Las Locas de Jaime Hernández se convirtieron en señoras casi cincuentonas y se volvieron a reunir para una hermosa novela gráfica.

Is this how you see me?

06/10/2021

| Por Gonzalo Ruiz

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9781683961826Todo lo que ocurrió en tiempo pretérito es una entelequia a la que siempre, durante el transcurso de la denominada mediana edad, hay que ir a conquistar? ¿O tal vez mañana es mejor? A veces algunos recuerdos quedan enturbiados por cómo resulta el proceso de crecimiento y madurez de dicha persona. Y por más que, en un ejercicio metaficcional, hablemos de los recuerdos de personajes de historietas que nosotros los lectores podemos revivir de una manera tan fácil como inalterable, esta sensación de extrañeza con los recuerdos les puede suceder igual a los “habitantes” de estas historietas. De eso se trata la treintava novela gráfica del mega-universo de Love and Rockets, que a casi 40 años de publicación cuasi ininterrumpida, sigue siendo el mismo pilar de independencia comiquera, todo un faro punk/do-it-yourselfista que mantiene el mismo status de culto y relevancia que se encargó de portar desde que Jaime y Beto se le plantaron a Gary Groth con esa rareza sci-fi chicana que fue el número uno de L&R.

Serializada dentro de New Stories, la tercera colección de Love and Rockets publicada por Fantagraphics de manera anual entre 2008 y 2016, Jaime Hernández reúne a sus musas ficticias, Maggie y Hopey, para un viaje nostálgico al ficticio pueblito de Huerta (o Hoppers), donde ambas fueron parte de la movida chicano-punk de 1979.

Is This How You See Me_TNY_selection_Page_1Con esta premisa básica, comienza una historia de fuerte introspección sobre el paso del tiempo. Esto no es, sin embargo, una rara avis dentro de la vasta cosmogonía de la revista antológica, ya que a los personajes los vimos crecer primero a lo largo de los 50 magazines originales, luego en el volumen siguiente en formato comic-book (20 revistas) y ahora (aunque tras el final del New Stories salió un cuarto volumen, nuevamente en formato magazine con nueve números publicados hasta el momento), en estos lujosos trade-paperbacks de 100 páginas que originalmente mostraban una parte reducida del contenido del libro; funcionando más como muestrarios en lugar de serializar una obra larga.

Lo primero que observamos es como dos mujeres en sus cuarentas tratan, una por su lado, de recuperar la magia del pasado, mientras que el otro lado prefiere olvidarlo. Hay algo fuerte del regreso a casa, una sensación de cuestiones sin resolver, sobre todo en Maggie. Tanto ella como Hopey (quiénes supieron ser novias en su juventud) armaron sus vidas con matrimonios y familias, pero hay algo en este viaje que le despierta sentimientos encontrados, como en el momento que busca reconquistar a su amiga en una escena de falsa tensión sexual malinterpretada.

unnamedLos personajes en su mediana edad siguen teniendo los mismos despistes que en su juventud, pero la magia de Jaime hace que no veamos a dos viejas patéticas, sino a dos adultas que se reencuentran con su pasado, que en algunos aspectos no cambió en absoluto, sentimiento reforzado cuando observamos flashbacks que se van intercalando con la historia actual.

La táctica de los flashbacks sirve también para seguir completando los micro-baches cronológicos que ocurrieron durante el primer volumen de Love and Rockets. Un “relleno” si se quiere que no hace falta, pero que sirve para el impacto emocional y explicar de manera total como funcionan ambas, de la misma manera que, gloriosamente, Jaime Hernández explicó que Maggie siempre tuvo una pareja heterosexual, una que nunca se presentó pero que igual figuraba (Para más detalles, la monumental miniserie Penny Century, publicada en el hiato entre los dos primeros volúmenes de la saga, todo un tour de force narrativo).

También y de manera progresiva, vemos algo que nos pasa habitualmente a medida que nos acercamos a la adultez, que es la pérdida de cierta magia cuando se rememora la juventud. Lo que parecía genial antes, ahora deja de serlo, en parte por los achaques corporales o simplemente por la pérdida de inmadurez, y por momentos buscan soltar esa nostalgia curada para aceptar la realidad y que no todo tiempo pasado fue mejor; pero a veces es irresistible no sentir amor lo que alguna vez fueron. Y lo divertido es como se maneja Jaime al respecto, porque logra que a veces sea Maggie la inconsciente y Hopey la que tiene los pies en la tierra cuando históricamente la cosa era al revés.

ER3w0E4XYAEnr5OCapaz sea redundante, pero es menester hablar del Jaime modelo 2010, cuyos dibujos siguen estando en un nivel superlativo, preciosista y deudor de Dan DeCarlo, aquel mítico dibujante que definió lo que hoy más recordamos de Archie a nivel diseño. Con puestas sobrias de seis u ocho cuadros por página y donde por momentos el diálogo está por sobre el dibujo (en cantidad, por supuesto), el arte pasa del detalle a la simplificación pero sin perder rastros de genialidad y/o de identificación (incluso cuando la cara son dos puntos y dos líneas, sabemos que Maggie y Hopey son ellas mismas). Todo esto se amalgama con unos diálogos de lo más humanos y corazonados posibles, la clásica prosa Hernández ya no centrada en cómo hablaban sus amigos en su momento, sino como hablan las personas que son como él ahora, gente grande que, dependiendo su situación, añoran el pasado o no tienen reparo en mirar hacia adelante. Love and Rockets en absoluto estado de maduración, y aún así sigue conmoviendo como en aquellas mitológicas 50 revistas seminales.

 

ca-times.brightspotcdnIs this how You see Me? es una carta de amor a la nostalgia en el sentido de poder superar el pasado, y mirar al presente (y futuro) con benevolencia. Alcanzar la madurez puede ser un acto traumático o aceptado, y de eso se trata esta historia. Con lo complicado que parece, desde afuera, leer Love and Rockets, la lectura de esta historieta no debería estar condicionada únicamente al fanático. Por supuesto, se pierde algo de la gracia al ver “crecer” a los personajes después de tanto tiempo, pero aún así, como lectura stand-alone funciona desde lo más básico de la emotividad. No te digo que necesariamente empieces por acá si nunca leíste nada, pero no es un mal punto de partida. Quizás dejo esta incógnita abierta para que a futuro, acá o en la Digital, le hagamos a Love and Rockets la nota que se merece, una a la altura del mito.

 

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