Primera parte de la entrevista a Alejo García Valdearena, uno de los grandes guionistas argentinos, con el que tuvimos la suerte de conversar a fondo.

Entrevista a Alejo G. Valdearena (parte 1)

11/06/2014

| Por Javier Hildebrandt

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alejoJavier Hildebrandt: Arrancamos con una clásica: ¿cuáles fueron tus primeros acercamientos a la historieta y qué obras te marcaron como para querer dedicarte a esto?

Alejo García Valdearena: En la infancia, mis viejos me compraban el Billiken. Ahí fue, creo, donde me encontré por primera vez con la historieta, ya ahí conocí a Astérix y Lucky Luke, que incluso al día de hoy son algo así como mi “ideal de historieta”. También, en cada visita que hacía a la casa de mi abuelo me trepaba a un armario donde dormían las revistas Pato Donald que mi viejo había coleccionado durante su infancia y hasta bien entrada la juventud. Otra lectura temprana, insoslayable, es la de las revistas de Quinterno. Me encantaban las Andanzas de Patoruzú, las Correrías de Patoruzito y sobre todo, por ese “sabor picante” que tenían para un niño, las Locuras de Isidoro.

JH: ¿Tu intención fue siempre la de dedicarte a escribir historieta? ¿Estudiaste en alguna escuela o tuviste algún profesor en particular?

areaAGV: En principio, quería ser dibujante. De chico me gustaba mucho dibujar, más que a la media digamos, y entonces mi vieja me mandó, a eso de los nueve años, a un taller que había a la vuelta de mi casa. Pero resultó que el taller tenía una propuesta especial: el curso para niños combinaba dibujo y cerámica. A mí no me gustaba la cerámica, así que aguanté unos meses y dejé. Ese fue el primer hachazo que recibió mi carrera de dibujante. Después, sobre los dieciocho, tuve un segundo intento: me anoté en la escuela de Garaycochea, donde fui alumno de Oswal que es, sin lugar a dudas, el mejor maestro que he tenido jamás. Aprendí un montón de historieta con él. Pero justo en esa época, en la facultad de diseño, conocí Pier Brito y a Feliciano García Zecchín, que en ese momento ya casi eran dibujantes profesionales. Al lado de ellos, yo dibujaba como un nene de nueve años. Creo que mi carrera de dibujante falleció del todo una triste mañana de otoño, cuando en la cátedra de proyectual nos hicieron dibujar un lugar que frecuentáramos. Yo dibujé, en estilo egipcio, un kiosco de mi barrio en cuya vereda me había pasado la adolescencia entera tomando gaseosa. Sentado a mi lado, Pier se dibujó a sí mismo entrando en la librería Entelequia, utilizando doscientos puntos de fuga y un conocimiento de anatomía digno de un cirujano. Entonces pensé que por ahí lo mío era la escritura.

JH: Si no recuerdo mal, lo primero que leí escrito por vos fue Área, un unitario que publicó Ivrea en 1998, dibujado por Pier Brito. Contame cómo llegaste con el proyecto a la editorial y cómo fue ese primer trabajo junto con Pier.

AGV: Más o menos en la misma época de la que te acabo de hablar, Pier conoció a la gente de Ivrea, a Leandro [Oberto] sobre todo, y empezó a colaborar en algunas cosas con ellos. Francamente no recuerdo muy bien cómo nació Área, creo que fue idea de Pier y Leandro. Y Pier también se ocupó de convencer a Leandro de que yo podía escribir un guión de historieta, lo cual era completamente falso (y le agradezco muchísimo). En fin, comercialmente fue un desastre. Pero viendo el proyecto desde hoy casi se lo podría tildar de vanguardista, en el sentido de que fue una primera aproximación al “argentimanga” (con perdón del horrible neologismo).

4-segundos-01-00JH: De ahí, pasamos a 4 segundos. Contame cómo te conocés con Feliciano García Zecchin y cómo surge el proyecto.

AGV: Con Feli nos hicimos amigos en la facultad de diseño. Pasamos todo el segundo año juntos, prácticamente conviviendo mientras recortábamos papelitos de colores para hacer entregas muy poco satisfactorias (para los docentes; nosotros la pasábamos bárbaro). Y después de ese segundo año, dejamos la facultad. Entonces yo me fui a estudiar periodismo y mientras, empecé a soñar con hacer una revista de historietas. Mi santo padre, que en paz descanse, me escuchó soñar y se ofreció a bancar la revista que en principio iba a ser una antología. Por suerte, en un rapto de cordura, me di cuenta de que no me daba el cuero para llevar a cabo un proyecto tan complicado. Entonces, de unos cuantos guiones que había escrito, me quedé con el que más me gustaba para desarrollar una serie. Esa serie fue 4 segundos.

JH: ¿La idea siempre fue autoeditarse? En aquél momento –y hoy también- era una apuesta arriesgada sacar un comic-book a color con regularidad.

AGV: Y… me parece que en ese momento simplemente no había otra opción. El único editor al que podríamos haberle llevado un proyecto así era Leandro… pero ya tenía la casa amueblada con paquetes sin vender de Área.

4segfotoJH: Pasaron los años y un montón de gente todavía recuerda 4 segundos, al punto que el tomo recopilatorio de Ivrea salió mucho después y tengo entendido que funcionó muy bien. ¿Esperaban esa repercusión y esa permanencia en la memoria de los lectores durante tanto tiempo?

AGV: Bueno, al principio éramos tan inocentes que soñábamos con vender diez mil ejemplares y hacernos ricos y famosos. Pero después, cuando finalmente entendimos que la realidad suele resistirse a ser moldeada por los sueños, dejamos de esperar la gloria. En fin… No. Jamás nos imaginamos que la gente iba a recordar la revista con tanto cariño después de tanto tiempo. Es una sorpresa que nos encontramos estos últimos años. Muy grata, por cierto.

JH: ¿Y por qué pensás que pegó tanto en los lectores? Porque no es algo común en la historieta argentina de los últimos años, más con una revista de vida relativamente breve.

AGV: Y… se pueden hacer mil hipótesis. Pero de verdad creo en lo que te dije antes: con Feli nos divertimos tanto haciéndola que, de alguna misteriosa manera, esa diversión se transmitió a los lectores como si fuera contagiosa. Suena a cháchara new age, lo sé, pero es la única explicación que puedo ofrecerte.

4segundos_tapas2JH: Una pregunta que seguro te han hecho muchas veces, pero no la puedo dejar pasar. ¿Te planteas una continuación?

AGV: En algún momento, allá por el 2008, volví al país después de haber vivido mucho tiempo afuera y me encontré con esto de que la gente todavía nos recordaba. En ese momento tuve la tentación de volver a hacer algo con 4 Segundos. Pero no logré decidirme, no me animé… Y me parece que no me decidí porque en el fondo sé que ya no se puede hacer. Ya no puedo escribir como en ese momento. 4 Segundos fue el resultado de una combinación de factores muy especial. Feli y yo éramos muy jóvenes, frescos, despreocupados y teníamos todo el tiempo del mundo para dedicarle a nuestra revista. Por eso salió bien. Nos divertimos tanto haciéndola que no podía fallar. Pretender reproducir eso hoy, que somos dos viejos amargados llenos de preocupaciones y responsabilidades, es como mínimo, temerario. Además, está la enseñanza de Jerry Seinfeld que, aunque él no lo sospeche, es una especie de gurú espiritual de 4 Segundos. Cuando le preguntaron por qué terminaba su serie si seguía siendo un exitazo, él dijo que lo mejor es irse cuando el chiste todavía funciona.

peatonesJH: Después, también con Feliciano, hacen Peatones. Eso ya lo hacés estando en España, ¿no? Contame un poco sobre el proyecto.

AGV: Sí, Peatones la empezamos justo cuando me mudé a Barcelona. Le hicimos llegar 4 Segundos a Ediciones La Cúpula, y a Félix Sabaté, que era el jefe de redacción de El Víbora le gustó mucho, pero prefirió que hiciéramos algo nuevo en un estilo similar. Fue una alegría enorme para nosotros. De golpe estábamos trabajando para una revista que considerábamos legendaria. Peatones nos dio nuestra primeras tablas. Aprendimos a relacionarnos con un editor, a cumplir fechas de entrega y otras muchas cosas de suma utilidad para la vida del historietista. Fueron un par de años y después la revista tuvo que cerrar. Fue una gran pena, pero por suerte ya habíamos podido terminar la serie. Muchos años después, Félix Sabaté, que había pasado a ser el Editor jefe de Glénat, nos publicó un librito hermoso con la serie completa.

 

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