Los 23 números de la antología de autor de Daniel Clowes fueron un semillero infinito de ideas y series brillantes.

Eightball

23/02/2022

| Por Gonzalo Ruiz

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A1jLfic1r0LMás temprano que tarde llegó uno de los títulos que más pidieron los lectores cuando se anunció esta nueva serie de notas. Una reacción interesante, debido a que hablamos de uno de los popes del underground de finales de los ´80 y principios de los ´90. Un artista hermético dentro y fuera de “la cancha” que de golpe se encontró con la fama y el reconocimiento absoluto gracias a no una sino tres películas que adaptan tres de sus obras (dos de ellas nacidas dentro de esta antología), un mentiroso de su origen que se encargó de inventarse pasados, aunque al final se supo que Daniel Gillespie Clowes llegó al mundo en 1961, en Chicago, Illinois.

Clowes tuvo un acercamiento temprano a los comics, cuando un número de Strange Adventures le partió la cabeza literalmente (la tapa de una familia sufriendo una ola de calor lo sacudió al nivel de ponerse a llorar y golpearse la cabeza contra la pared). Su hermano, aquel que le habilitó ese issue, también lo acercó a Archie, Fantastic Four… y a Robert Crumb, probablemente el punto que tienen en común muchísimos de los/las dibujantes que vamos a repasar en estas notas. A mediados de los ´80, comenzó su carrera en la revista  Cracked (una de las tantas imitaciones de MAD que existieron), mientras comenzaba a desarrollar a su primer personaje clásico, Lloyd Llewellyn. Esa primera aparición fue enviada a Fantagraphics que respondió por la positiva al adosar a Clowes a su cartera de artistas, en primer lugar publicando dicha historieta en el nº13 número de Love and Rockets. Después vinieron las revistas de Lloyd, y después, la antología.

Eightball-V2p7-555x826Eightball es sin dudas, una de las antologías más influyentes. Duró 23 números publicados de forma errática a lo largo de 15 años (otra constante en estas notas, la falta total de periodicidad, llegando incluso a que pase un año entero entre número y número), donde de manera serializada, Clowes publicó, además de muchísimas historias cortas (entre ellas, la mítica Art School Confidential), cinco historias largas que, por supuesto, hasta el día de hoy se siguen republicando de corrido en formato trade paperback, a su vez que las historias cortas se compilan en libros separados. Por tanto, es una de las poquitas que se puede conseguir entera tanto en inglés como en español. Veamos pues, cuáles son esas cinco historias que catapultaron al chicagüense.

clowesLIKE A VELVET GLOVE CAST IN IRON

Los primeros diez números de Eightball fueron ocupados en buena parte por esta auténtica pesadilla, la Eraserhead del comic-book. Una obra difícil de reseñar o incluso de intentar resumir. Puedo decir que la “acción” ocurre en un pueblito ficticio yanki… y nada más, porque todo lo que ocurre es completamente caótico, surrealista y pesadillesco. Una historia sin guion, basada en sueños recurrentes, donde Clowes simplemente dibujaba lo que se le ocurría dentro de ese marco del pueblo chico en el que pasa de todo. Clay Loudermilk entra a un cine y es testigo de una película bizarrisima (igual que esta historia) protagonizada por una mujer similar a su ex-esposa. La obsesión por ella lo lleva a buscarla a este pueblito del que nunca más va a salir. Personajitos deformes, diálogos sin sentido, cine experimental (el título viene de una frase de la mítica película de explotación Faster Pussycat! Kill! Kill!).

Así y todo, pese a lo cuesta arriba que se pone clavarse Like a velvet glove…, y si bien no deja de ser un un trabajo temprano (Clowes mejorará y muchísimo el dibujo a medida que pasan los números), ya podemos ver dónde radica la genialidad de su parte “visual”: caras expresivas y muy particulares, una manejo equilibrado entre el minimalismo y el detalle y un gran uso del blanco y negro que acá resalta el clima ominoso que exuda el pueblito. Clowes admitió que laburar de esta manera lo quemó, al punto de nunca más desarrollar una historia sin algo previo. El onceavo número de Eightball incluyó una historia corta llamada Velvet Glove, que funciona a modo de chiste como una explicación de Clowes al respecto de toda la fumanchereada que se había mandado antes, donde Like a velvet glove… es una película de bajo presupuesto que sale mal.

ghost world_09GHOST WORLD

La consagración definitiva del ídolo se publicó entre los números 11 y 18. Ocho historias cortas e inconexas protagonizadas por las adolescentes Enid y Rebecca, completamente atrapadas en una ciudad también anónima que las repele por completo: ambas están lejos del estereotipo de “valley girl” (o “cheta boluda” para nuestro territorio), son más bien unas hipsters fuera del sistema que solo encuentran la paz en su soledad, visitan su café con onda retro/50’s y persiguen a los freaks del pueblo como única forma de escape.

El opuesto absoluto a Like a velvet glove…: Ghost World es una obra, si bien no lineal, sí bastante concreta en lo que busca mostrar, la melancolía absoluta de la juventud a la deriva, un comic con muchísimo corazón que retrata de manera respetuosa esa tristeza mencionada, que no necesita recurrir a golpes cruentos o bajos. Le alcanza con dos personajes fascinantes, molestos e inconformistas, que actúan así como medida de protección ante un mundo hostil.

fae4ce2143014417184a3acc0b9e8709DAVID BORING

Tras el final de Ghost World, Clowes elimina las historias cortas autoconclusivas para enfocarse en relatos largos serializados. Uno solo, sin embargo, ocupa el espacio más allá de un número, que es David Boring, publicado en los números 19, 20 y 21, cada uno de los tres actos, como se denominaron.

Si hay algo que no es la historia, es “boring”. A diferencia de las anteriores, David Boring es un relato largo y contínuo protagonizado por el homónimo, un joven ex-director de cine con una obsesión por las mujeres, cuya vida se hunde más y más a medida que ésta se torna más compleja y problemática. Con la ventaja de la duración, acá el artista aprovecha para tridimensionalizar y profundizar la psicosis de todos los personajes que aparecen. Por si fuera poco, hay un salto de calidad notorio en su manera de dibujar, más redondeada y pulida. También aprovecha una sub-trama que involucra al padre de David, un dibujante de comics fracasado de los ´60 para meter viñetas que imitan a Dan DeCarlo. Todo un lujo.

Ice Haven IVICE HAVEN

Los últimos dos números de la antología incluían ya una sola historia completa. En el nº 22 venían muchos relatos cortitos e inconexos que transcurrían en el pueblo (no sé cuántas veces dije “pueblo” en esta nota, pero no es culpa mía) Ice Haven. Al momento de recopilarse, Clowes la reconfiguró para que salga en formato apaisado y con un orden distinto.

En materia narrativa, cada página (en algunos casos, son dos o tres juntas) cuenta una historia enfocada en un habitante distinto, yendo y viniendo dentro de sus tribulaciones. Desde Random Wilder, un frustrado poeta que odia a su vecina, una viejecita adorable también poeta (pero de dudoso gusto) que gana premios, pasando a Charlie, un niño cuyos pensamientos poseen una profundidad casi cruel, o Vida, una adolescente snob también escritora. Dentro de esta fauna freak, el más destacable es Harry Naybors, crítico de comics quién por momentos rompe la cuarta pared y convierte el comic en una metaficción. El nexo que une estas páginas, es la desaparición misteriosa de David Goldberg, un niño silencioso.

Lo más interesante de Ice Haven, es cómo se amalgaman estos relatos típicos con delirios alla Clowes, que se destacan porque el maestro utiliza distintos estilos de dibujo para que cada secuencia y cada personaje tengan su onda distintiva. A esta altura, por si no quedó claro, estamos hablando de un artista al que no le alcanza con pelar chapa, sino que necesita subir peldaños todo el tiempo, y vaya que lo logra.

lfTHE DEATH RAY

El último número de Eightball está dedicado a una retorcidísima (como si el resto de las historias no lo fueran) parodia a los superhéroes y, sobre todo, al deber ser. Andy es un chico solitario con un único amigo y que vive con el abuelo, que por casualidad descubre que al momento de fumar, obtiene superpoderes. Por si fuera poco, recibe como herencia de su padre un rayo mortal.

En tiempo récord (son 50 páginas, la “novela gráfica” más corta de todas las extraídas de Eightball), Clowes arma su propio Watchmen/Dark Knight Returns en clave de total joda. ¿Qué hace una persona que obtiene un poder supremo y definitivo? ¿Lo usa para su bien o para ayudar a los demás? ¿Qué consecuencias trae usar ese poder para hacerse el vivo? Narrada de la misma manera que Ice Haven (una o dos páginas donde se sintetiza una sola situación para pasar a otra u otros personajes en la página siguiente), tal vez sea, en comparación con las demás, una obra menor pero no por eso mala.

danpusseypgPUSSEY!

Durante los números en los que habían historias cortas, existió un personaje recurrente que tuvo nueve apariciones que hoy se recopilan en un libro aparte. Lo de Dan Pussey es una salvaje sátira a la industria del comic, enfocado en este gordito aparato que, comenzó sus días de artista trabajando para una editorial controlada por el editor Doctor Infinity (una mezcla desagradable entre Bob Kane y Stan Lee, un garca sin escrúpulos que manipula a su equipo de trabajo) para convertirse en otro empresario garca y terminar sus días en el más absoluto olvido. Durante el nacimiento, ascenso caída y muerte de Pussey se ven reflejadas las eras del comic-book norteamericano que por supuesto termina con la llegada de Image y las historias ultraviolentas.

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