Segunda parte de la gran entrevista que nos concedió en exclusiva el dibujante de Dieter Lumpen y Corto Maltés.

Entrevista a Rubén Pellejero (parte 2)

25/07/2016

| Por Javier Hildebrandt

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tabuJavi Hildebrandt: Con Tabú volvés al blanco y negro…

Rubén Pellejero: El blanco y negro satisface mi lado más pictórico, en el color se destaca el aspecto más interior, más realista, en el que me siento súper cómodo. Yo venía trabajando para el mercado francés y ahí las obras en blanco y negro son más limitadas. Se acostumbra hacer para pequeñas ediciones y yo estaba en grandes editoriales. Ahí el aspecto del color es casi necesario. Con Tabú rompíamos un poco esto. Era el deseo de hacer algo en un blanco y negro muy rotundo. Y en el caso de Jorge, lo mismo, él también quería variar, hacer otro tipo de historia. Fue perfecto porque me desengrasó un poco del color, tenía un deseo de volver al blanco y negro al cabo de los años, pero ir mucho más allá que Griffatón. En Tabú era una pulsión muy fuerte que yo tenía, una necesidad de hacer algo más influenciado mentalmente por la escuela norteamericana. Volver a los maestros, Alex Toth, esa fuerza del blanco y el negro.

JH: ¿Cómo fue el encuentro con Denis Lapiére, después de tanto tiempo de trabajar con Jorge? ¿Cómo se dio esa nueva dinámica de trabajo?

gulagRP: Son muchos años y hay muchos momentos. Hubo un tiempo en que pasamos una cierta crisis editorial con Casterman –que luego con los años se recuperó, mi vuelta con el Corto Maltés ha sido como volver a Casterman en algún aspecto- pero en su momento hubo cambios en la editorial y nuestro trabajo fluctuó un poco. Presentamos proyectos que no acabaron de cuajar y entonces Denis Lapiére, que en su momento estaba en Spirou y era encargado de dirigir un cuadernillo, un insert en la revista, nos propuso a Jorge y a mí hacer unas 8 páginas o una cosa así. Y Jorge en su momento dijo que no, no le interesaba. Pero a mí sí me interesó, ahí hubo una cierta discrepancia en que a mí me interesara algo que a él no. Era la primera vez que pasaba, siempre habíamos estado más o menos de acuerdo. Así que le comenté a Denis que yo quería hacerlo, entonces él mismo me ofreció un guión para este cuadernillo. Y ahí empezó mi relación con Denis. También quedó mi puerta abierta para trabajar con otros guionistas y él aprovechó para ofrecerme más adelante otras historias.

JH: De pasar de publicar para el mercado español al francés, ¿hubo diferencias en la forma de encarar el trabajo?

humo azulRP: Desde el momento en que publicamos Dieter Lumpen en Francia y El silencio de Malka en España, se hacían obras muy interesantes, pero ocurría que el formato revista ya había desaparecido, estaba en crisis. Era difícil llegar a hacer un álbum de 64 páginas. Esa era la gran diferencia, en Francia tú te podías permitir producir el libro, y en España ya había desaparecido el formato revista, que te permitía ir publicando por capítulos y luego recopilar en álbum. Eso estaba desapareciendo. Pero si hubiéramos tenido esa posibilidad en España, lo hubiésemos hecho. Era mucho más rentable hacer un álbum de esta cantidad de páginas directamente para Francia. Este planteamiento empezó con la última etapa de Dieter Lumpen, que la hicimos directamente para Francia.

JH: Con Lapiére después hicieron Un poco de humo azul y El vals del gulag. ¿Cómo fue trabajar en algo más largo con él?

RP: La gran diferencia es que trabajando con Denis Lapiére me encontré con historias muy impactantes durante todo su desarrollo, lo que cuenta es increíble. Pero tenía un clasicismo dentro del modo narrativo, mucho más a la francesa. Jorge era mucho más imaginativo, le gustaba más la estructura del comic en sí más que lo que narraba. Era como jugar con el lenguaje y la construcción. En cambio Denis Lapiére tiene un modo más regular de narrar, pero a la vez es muy emotivo en las historias que describe. Esa para mí fue la gran diferencia. Me permitía como autor una cierta tranquilidad en todo el libro. Con Lapiére sabía lo que iba a suceder.

loboJH: En Lobo de lluvia, volvés a meterte dentro de un género específico y con códigos muy marcados como el western. ¿Tuviste alguna referencia puntual para esa historia? ¿Cómo lo trabajaste?

RP: Siempre he sido un gran amante del western, tanto en la cinematografía como del género en sí. A nivel de autores tengo auténticos puntuales que han sido grandes obsesiones mías, como el italiano Ivo Milazzo, el dibujante de Ken Parker, y también muchos argentinos. Este fue un deseo que se cruzó en mi camino, entonces aproveché la ocasión. Fue Jean Dufaux quien me lo propuso, quería trabajar conmigo. No había hecho western, no lo tenía dentro de su programa de obras y quería hacer algo diferente. Entonces contactó conmigo, me propuso hacer un western y para mí fue increíble. Intenté hacerlo de un modo no tan tradicional, y ahí se ven además de las influencias la evolución que tuve en Humo azul y El vals del gulag. Es un western que está entre varios momentos creativos. Estoy muy contento.

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