Jessica Abel dedicó buena parte de los ´90 a esta antología centrada en la temática del slice of life.

Artbabe

03/05/2023

| Por Andrés Accorsi

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La recorrida por las antologías de autor hoy nos lleva a redescubrir Artbabe, el proyecto que durante varios años nos permitió disfrutar del talento de Jessica Abel, una historietista nacida en Chicago en 1969 que se consagraría ya en este siglo con su novela gráfica La Perdida.

Artbabe empezó en 1992 como un fanzine del cual se imprimieron apenas 300 ejemplares. Al año siguiente salió el nº2 con 400 ejemplares, en 1994 salió el nº3, en 1995 el nº4 (acá la tirada ya era de 1000 ejemplares) y en 1996, Abel va a dar el gran salto. Con el material terminado, se presentó a la Beca Xeric (otorgada anualmente por el maestro Peter Laird para financiar proyectos de autoedición) y la ganó. Así es como el nº5 de Artbabe se publicó a todo culo, en un comic book precioso, sin nada que envidiarle a los de las grandes editoriales. Como en las entregas anteriores, en el nº5 Abel ofrece varias historias cortas autoconclusivas, pero esta vez son cuatro, una ambientada en cada estación del año, por eso se conoce como «The Four Seasons». Es el momento en el que la autora alcanza la madurez creativa y un nivel realmente notable en el dibujo. Si de esta primera etapa leés sólo este quinto y último número, no te perdés nada, porque acá está, lejos, lo mejor de la serie y lo que justifica que casi 30 años después se hable de estas historietas.

Gracias a la excelente repercusión del nº5 de Artbabe, en 1997 aparece un nuevo nº1, ahora editado por Fantagraphics. Esta nueva serie va a durar apenas cuatro números, publicados entre el ´97 y el ´99, con la particularidad de que cada número va a consistir en una única historieta de 24 páginas, excepto el último, que al tener más páginas, complementa la historieta de 24 con una cortita de seis. Esta serie coincide con el período en el que Abel estuvo radicada en la Ciudad de México, junto a su por entonces novio y luego marido, el también historietista Matt Madden.

Las historias de esta segunda serie de Artbabe son slice of life en el sentido más puro del término, y dentro de esa línea, predomina la temática de «jóvenes a la deriva». Laburos de mierda, romances efímeros, noche, bares, alcohol, excelentes diálogos que no va necesariamente hacia algún lado, y leves insinuaciones que nos permiten suponer que los personajes de Abel también la ponen. Una mirada distinta a la ciudad de Chicago, su movida cultural, sus antros nocturnos y su gente, con mucho realismo, momentos de comedia muy eficaces y tramas que -como la vida real- no tienen una resolución inequívoca, sino que a veces se terminan diluyendo en el devenir de la vida cotidiana de estos chicos y chicas. La última vez que Abel estableció un conflicto, lo llevó a un climax y lo resolvió fue en «The Ant & the Grasshopper», la segunda historieta de «The Four Seasons». Después, en esta segunda etapa de Artbabe, lo que le interesa contar es otra cosa.

El dibujo en esta segunda serie tiene un nivel increíble. Es muy difícil hacer visualmente interesantes relatos sin elementos fantásticos, que se sostienen en larguísimas conversaciones entre gente común y corriente, pero Abel lo logra una y otra vez. Su poder de observación de los detalles es asombroso, y sus personajes están llenos de vida y expresividad. En el nº3, además, ensaya un cambio de estilo, más despojado, más cerca de André Juillard que de los capos del pincel bien cargado y el festival del crosshatching. Pero a Jessica le cuesta abandonar las manchas, que por momentos nos remiten a Paul Pope, David Lapham y otras bestias del pincel, y los crosshatchings enfermizos onda Joe Sacco. Una pena, porque pudo haber sido una excelente dibujante de línea clara.

De todos modos, en el apartado gráfico, lo mejor de Artbabe se ve en el final, en la breve historia de 6 páginas que aparece como back-up en el nº4, con el regreso de Darcy y Ben (los protagonistas del nº1). Para mí, ahí es donde aparece la mejor versión de Abel, aunque no volverá a dibujar en ese estilo ni en La Perdida (donde vemos un trazo similar al del nº2 de Artbabe pero más sintético) ni en su amplia trayectoria como ilustradora, donde se va a acercar más al estilo de David Mazzucchelli, con masas negras bien densas y claroscuros bien extremos.

Hoy los fanzines (nºs 1 al 4) y el comic book (nº5) son casi imposibles de conseguir, pero buena parte del material fue reeditado por Fantagraphics en un libro titulado Soundtrack: Short Stories 1989-1996, junto a material que Abel produjo en sus años en la universidad, antes del nº1 de Artbabe, y trabajos sueltos que aparecieron en distintos medios periodísticos. En EEUU, el material de los cuatro números de la segunda serie se recopilaron en un libro que Fantagraphics tituló «Mirror, Window», junto a algunas otras historietas cortas que Abel realizó para otros medios. En Italia, el sello Black Velvet dio a conocer a Abel con un libro llamado simplemente «Artbabe», que recopila los cuatro comic books publicados por Fantagraphics, junto a una entrevista a la autora y textos sobre su bibliografía. En nuestro idioma, Astiberri publicó Soundtrack con el título «Banda Sonora».

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