La historia de Daredevil se remonta a principios de 1964. Estamos en New York y la editorial Marvel está creciendo aceleradamente gracias al éxito de sus revistas de historietas protagonizadas por superhéroes innovadores, conflictuados y falibles.

Daredevil: Informe sobre un ciego (Parte 1)

07/10/2009

| Por Andrés Accorsi

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CAPITULO UNO: MARVEL, 1964

Stan Lee


La historia de Daredevil se remonta a principios de 1964. Estamos en New York y la editorial Marvel está creciendo aceleradamente gracias al éxito de sus revistas de historietas protagonizadas por superhéroes innovadores, conflictuados y falibles. Tras la irrupción de Fantastic Four en 1961, vinieron Thor, The Incredible Hulk y Spider-Man en 1962, y The Avengers, X-Men y Iron Man en 1963.

El cerebro detrás de esta pujante línea editorial era Stan Lee, quien hacía las veces de guionista y coordinador de todas las publicaciones. Lee se supo rodear de un grupo de excelentes historietistas de la época (entre los que sobresalían Steve Ditko y el Rey del Comic, Jack Kirby) y junto a ellos desarrolló un sistema de trabajo que le permitía producir un volúmen de historias muy superior al que habitualmente se esperaba de un guionista de historietas. De hecho, durante varios de estos primeros años de la historia de Marvel, Lee escribió absolutamente todas las series que integraban la línea editorial. Esto le otorgaba a los comics de Marvel una enorme coherencia, y la posibilidad de reflejar en las distintas series lo que iba sucediendo en las otras, o incluso de continuar las mismas historias de una revista a otra. Así, no resultaba infrecuente que Iron Man faltara a una reunión de los Avengers porque se encontraba en el espacio exterior (en una aventura que aparecía ese mismo mes en la revista de Iron Man), o que una historia que comenzaba en las páginas de Fantastic Four continuara en las de X-Men.

Jack Kirby


La reformulación del género de los superhéroes por parte de Stan Lee y su equipo fue revolucionaria. Para constatarlo, alcanza con comparar los comics de Marvel con los que en esa misma época publicaba la DC Comics (clásica editorial surgida a fines de los años ‘30, y hogar de Superman, Batman y la Liga de la Justicia, entre muchos otros). Las diferencias son abismales: las viñetas son más grandes, con más protagonismo de la acción; los diálogos son más extensos y el vocabulario más complejo; aparece algo llamado «caracterización» que consiste en darle a los distintos personajes distintos rasgos de personalidad; surgen los sub-plots, o historias que evolucionan de número a número a la sombra de una trama mayor; empiezan los crossovers, este mecanismo que lleva una misma historia de un título a otro; aparecen los «credits», para que el lector sepa quién escribe, quién dibuja y hasta quién rotula y colorea sus comics favoritos; se desdibujan las fronteras entre buenos y malos y aparecen personajes ambiguos (Namor the Sub-Mariner), villanos que en realidad son víctimas y héroes perseguidos por las autoridades (Spider-Man, Hulk), o cuya apariencia los emparentan mucho más con los malos que con los buenos (Hulk o The Thing, de los Fantastic Four).


La apuesta de esta nueva línea era enorme. Al fan acostumbrado a leer en cada revista dos historias con principio y fin, se lo forzaba ahora a seguir una misma historia durante varios meses, e incluso con tramas y sub-tramas que saltaban de una serie a otra. Stan Lee estiró brutalmente los límites de la credibilidad al ambientar casi todas sus historias en una New York superpoblada, de un día para el otro, por cientos de seres superpoderosos. Pero esto facilitaba muchísimo los cruces entre colecciones y permitía otro jueguito hasta entonces inédito: la rotación de villanos, ya no estancados en «Galería de Enemigos de Fulano», sino enfrentados -según la ocasión- al justiciero que pasara por ahí en el momento de consumar su fechoría.

El truquito del sub-plot y de los misterios que se prolongaban durante muchísimos números también resultó un hallazgo: nadie podía resistirse al nuevo número de Amazing Spider-Man, porque tal vez aquí se revelara la identidad del Green Goblin, o tal vez en esta lucha de los X-Men contra los Mutantes Malignos, Magneto podría confirmar o negar su paternidad sobre Quicksilver y Scarlet Witch, mientras estos últimos trataban de ganarse la confianza de los Avengers clásicos, que los sabían ex-cómplices del Amo del Magnetismo. El melodrama estaba a la orden del día y las relaciones entre personajes que urdía Stan Lee no tenían nada que envidiarle a la mejor de las telenovelas.

Esta nueva fórmula, sumada al gran desempeño de dibujantes con estilos muy personales y mucho talento para la narrativa, como Steve Ditko y Jack Kirby, le permitieron a Marvel pasar en muy poco tiempo de ser una editorial pequeñísima y siempre al borde de la quiebra, a liderar el mercado del comic norteamericano tal como lo hace desde principios de la década de los ‘70. En esta primera etapa, Stan Lee y su equipo se habían encontrado con un único fracaso: la revista de The Incredible Hulk, lanzada en 1962, no había logrado vender lo suficiente para continuar editándose y, tras sólo seis números, Hulk pasaba a compartir las páginas de la revista Tales to Astonish con Ant-Man (el Hombre Hormiga), un personaje de segunda línea, también creado por Lee y Kirby. Pero en 1964, Lee se decidió a intentar una vez más la proeza de lanzar a un personaje absolutamente nuevo en su propia revista. Así, en Abril de ese año salía el n°1 de Daredevil, the Man Without Fear.

CAPITULO DOS: EL ORIGEN


Hasta aquí, todos los integrantes de esta nueva generación de superhéroes pergeñada por Stan Lee y los suyos compartían como rasgo destacado una debilidad, algo que compensara de alguna manera sus fabulosos poderes. Y no estamos hablando de algo escaso y rebuscado como la kryptonita, sino de problemas mucho más reales: Iron Man sufría deficiencias cardíacas y tenía un marcapasos integrado a su poderosa armadura. Thor veía con resignación cómo su poder fluctuaba según los caprichos de su onmipotente padre, Odín. Hulk era considerado una amenaza y perseguido constantemente por el ejército. El Capitán América acababa de despertar de más de 10 años de suspensión animada y no lograba adaptarse a una sociedad que había cambiado demasiado desde la Segunda Guerra Mundial. The Thing era simplemente espantoso, y Spider-Man era un nerd cuya auto-estima escaseaba tanto como el dinero en sus bolsillos.

Stan Lee se propuso ahora un nuevo desafío: un personaje cuyo rasgo central no fuera su poder, sino justamente lo contrario: su debilidad. Fue entonces cuando se inspiró en las novelas policiales de Duncan Maclain, un detective ciego al que Lee leía con fruición en sus años mozos. Si un hombre ciego podía resolver crímenes, ¿podría combatir a super-criminales? Y lo más importante ¿resultaría creíble? Sobre esa premisa, Lee se puso a trabajar y al tiempo encontró la clave: es un hecho que, cuando una persona pierde la vista, sus otros sentidos se agudizan sensiblemente. ¿Hasta dónde se podía exagerar esa sensibilidad aumentada? La respuesta fue, una vez más, la radioactividad. Como Spider-Man, como Hulk y como tantos personajes de aquel entonces, este nuevo héroe entraría en contacto con una sustancia radioactiva, que elevaría sus otros sentidos a niveles definitivamente sobrehumanos. Sumémosle un inmejorable estado atlético y una mente lúcida y tenemos a un personaje con enormes posibilidades de salir bien parado en el combate contra cualquier tipo de injusticia.


Para salir a pelear sin contar con el sentido de la vista -pensó Lee- uno debe carecer totalmente de miedo, es decir, ser un temerario. Y eso es exactamente lo que la palabra “Daredevil” quiere decir: Temerario, hombre sin miedo. Decidido por el nombre, Lee eligió luego una profesión que lo acercara al mundo del delito y la injusticia: en su otra identidad Daredevil sería Matt Murdock, abogado joven, idealista y brillante. Matt compartiría su estudio con otro joven abogado, Foggy Nelson, y ambos amigos se disputarían el corazón de su encantadora secretaria, Karen Page, como para asegurarle al lector su cuota de melodrama. Y por supuesto, el estudio de Matt estaría ubicado en New York, lo cual garantizaba también frecuentes cruces con los otros héroes y villanos de la editorial. Con esos detalles en claro, sólo faltaba encontrar al dibujante.

Para 1964, Bill Everett no gozaba ni por asomo del status de “favorito del público”, como sí lo hacían Jack Kirby, Steve Ditko, o algunos dibujantes emblemáticos de la DC Comics, como Joe Kubert o Carmine Infantino. De hecho, los trabajos de Everett en la industria del comic eran, para este entonces, infrecuentes y espaciados. Los años de éxito de Everett quedaban atrás, más precisamente en la década del ‘40, cuando la Marvel se llamaba Timely y Stan Lee era poco más que un cadete. En aquellos años, Everett llegó a la cima con su creación Namor the Sub-Mariner, un personaje de gran popularidad en los ‘40, posteriormente rescatado (y reinterpretado) por Lee y su equipo en los distintos comics de Marvel. Stan recordaba el rol fundamental que Everett había cumplido en la Timely y, después de varios proyectos juntos que no llegaron a concretarse, lo invitó a hacerse cargo de la faz gráfica de este nuevo personaje. El creador de Namor aceptó, pero finalmente dibujó tan sólo la primera historia, las primeras 22 páginas de Daredevil. 22 páginas que le alcanzaron para presentar, entre otras cosas, a Matt, Foggy y Karen, a Jack Murdock (padre de Matt) y al primer traje de Daredevil, aquel amarillo con chaleco rojo y una única “D” en el pecho. Terminado ese primer episodio, Everett se desvinculó de la serie. Pero la leyenda de Daredevil ya estaba en marcha.


Como era casi de rigor en los comics de la década del ‘60, el primer número de la revista Daredevil incluye un minucioso recuento del origen del personaje, origen que sería revisitado y retocado por otros autores en décadas posteriores, pero que en su primera versión era básicamente así: Matt es un joven newyorkino criado por su padre, el mediocre boxeador Jack “Battlin” Murdock. Matt ansía practicar deportes y jugar en las calles como los demás chicos de su edad, pero su escaso desarrollo físico hace que sus compañeros se burlen de él y lo marginen. Así, el joven Matt desarrolla una temprana pasión por la justicia y un conflicto con su padre, que se opone a que Matt trabaje su cuerpo en el gimnasio, porque no quiere que su hijo se condene a una existencia tan sórdida como la suya. Por supuesto, Matt hace caso omiso y practica boxeo y atletismo a escondidas de su padre.


Cierto día, la carrera de Jack Murdock da un giro espectacular: un oscuro promotor de boxeo conocido como El Arreglador (The Fixer), lo contrata y le paga un generoso adelanto con el que Jack piensa pagar los estudios universitarios de su hijo. Ese mismo día, Matt arriesga su vida para salvar la de un anciano ciego, justo cuando está a punto de ser arrollado por un camión que transporta materiales radioactivos. El camión embiste a Matt y un tubo sale del vehículo y golpea al joven. Tras unos días en el hospital, Matt descubre que ha perdido el sentido de la vista pero que, por el contacto con la sustancia radioactiva, sus otros sentidos se han ampliado a niveles sobrehumanos. Pronto comienza sus estudios de Abogacía en la Universidad de Columbia, donde se recibe junto a su amigo Foggy Nelson, con quien abrirá un estudio en Manhattan, mientras perfecciona el uso de sus nuevas habilidades y en especial la de su extraño “sentido radar”.


Paralelamente, la carrera de Jack Murdock va en ascenso, y el veterano púgil gana pelea tras pelea, sin sospechar que estas están arregladas por el Fixer. Pronto llega el día del combate por el título y el Fixer pone sus cartas sobre la mesa: como las apuestas lo favorecen, Murdock debe “ir a menos” y perder la pelea. Pero Jack ve aquí la última posibilidad de ganarse el respeto y la admiración de su hijo y desobedece al Fixer. El festejo, sin embargo, es efímero. En la misma noche de su coronación, Jack Murdock es asesinado por Slade, un esbirro del Fixer. Matt supera el dolor por la muerte de su padre a tiempo para su graduación en la universidad y la apertura de su estudio junto a Foggy. Pero su sed de justicia puede más y decide crear la identidad de Daredevil para vengar la muerte de su padre: confecciona un traje especial, convierte a su bastón blanco en un arma rica en recursos y sale en busca del Fixer y sus secuaces. Tras barrer el piso con varios facinerosos, la persecución termina con Roscoe “Fixer” Sweeney muerto a causa de un paro cardíaco y con Slade en manos de las autoridades. Vengado el asesinato de su padre, Matt regresa a su estudio, donde su amigo Foggy y su secretaria Karen comienzan a preguntarse el por qué de sus súbitas desapariciones y su proceder misterioso.

Y así termina el hoy legendario n°1 de Daredevil. Un par de detalles interesantes: esta primera historieta deja sentada la fecha de nacimiento de Matt en algún momento de 1942, es decir que, si el tiempo pasara de igual modo para los personajes que para los lectores, el héroe ciego estaría soplando este año las 67 velitas. Felizmente no es así y -como casi todos los superhéroes de larga trayectoria- Daredevil lleva mucho tiempo anclado en algún lugar poco preciso entre los 29 y los 34 años. Y un segundo detalle: este n°1 incluye la única mención en años a la madre de Matt, a quien Jack invoca para vaticinarle a su hijo que, si perservera en sus estudios “vas a ser alguien… como lo hubiera querido tu madre!”. Mucho tiempo más tarde nos enteraríamos quién era y cuál fue la historia de esta mujer ausente pero fundamental en la vida del héroe.

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