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NOTAS

DChechos (parte 8)

En 2011, DC apostó fuerte al reiniciar de golpe toda su línea superheroica. Pero lo hizo a medias, y priorizó el impacto por sobre la calidad.
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Miércoles 21 de enero, 2026

 A 90 años de su creación, DC Comics ha pasado por muchas cosas y se ha enfrentado a muchas tomas de decisiones. Si bien por haber subsistido hasta hoy, uno podría pensar que la mayoría de sus disyuntivas fueron resueltas correctamente, es claro que cuando metieron la pata lo hicieron con todo. En esta serie de notas encumbramos en un podio a las que entendemos son las diez peores cagadas que se mandaron, las diez veces que sus decisiones resultaron una poronga. Algunas les parecerán menores, otras son terribles; algunas apenas trascendentes para un guion, otras hubiesen cambiado el curso de la Historia. Las cagadas aquí postuladas no están ordenadas por su magnitud, sino por la fecha en que fueron mandadas. Hoy pondremos en evidencia la estupidez editorial repasando cuando DC desperdició la posibilidad de empezar de cero con el New 52.

 Para 2011 a DC no le iba mal, pero aparentemente, los capos de la Warner dijeron que querían mejores resultados y Dan DiDio les cantó truco. ‘Quieren más ventas, pongan más guita en publicidad’. Y   la mega-corporación cantó retruco: ‘¿Para qué vamos a invertir en promoción si no hay nada que promocionar? El público son siempre los mismos viejos que se engancharon en los ‘80 y compran   cualquier cosa por amor a los personajes. No hay nada nuevo que ofrecer, no hay qué salir a vender, basta de sacudones ridículos en aras de una continuidad vetusta y emparchada que espanta   clientes  jóvenes’, pongámosle que dijeron. Entonces DiDio y Jim Lee cantaron el quiero vale cuatro: ‘Paren las rotativas. Lanzamos todo el Universo DC de cero. Títulos nuevos, trajes nuevos,   personajes nuevos, actitudes nuevas, todo a cargo de grandes artistas… viejos. Sacamos 52 revistas desde el nº 1, incluso Detective y Action Comics que traen la numeración desde los años ‘30,   arranca todo junto y no hay continuidad previa que condicione a la incorporación de nuevos lectores’. Y ganaron la partida. La guita de Warner apareció y la movida se conoció como New 52 (Ñú-fiftitú) y   arrancó en Septiembre de 2011 tras los eventos que destruyeron la continuidad anterior en la saga llamada Flashpoint.

 Y así, con bombos y platillos, con notas en los medios y mucha campaña publicitaria bancada por Warner, se cancelaron todos los títulos del DCU y comenzaron 52 nuevas revistas. Hipotéticamente. El   plan original contemplaba esto, pero alguien puso el grito en el cielo y dijo ‘Pará, pará, Batman y Green Lantern están vendiendo muy bien, tienen una mitología muy extensa con muchos personajes que   no podemos perder; a estos dos títulos tenemos que aceptarles partes de la continuidad anterior’. O algo así. La posta es que las familias de títulos de Batman y Green Lantern no arrancaban de cero,   sino que traían una mochila de la etapa anterior. Otros cambios incluyeron la salida en simultáneo de revistas en papel y digital, la gran mudanza de DC a California –que al final se postergó y lo que iba   a ser un tremendo relanzamiento de la compañía se quedó a mitad de camino-, la incorporación de los personajes de WildStorm y Vertigo como parte ‘desde siempre’ del DCU, el cierre de estos sellos   editoriales, y claro, el tener que llenar 52 revistas con buen material generado por artistas de calidad. Bueno, esa también te la debo.

 Porque tal vez, el gran problema de fondo sea de toda la industria, que si bien el 90% de las ventas se hace por comiquerías y negocios físicos, las editoriales escuchan al 10% de rompe-bolas que se la   pasan quejándose por Internet. Entonces cuando lanzás revistas apuntadas a quienes no te las compran sino a los que te critican online, terminás por sacar una línea sin alma que trata de quedar bien   con ese 10% y se olvida del lector verdadero al meter cambios innecesarios que terminan por alejar a tu público base. O lo que es peor, lo hacés porque un jetón de corbata te dice que los focus group y   las proyecciones sugieren que si hacés eso van a subir las ventas, van a vender más fácil merchandising o el público va a entender mejor los productos con esos personajes en las pantallas.

 Y sí, las ventas subieron. Con mucha guita de Warner metida en promocionar el nuevo relanzamiento desde cero del Universo DC, la pre-venta de la Justice League nº1 con dibujos de Jim Lee superó   las 200.000 unidades, y se reimprimieron cuatro ediciones, mientras que para Septiembre, todos los títulos del New 52 agotaron su tirada. En ese mes del lanzamiento DC metió ocho revistas entre las   diez más compradas por las comiquerías, con Justice League en el primer lugar. Seguramente DiDio corrió feliz a mostrarle los números a los jefecitos de Warner, mientras que descreídos como Warren   Ellis remarcaban que la ventaja sobre Marvel era muy poca y que los comics de DC podían ser devueltos por los comercios si no los vendían al público. Glenn Hauman, guionista y periodista, explicaba   que los números de la distribuidora Diamond (que trabajaba con el circuito de para comiquerías) no contemplaban los kioscos y supermercados, ni  las ventas digitales y un etcétera que debía importar   en  la ecuación de ‘éxito’. De hecho, para Diciembre de ese 2011, Marvel ya había recuperado el liderazgo tanto en cantidad de unidades vendidas como de dólares facturados en ese mercado.

 Y lo que parecía un gran éxito, a medida que la gente leía el contenido de las revistas -y sin la promoción inicial,- se iba desinflando. Para Abril de 2013 había caído a un 28%, en Enero de 2014 apenas   tenía un 30,7% del mercado. Ya para Enero de 2012 y tras apenas ocho números, tienen que cerrar por bajas ventas y malas críticas Blackhawks, Hawk and Dove, Men of War, Mister Terrific, O.M.A.C.   y Static Shock, que serán reemplazadas por seis títulos nuevos (a los que denominaron la Segunda Ola). Para Septiembre (y coincidiendo con el Zero Month) bajan la persiana Justice League   International, Captain Atom, Resurrection Man, y Voodoo, que pedirán suplentes (de la Tercera Ola). En los primeros meses de 2013 llega la Cuarta Ola para cubrir los espacios de otras revistas que son   fiambres: G.I. Combat, Frankenstein Agent of S.H.A.D.E., Grifter, Blue Beetle, I, Vampire, DC Universe Presents y Legion Lost. Ya en Mayo se anuncian más caídas: The Savage Hawkman, The Fury of Firestorm: The Nuclear Man, Sword of Sorcery, Team 7, Deathstroke y The Ravagers. La cancelación de Batman Incorporated se anunció en Julio de ese año y tuvo en Agosto un Special para poder terminar la trama, al tiempo que cerraban las puertas Demon Knights, Legion of Super-Heroes, Threshold y Dial H. Pero para no aburrirlos con listado de cancelaciones, baste decir que para Febrero de 2015 DiDio tuvo que aceptar que su glorioso plan de conquista del mundo no funcionó y reculó como cangrejo, con el anuncio de que en Mayo se acababa el New 52 con la llegada de Convergence. Ese Junio salieron 24 títulos en la recientemente incorporada iniciativa DC You, mientras que las restantes revistas que quedaban de la movida Ñú-fiftitú tenían todos equipos creativos nuevos y compartían una continuidad bastante blandengue. Para Junio del ’16, con Rebirth, se vuelve a un vale todo pre-Crisis, pre-New 52, todo convive con todo, porque ni con la posibilidad de arrancar todo de cero pudieron escribir historias coherentes, que cohesionaran un universo fuerte y respetuoso.

 Hay mucha tela para cortar con el fracaso de esta apuesta de DC, con los personajes cambiados (puedo llenar diez entregas hablando de lo que le hicieron a Superman, a Starfire, a Batwoman, al Martian Manhunter, a Barbara Gordon, los Titans, la Legion, los velocistas que no son Barry Allen, hasta al Phantom Stranger arruinaron), los artistas que abandonaron sus títulos –a veces incluso antes de empezar- (George Pérez tras seis números de Superman, el mismísimo Rob Liefeld contratado para escribir Grifter y The Savage Hawkman, y para el control total de Deathstroke con los nºs 0, Gail   Simone a quien echaron de Batgirl y tuvieron que salir corriendo a buscarla de nuevo, en Marzo de 2013 tanto Andy Diggle -continuador de Grant Morrison en Action Comics- como Joshua Hale Fialkov - guionista de Red Lanterns y Green Lantern Corps post-salida de Geoff Johns- renunciaron muy rápido, James Robinson abandonó Tierra-2 al año y pico, Kevin Maguire iba a dibujar Justice League 3000, se peleó y se fue antes de hace un número, y la frutilla del postre, cuando los autores de Batwoman -J.H. Williams y W. Haden Blackman- se fueron dando un portazo a la homofobia idiota de DC que no quería que Batwoman se casara con su novia, la policía Maggie Sawyer, etc.).

 Otra gran crítica a este relanzamiento de DC fue la falta de autoras mujeres (la representación cayó del 12% al 1%, con apenas Gail Simone y la dibujante suplente Amy Reeder) que repercute en cómo se presentan algunos personajes femeninos (Catwoman, Starfire, Harley Quinn, Voodoo, etc.) y el curro de agarrar tramas de los ‘90 y contarlas de nuevo (como en Swamp Thing y Animal Man, por ejemplo). Para llenar 52 títulos con buen material necesitás equipos creativos fuertes e interesantes, no amigos de Jim Lee de los ‘90 (como Brett Booth y Scott Lobdell), ni desconocidos o sobras de los   imprints secundarios. No tiene sentido invertir en publicidad y relanzar todo el universo para presentar un par de buenos títulos y docenas de berretadas sin rumbo. Una pena. Se podría haber aprovechado la movida para generar un nuevo público seguidor y fanático, pero se lo ahuyentó con trucos para sacarle el dinero y revistas sosas mal narradas.

  Aguanten que faltan dos cagadas y terminamos.