A lo largo de esta serie de notas fuimos sacando a la luz las peores cagadas que DC Comics ha hecho a lo largo de sus 90 años. Algunas fueron avechucheadas para cagar artistas, otras pelotudeces que arruinaron historias, pero tal vez ninguna sea tan grave como la que expondremos a continuación como broche de oro. Porque nada evidencia tanto la estupidez editorial como cuando entregaron rienda libre a la no-continuidad y bancaron el vale todo.
Históricamente, la primera evidencia de intención de armar una continuidad debe haber sido cuando allá en la mítica Flash de Dos Mundos decidieron ubicar a los personajes de la Golden Age en la Tierra-2 (The Flash nº 123, Septiembre de 1961, a cargo de Gardner Fox y Carmine Infantino, bajo la batuta de Julius Schwartz). Después abusaron de este concepto y se les fue a la mierda la cantidad de Tierras y perdieron el control de en qué Tierra pasaba cada historia. Hizo falta un Roy Thomas para trata de poner las cosas en orden, fue necesaria una Crisis on Infinite Earths para tomar el control de la situación y ordenar todo el caos que era la editorial y solamente así salir a vender que eran un universo cohesionado y serio, maduro y pensado par adultos.
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Si el Penguin –pongámosle- era capturado por Batman en Abril, no podía estar como si nada peleando contra Flash en Mayo. Si una aventura pasaba en un mundo de extraterrestres guerreros la próxima vez que apareciera una raza de extraterrestres guerreros tenía que ser la misma, o por lo menos hacer mención de la que ya se presentó en un número anterior. Y lo más importante: si un personaje, ponele el Martian Manhunter, moría en una revista, no podía aparece como si nada en otra sin –por lo menos- hacer una referencia a que estuvo muerto. Eso es lo mínimo que te pido para tratar de entender a qué me refiero con una continuidad fuerte. Para algunos es de ‘anal retentive’ que no puede disfrutar una historia de la Legion si no se hace referencia a los planetas existentes en la continuidad del Siglo XXX, pero en realidad la continuidad fuerte ayuda a disfrutar más la historia cuando el guionista mete guiños a cosas que pasaron antes y los memoriosos/coleccionistas pueden pescar. Si Batman capturó al Penguin en Marzo, está genial encontrarlo en Belle Reve en mayo; si Mordru es un poderoso mago viejo en el futuro, está genial encontrarlo joven en el presente, en el mundo mágico de Amethyst; si Iris West se fue a vivir al Siglo XXX, está genial que los Tornado Twins sean hijos de Barry Allen.

Cualquiera que leyó Starman de James Robinson, Flash de Mark Waid o el Suicide Squad de John Ostrander sabe que jugar con la continuidad re-garpa, que apoyarse en una continuidad fuerte da resultados mucho mejores que si tu universo es un flan inconsistente. Y si tus muertos aparecen a los dos días como si nada paseando por otros títulos, la muerte deja de ser un elemento interesante, un gancho que atrape y aumente el drama narrativo, para ser una trampa caza-bobos, un trámite boludo cada vez menos efectivo.
¿Cuál es el problema? ¿Por qué DC se rinde y se entrega a la no-continuidad? Por un lado, la continuidad le exige el guionista –o al coordinador, al menos- leer todo lo que publica la editorial, rastrear las apariciones de los personajes que quiere usar, informarse de hechos quizás oscuros del DCU y trabajar respetando lo que hicieron los anteriores guionistas con esos personajes. Muchos guionistas no quieren agarrar un título si tienen que respetar todo lo que hicieron los autores anteriores y DC, a la hora de captar talentos, entrega a la continuidad sin mayor problema. Por el otro lado, a los lectores los premia si entienden de qué hablamos, pero les da la sensación de entrar a una película empezada si se pierde la referencia. Cuando la continuidad tiene 90 años, es muy difícil enganchar lectores nuevos.

Entonces, en la disyuntiva entre un universo sólido, coherente y que premia al lector constante, contra uno que le puede traer más plata por la gente que se engancha o los autores que atrae, DC siempre va a ir por la guita, sin importar si el universo es una mariposa multicolor donde vale todo y los personajes parecen el gato de Schrödinger que están vivos y muertos al mismo tiempo. ¿Qué digo los personajes? Las Tierras enteras fluctúan entre la existencia y el olvido, entre el "es así" y el "es como el próximo guionista quiera" o "es todo a la vez al mismo tiempo". Total, el lector se la tiene que bancar porque el objetivo es disfrutar una buena historia y no si los futuros coinciden o los planetas son los mismos. Error.
El objetivo debería ser disfrutar una buena historia donde los futuros coinciden, los planetas son los mismos y de fondo me tirás un guiño a una historia de hace 50 años. Porque sin un universo sólido, deja de importarme qué le pasa a los personajes porque total, mañana se sacude el universo y nada de eso pasó. Y cuando el lector adulto se da cuenta que le hicieron comprar historias QUE NUNCA PASARON se acaba el disfrute. Hacé la prueba de releer historias de muertes de personajes que sabés que a los dos días estaban vivos de nuevo y ya el gusto es otro. El impacto se fue, esa muerte no tiene valor. Sin una coherencia que encamine a los personajes a hitos sólidos dentro de un universo, son todas aventuras imaginarias de los ‘50 que no tienen consecuencias, ni repercusiones, ni importancia. No es tan complicado. Requiere un coordinador con mano firme, un grupo de guionistas convencidos y compenetrados con el universo y los personajes, y un público inteligente que no lloriquee pidiendo cambios en la web.

El primer paso a este vale todo de la no-continuidad fue la habilitación del Hipertiempo, ese concepto limado de Grant Morrison y Waid en Kingdom, que permite incorporar a los Elseworlds como tierras paralelas, es decir, volver al error que tuvieron que sanar con Crisis, bajo el lema ‘todo es verdad’. En 2005 -Infinite Crisis mediante- vuelve la aceptación de un Multiverso que será destruido por el malogrado New 52. Convergence descuartiza este universo ‘unificado’ y Rebirth vuelve a traer al tapete todo lo anterior, todo al mismo tiempo, a ver si con algo la pegan y logran aumentar las ventas. Y para encontrar a un culpable de esta no-continuidad, en Doomsday Clock Geoff Johns mete en meta-continuidad al Dr. Manhattan como manipulador de la continuidad. Y a partir de ahí, cada guionista hace lo que se le da la gana, cada uno toma como canónico lo que le sirve, cada coordinador ningunea lo que le molesta y dale que va.

“Sin embargo, por inoperancia, o por pereza, DC terminó por desaprovechar uno de los elementos más atractivos que tiene el comic de superhéroes, que es precisamente el entramado de la continuidad, ese sentido de juego colectivo, en el que cada autor construye historias en base a los cimientos que colocaron los anteriores”, nos dice el filósofo contemporáneo Andrés Accorsi en su seminal ¿Quién quiere ser superhéroe?. Y no podemos estar más de acuerdo. Sin continuidad fuerte, los personajes son todos iguales, todos muñequitos intercambiables sin historia, sin hitos memorables que lo definan, sin la certeza de eventos que los moldeen, sin la posibilidad de generar el interés del acontecimiento que perdura, del hecho consistente y fundacional, aunque sea menor. Sin continuidad volvemos a la historia unitaria que empieza y termina en el mismo punto, donde nada de lo que pasa es canónico ni creíble. Watchmen, quizás la mejor obra del género, se disfruta mucho más si sabés de la existencia de la Charlton, la amistad de Blue Beetle y Question, el romance de Captain Atom y Nightshade... y al mismo tiempo, en tiempos del vale todo, la innecesaria decisión de meterla dentro de la continuidad del vale todo del DCU le baja el valor, la arrastra a ser algo incompleto, ser bastardeada y manoseada por alguien que no es Alan Moore. En una época claramente signada por la escasez de ideas, el vale todo en busca de subir en la tabla de ventas es muy peligroso. Es más fácil, claro. Pero un universo complejo con 90 años como el DCU necesita del esfuerzo de coordinadores serios y comprometidos que mantengan a estos personajes de ficción dentro de cierta credibilidad, dentro de un marco de respeto al lector, dentro de esa construcción colectiva que es la continuidad.

Hasta acá llegamos. ¿Cuál te pareció la peor cagada que se mandó DC en estos 90 años? Qué difícil… Mientras lo pensás, prometo un epílogo de esta sección para el mes que viene. Porque las cagadas nunca terminan.


