También con el sistema de la serie infinita, que arranca pero no se sabe bien cuándo puede llegar a terminar, y con las entregas quincenales, ni bien termina Boy Vampiro, la dupla arranca con la saga de Borderline, cuyo título original era "Crash and Blue". Pero la historia de amor ambientada en este mundo post-apocalíptico se fue diluyendo, para darle cabida a otros elementos, entre los que se destaca el Licántropo, un personaje que se suma a la historia con esta ya empezada y cobra muchísimo protagonismo. Borderline, si bien combina muy bien aventura violenta con poesía y reflexión, tiene varios de esos volantazos típicos de las series creadas por entregas, que evidencian que Trillo y Risso no tenían muy claro para dónde querían ir con la historia.

Esta también es la obra en la que Risso adopta un claroscuro más extremo, influenciado por el Sin City de Frank Miller. Esto, sumado a la colaboración de los hoy consagrados Marcelo Frusín y Leandro Fernández, le sirve para cumplir más rápido con el volumen de producción que le exige la editorial italiana. Marcelo y Leandro, además, dibujaron los tres episodios considerados "fill-ins", que quedaron afuera de la recopilación argentina realizada por Puro Comic (cuatro tomos, cada uno con 13 episodios de 12 páginas). En estos fill-ins, Risso dibujaba una primera y una última página, donde veíamos a los personajes leyendo una historieta de Trashman (nada que ver con el mítico héroe de Spain Rodríguez). Y la aventura de Trashman, en vez de dibujarla Risso, la dibujaban sus asistentes, para que el dibujante pudiera descansar de vez en cuando.
Trillo definió a Borderline como "una saga de ciencia ficción postapocalíptica que muestra abiertamente las miserias y virtudes de la Humanidad". "Puede ser que hayan habido episodios de más -reconoció en alguna entrevista- pero es una serie que a mí me gustó mucho. El mundo borde y la muchacha sordomuda que solo se comunica con su muñeca son ideas con gran fuerza".

La tercera y última serie extensa que crea la dupla para las antologías de la Eura (hoy Aurea) es Chicanos, también conocida como "Ay, Jalisco!" y "Tabasco Blues". Trillo la definió como "una nueva mirada al mundo de la discriminación. La protagonista es una mexicana que trabaja como detective privada en New York, y suelen confundirla con la mujer que hace la limpieza". Las aventuras de Alejandrina Yolanda Jalisco se iniciaron en 1995, mezclan comedia con policial y cierta pátina de denuncia social, y son muchas. Felizmente en 2025 fue recuperada de manera integral por las editoriales argentinas Historieteca y Puro Comic.

Lo mejor, para mi gusto, de la extensa serie lo encontré en los episodios en los que aparece Mel, el interés romántico de Alejandrina Yolanda Jalisco. Los dos primeros conforman una única aventura que está muy bien, y cuando reaparece (en el arco de dos episodios centrados en el caso de James Marisco), Trillo nos ofrece los mejores guiones de lo que va de la serie. Y después llega esa ironía brutal y maligna de ponerle fin a la vida de Jalisco justo cuando, por una vez, las cosas le salen bien. Alejandrina es atropellada por un colectivo, una situación pensada por los autores para matarla y terminar la serie. Sin embargo, el editor pidió que continuara y la detective de alguna manera revive "y anda en una silla de ruedas toda hecha mierda durante varios capítulos mientras se va curando. Un poco como Sherlock Holmes, que Conan Doyle lo mató y lo resucitó", recordaba Trillo.
Por fuera de ese arco, la serie tiene cuantos episodios unitarios brillantes, varios muy dignos y alguno muy extremo, con algún exceso por parte de Trillo en su afán de mostrarnos lo poco feliz que resulta la vida de Alejandrina. Un poquito de mala leche está bueno, pero cuando el maltrato hacia la protagonista se acerca más a un bullying despiadado, te preguntás si realmente hacía falta. Y la verdad que no, menos cuando esos episodios de “miren lo mal que la pasa Alejandrina” no tienen otro hilo argumental más potente, vinculado a la aventura o a la investigación de casos policiales, o al romance, aunque más no sea. Es como que en algún punto Trillo mezcla desarrollo de personajes con humillación y basureo al límite de la protagonista y la reacción que genera en el lector (por lo menos en este lector) es mucho más repulsiva que cuando Alejandrina resulta discriminada, maltratada o pisoteada en el contexto de una trama más “aventurera”.

Chicanos fue, merecidamente, un gran éxito, con ediciones en muchísimos países de Europa, EEUU y Brasil. Probablemente eso se deba a que, de las tres series largas que Trillo y Risso producen para la Eura en los ´90, Chicanos es -lejos- la mejor dibujada de las tres, muy por encima de Borderline y Boy Vampiro. No sé si para esta serie Risso contaba con más tiempo para dibujar cada episodio, o si repartía el trabajo con un equipo de asistentes más afianzado, pero visualmente estos episodios están repletos de imágenes y secuencias maravillosas. La New York de Chicanos tiene ese caos, esa cacofonía, esa pátina de grasada que tenía la New York de Alack Sinner, potenciada por un manejo del claroscuro en el que Risso, además de mostrar su admiración por José Muñoz, anticipa mucho de lo mejor de 100 Bullets. No hace falta llegar a su etapa en Estados Unidos para disfrutar de un Risso perfecto, impecable en la narrativa, impactante en las expresiones faciales, infalible en el retrato de la vida cotidiana de esta ciudad de feroces contrastes y desigualdades. Te pueden no interesar en lo más mínimo los guiones, y aún así pasarla bomba con Chicanos solo por la calidad infernal que tiene el dibujo del León de Leones.



