Humor, romance, aventuras de todo tipo, misterio y bizarreadas en una editorial que se subió a todas las modas sin descollar en ninguna.

Charlton: Comics por kilo para todos los gustos (parte 1)

01/08/2022

| Por Roberto Barreiro

1 comentarios

Charlton_Comics_logoUna empresa nacida en la cárcel. Comics hechos para que las imprentas no pararan, con tapas de calidad ínfima. Una distribución espantosa. Que pagaba precios ridículos a dibujantes y guionistas. Y sin embargo, una editorial que publicó a muchos autores clásicos del comic americano, incluso generando pequeñas obras maestras. Esta es la historia de la Charlton Comics, la serie Z del comic americano clásico.

1.UNA EDITORIAL NACIDA EN LA CARCEL

John Santangelo era un inmigrante italiano llegado a Estados Unidos a finales de la década de 1920. Para mediados de la década siguiente era un hombre casado que trabajaba en la construcción en medio de la Depresión, lo que obligaba a afilar los sentidos para sobrevivir. Se le ocurrió que sería negocio vender las letras de las canciones más populares del momento en cuadernitos impresos. Y le fue bien. De a poco comenzó a vender bien las revistitas, lo suficiente para dejar de trabajar en la construcción. Todo andaba viento en popa excepto por un pequeño detalle. NO estaba pagando los derechos de las canciones a sus autores.

8a0ad4a9fd725638af9f48e7900516ec--golden-age-comic-book-coversEn cuanto las compañías discográficas lo supieron, mandaron a juicio a Santangelo. Este alegó desconocimiento pero igual terminó condenado a un año y un día de prisión. Fue lo mejor que le pudo pasar.

Entre rejas conoció a Ed Levy, un abogado preso por un escándalo de corrupción en una alcaldía local. Entre los dos armaron un plan para hacer un negocio que los sacara adelante cuando estuvieran libres: Ed Levy se encargaba de conseguir los derechos para poder imprimir las canciones y Santangelo se encargaba de editar la revista. Para 1935, los ex convictos recientemente liberados compraban Hit Parader and Song Lists, una pequeña revista poco conocida, negociaban los derechos con la asociación de discográficas y relanzaban la revista, a la que le agregaron notas sobre lo que pasaba en el mundillo musical. Con eso atrajeron al público aficionado y consiguieron un título exitoso a partir del cual crecer. Para mediados de la década de 1940, la nueva compañía, Charlton Publishing (llamada en honor de los hijos mayores de los socios, ambos llamados Charles), ya funcionaba exitosamente. Tras Hit Parader vino una sucesión de revistas sobre música centradas en géneros específicos, revistas de palabras cruzadas, de astrología, de “true confessions” (con “historias reales” sobre romance), revistas de casos criminales, de pin-ups, y un larguísimo etcétera. Todo hecho pensando más en el volumen de ventas que en la calidad final, todo bien popular. Y para 1945 agregaron un nuevo formato de revistas que ya arrasaba en los kioscos: el comic book.

833079Los primeros comics de la Charlton fueron producidos externamente por estudios/ factoría como el Funnies Inc. de Lloyd Jacquet y el estudio de Al Fago, con un éxito discreto. Sin embargo, para comienzos de la década de 1950, la Charlton iba en una dirección completamente contraria: en vez de tercerizar su producción, Santangelo y Levy habían decidido que no solo se hiciera la producción editorial internamente, sino encargarse también de la impresión y distribución. Para ello compraron un gran terreno en la ciudad de Derby Massachusets, instalaron allí unas imprentas industriales y llamaron a todos sus empleados a trabajar en esa localidad. Y esto implicó también crear su división de comics. Así, para 1951, Al Fago se convertía en el jefe de redacción de la flamante división de comic books de la Charlton. Y recomendó a varios artistas y dibujantes ir a trabajar allí. La paga era baja, pero a cambio había una gran expansión de títulos y se necesitaba material a destajo, principalmente porque las imprentas debía funcionar 24 horas al día todos los días para que rindieran. Cuando no había nada importante que sacar, se imprimían los comics. Alguien rápido podía hacer mucho dinero trabajando en Charlton. Alguien como Joe Gill.

4da0599a540b3a86763d9f01091226b7--vintage-cartoon-cartoon-artPara 1950, Gill era un guionista veterano que había sido freelance en muchísimas editoriales de comic books. Amigo de Mickey Spillane (“Cuando escribía Yo, el Jurado y sacaba la página de la máquina de escribir”, comentaba entre carcajadas “yo leía las páginas y decía ‘Esto no va a vender’”) y hermano de Tom Gill (conocido por su trabajo en los comic books del Lone Ranger para la Dell Comics), Joe era muy veloz y, sobre todo, estaba cansado de lidiar con editores quisquillosos. “Cuando trabajaba para un editor de New York, tenías que ir y besarles el culo. Vivía en Brooklyn y tenía que tomar el subte. Después de eso, tenía que cruzar media ciudad para ver al siguiente. Era un día agotador y caro. Y cuando terminabas, el editor se sentía obligado a hacer un trabajo crítico y pedirme que cambiara esto y lo otro”. Y eso, sin contar que, para cobrar “prácticamente tenías que llevarlos al juzgado”. Por eso, ante la oferta de mudarse a Derby y trabajar para la Charlton, no lo dudó: “En Charlton, John les pagaba poco a artistas y guionistas, y prácticamente todo lo que se hacía era aceptable. Había poca crítica. La idea era sacar las revistas y a nadie le importaba cuán bueno fuera el resultado”. Algo que le venía perfecto a Joe, quien durante treinta años se convirtió en el principal guionista de la editorial, para la que escribía entre 100 y 150 páginas de guiones a la semana (y eso sin contar los artículos que le podían pedir para otras revistas de la Charlton).

0Además de Joe Gill, un grupo de dibujantes comenzaría a trabajar de manera regular para Charlton, primero con Al Fago y, tras su renuncia, bajo el control editorial de Pat Masulli, un tipo bastante gruñón, de acuerdo a muchos testimonios. Vincent Alascia, Charles Nicolas, Tony Tallarico, Ernie Bache, Rocke Mastroserio, Frank McLaughlin (que sería por un tiempo jefe de arte de la línea), Ernie Hart, y un largo etcétera, entrarían a trabajar para Charlton. Un trabajo a destajo, que algunos realizaban de manera casi exclusiva y otros combinaban con encargos de otras editoriales. De ellos, debemos destacar a dos jóvenes dibujantes que serían muy importantes en el período: Dick Giordano y Steve Ditko. Ambos recién empezaban y se sentían muy a gusto con la libertad creativa de la editorial.

Curiosamente, la persecución a los comics –que llevaría a la instauración del Comics Code- y los problemas de distribución que ocurrieron en la primera mitad de la década del ´50, beneficiaron a Charlton. El cierre de varias editoriales permitió comprar títulos a precio de costo para poder seguirlos. Revistas de editoriales como St. John, Superior Comics, Crestwood (la compañía que era de Jack Kirby y Joe Simon, que se habían forrado con los comics de romance pero andaba de capa caída) y –sobre todo- Fawcett Comics (sí, la del Capitan Marvel, que tenía muchos otros títulos, pero que no quería continuarlos) ampliaron sensiblemente la cantidad de comics con el logo de Charlton en los kioscos. Todo parecía ir sobre ruedas. Nada, excepto un desastre natural, parecía que detendría a la empresa.

Y eso pasó. Un desastre natural.

(el lunes, la segunda parte)

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Un comentario

  • Parece el argumento de una serie, yo estoy dispuesto a ver algo semejante. Totalmente lo opuesto a Bakuman. Y fe la vida real, lo que suma.

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    Cangrejo

    05/08/2022 - 11:35