco Central (BCRA) y prometía, una vez más, un fuerte ingreso de dólares por inversiones. Sin embargo, si bien la inversión extranjera directa en la Argentina entró en terreno inédito no responde a un resultado positivo sino todo lo contrario: la administración actual marcó el primer período, al menos desde 2003, en el que la inversión extranjera neta ha sido negativa, es decir, salen más capitales de los que ingresan. Ya no se trata solo de una desaceleración: el capital extranjero directamente se está retirando.

El fenómeno se traduce en números concretos. Durante 2024 y 2025, la entrada de inversiones cayó un 40% respecto del promedio de los últimos 22 años, mientras que la salida de capitales se ubicó en niveles récord, hasta seis veces por encima del promedio histórico, según datos del Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF). En paralelo, el entramado productivo local se achicó: más de 22.000 empresas cerraron desde el cambio de gobierno, a un ritmo de más de 30 por día, en un escenario donde las que sobreviven lo hacen en condiciones cada vez más frágiles.

Lejos de una “lluvia de inversiones”, el cuadro actual combina retracción de ingresos, desinversión y fuga. El saldo negativo de la IED no solo refleja la ausencia de nuevos desembarcos, sino también la salida de actores ya instalados. En otras palabras, no hay inversión extranjera que compense el repliegue: hay más empresas que se van que las que llegan, y las que permanecen, en muchos casos, apenas sostienen su actividad.

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Inversiones en retirada

La inversión extranjera directa (IED) transita un sendero contractivo en lo que va de la gestión de Javier Milei. En concreto, durante el período 2024/2025, se registró una reducción real del 40% en la entrada de inversiones en comparación con el promedio de los últimos 22 años, aun a pesar de los cuantiosos beneficios del RIGI.

“Si hay inversión extranjera, es solo financiera”, señalaron al respecto desde el Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF), donde presentaron un informe que alertó que “la administración actual marca el primer período, al menos desde 2003, en el que la inversión extranjera neta ha sido negativa”. 

El saldo de la inversión extranjera directa mostró un deterioro marcado en el período reciente. Mientras que en términos históricos el saldo promedio se ubicó en 143 millones de dólares, con picos que alcanzaron los 735 millones de dólares, entre 2007 y 2015 el promedio fue incluso más alto, de 210 millones de dólares (máximo de 629), y entre 2016 y 2019 se mantuvo en niveles similares, con un promedio de 206 millones de dólares. En cambio, entre 2020 y 2023 se observó una caída significativa, con un promedio de apenas 68 millones y un techo de 224. Pero el quiebre más fuerte apareció en 2024-2025: el saldo promedio pasó a ser negativo, de -50 millones de dólares, y el máximo se redujo a 183 millones de dólares, reflejando no solo una menor entrada de capitales sino directamente un proceso de salida neta de inversión extranjera.

Esta situación se desprende de los datos de la Balanza de Pagos (BCRA) que indican una retirada de capitales invertidos en el país. La decisión de los inversores internacionales de retirar sus activos “suele estar asociada a percepciones de insostenibilidad en el modelo económico”, evaluaron desde el centro de estudios. La caída de la IED no solo indica menor ingreso de capitales, sino también la falta de nuevos proyectos productivos, en un contexto donde incluso la inversión total de la economía muestra signos de debilidad.

De este modo, exhiben que la IED se concentró en pocos sectores: minería, intermediación financiera y, en menor medida, energía.  Es decir, sin diversificación, se concentra en sectores exportadores y/o de rentabilidad más “rápida”. Por el contrario, está ausente parcial o totalmente en industria liviana, construcción, comercio, economía del conocimiento, entre los principales. Asimismo, las cifras oficiales evidenciaron que la IED no está impulsada por nuevos proyectos, sino que se sostiene en reinversión y deuda intraempresa y en algunos casos solo refleja retiro de capital. Dicho de otro modo, más que una “ola” de nuevas inversiones, los datos muestran una inversión extranjera sostenida por la inercia de empresas ya instaladas, con escasos desembarcos nuevos y señales de repliegue en varios sectores.

Al respecto, la salida neta de inversión extranjera directa que refleja el Banco Central encuentra correlato en el repliegue de multinacionales en la economía local. En los últimos dos años se registraron más de una quincena de firmas que se fueron o están en proceso de salida. Empresas como HSBC, ExxonMobil, Telefónica, Mercedes-Benz y Procter & Gamble vendieron sus operaciones o directamente abandonaron el país, mientras otras como Makro o Burger King iniciaron procesos de desinversión.

Por su parte, la otra cara del escenario actual tiene que ver con el nivel récord de fuga de capitales. En concreto, según CEDAF, el volumen de salida de capitales durante la administración libertaria es seis veces superior al promedio histórico. 

Sobre ello, 2025 fue el año con mayor formación de activos externos de toda la serie estadística disponible, con USD 32.340 millones salidos del país, superando incluso los años del macrismo. “Esto se condice con el modelo implantado durante la dictadura militar, período en el que se calcula una fuga de capitales por USD 37.000 millones”, analizaron.

Desinversión generalizada

La contracción del consumo y el ajuste público provocaron un desequilibrio entre la creación y el cese de actividad empresarial. Desde el inicio del actual gobierno a nivel local se perdieron unas 22.608 empresas, lo que equivale a un promedio de un poco más de 30 empresas por día. “Este fenómeno se clasifica como una destrucción neta de unidades productivas. Sólo en noviembre 2025 se destruyeron 892 firmas”, señaló un informe del Instituto Argentina Grande (IAG).

La destrucción de empresas se concentra principalmente en los grandes aglomerados urbanos donde se sitúa buena parte de las firmas industriales. Entre las provincias que más perdieron se encuentran Buenos Aires (-5.832), seguido de Córdoba (-3.899) y CABA (-2.378). Mientras que sólo la provincia de Neuquén tiene creación neta de empresas (+84). A su vez, del total de empresas que bajaron sus persianas, las PyMEs (hasta 40 personas) representan el 99%.

Esto ocurre en un contexto en el que la cantidad de cheques rechazados por falta de fondos se multiplicó por tres, lo que no es menor si se entiende que dicho indicador refleja la creciente dificultad que enfrentan las empresas argentinas para cumplir con sus obligaciones financieras. “En los últimos 4 meses, la cantidad de cheques rechazados debido a la insuficiencia de fondos superó los 100 mil. Se trata de un máximo desde mayo de 2020, en plena pandemia”, alertaron desde el IAG.

Por último, a nivel local, las expectativas industriales para 2026 tampoco son prometedoras: menos de la mitad de las empresas industriales planea aumentar inversiones en el corto plazo. Según el último informe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA), en enero pasado el porcentaje de empresas que sostuvo que será un buen año para invertir se ubicó en 46,9%, esto es 10 puntos menos que hace apenas un año atrás (ene/25: 57,0%). En otras palabras, la disposición a invertir volvió a deteriorarse a comienzos de 2026 y, pese al discurso oficial, no parece haber señales concretas de un cambio de escenario en el corto y mediano plazo.