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NOTAS

Jack Kirby: los inicios (parte 3)

Enterate cómo le fue al Rey y a su amigo Joe Simon cuando volvieron de la guerra y se enfrentaron a la extraña y fascinante década de los ´50.
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Lunes 20 de junio, 2022

5. REENCUENTRO Y ROMANCE

A la vuelta de la guerra, Simon y Kirby se reencuentran. Estamos en 1946, los comics de superhéroes están perdiendo popularidad a pasos agigantados, y aún así Joe convence a Jack para sumarse juntos a la editorial Harvey, y apostarle fuerte a una línea editorial en la que nunca iban a generar ningún éxito considerable. Ahí van a colaborar varios años, y van a crear superhéroes de segundas marcas, como Stuntman y Captain 3-D. También van a tener su clásica pandilla juvenil con Boy Explorers, e incluso van a incursionar en el western con Boys’ Ranch, otra pandilla juvenil como las que habían logrado imponer en sus años en DC, pero ahora ambientada en el Oeste. Esta es una serie breve, lanzada en 1950, en la que el dibujo de Kirby brilla como nunca antes y nos permite vaticinar el nivel que alcanzaría durante esa década. En paralelo a su trabajo para Harvey, la dupla colabora con dos de las editoriales que se subieron al segundo gran furor de los años ´40: las historietas de crímenes. Así es como sus trabajos aparecieron en la editorial Hillman (en la revista Real Clue Crime), la editorial Prize (en la revista Headline Comics) y en la editorial Crestwood (en las páginas de Justice Traps the Guilty).

Atenti a la editorial Crestwood, porque ahí se va a producir el gran estallido con el que Kirby y Simon no sólo van a dejar en claro que su vigencia estaba intacta, sino que además van a levantar billetes en pala. En 1947, a Simon e le ocurre generar un comic-book con historietas que narraran relatos románticos “de la vida real”, como la revista True Story (de la editorial Macfadden) pero en forma de comics. Junto a Kirby, produjo un número piloto de la revista Young Romance y llegó a un acuerdo con los dueños de la editorial Crestwood para que la dupla se llevara el 50% de las ganancias que dejara la edición del comic-book. Convencidos de que los autores no se iban a llevar un mango, los editores les dijeron todo que sí. Pero claro, el nº1 de Young Romance tuvo un éxito descomunal, vendió el 92% de la tirada y para el tercer número esta ya era el triple que la del debut. Los dólares empezaron a llegar, y tanto Crestwood como Jack y Joe decidieron que la revista pasara de bimestral a mensual. Enseguida sumaron un segundo título, Young Love, y entre los dos llegaron a vender dos millones de ejemplares por mes. Obviamente, las demás editoriales no se quisieron quedar afuera y en pocos meses aparecieron infinitos clones de Young Romance. En 1949 ya había 125 revistas distintas de historieta romántica y, al año siguiente, uno de cada cuatro comics publicados se enrolaba en ese género. Género que –recordemos- no existía hasta que Kirby y Simon lo inventaron.

La dupla logró, de la nada, algo que hoy parece imposible para el comic yanki, que es llegar masivamente al público femenino. Y sí, son historietas que se parecen mucho entre sí, y que hoy resultan muy difíciles de leer, principalmente porque Simon narraba en pocas páginas historias bastante complejas. Y como Kirby nunca metía más de siete cuadros por página, hay páginas realmente repletas de texto, donde entre globos y bloques se morfan más del 60% de las viñetas. Los diálogos son blanditos, muy reiterativos, y los bloques ahondan en lo que el dibujo no muestra, básicamente en lo que las minitas (que casi siempre narran en off) piensan y sienten. A esto sumémosle las restricciones que llegan a partir de 1954, cuando el Comic Code Authority achica las márgenes de lo que se puede mostrar en una historieta, y está todo dado para que la mayoría de los relatos, leídos hoy, resulten un embole, soso, obvio y con escasísima onda. Pero por suerte, alguito se puede rescatar. No precisamente el dibujo de Kirby, que para 1947 todavía estaba muy pegado a su estética “cuarentosa”, esa derivada de Milton Caniff y Alex Raymond, pero sin el virtuosismo de ninguno de los dos. De a poco evoluciona hacia el Kirby más identificable, aunque –por supuesto- a su incursión en el género romántico le falta el power, la intensidad, la emoción de sus comics en los que chabones musculosos con poderes se cagan a trompadas. Los mejores dibujos suelen ser los más grandes, los que el Rey se mandaba (no siempre) a modo de splash page; y después, en el “viñeta a viñeta”, hay lindas composiciones, pero no genialidades. Quizás debido a que el texto (no el dibujo) llevaba adelante los relatos, y porque al haber tanta cantidad de letras por cuadro, el ídolo casi no tenía lugar para dibujar.

6. LA CRISIS DE LOS ´50

Para 1950, ya a nadie se le ocurría lanzar nuevos comics de superhéroes, porque estaban todos explorando nuevos géneros. Joe Simon y Jack Kirby, además de ganar fortunas con las historietas románticas que hacían para Crestwood, sostuvieron su colaboración con Harvey y publicaron también algunas creaciones menos recordadas en la editorial Prize: ahí aparecieron Black Magic (una antología de historias cortas de terror lanzada en 1950) y Strange World of Your Dreams, otra antología, pero con historias de misterio sobrenatural y tintes psicológicos, aparecida en 1952, el año en el que las ventas de comic-books en Estados Unidos alcanzaron su pico histórico.

En 1954, Martin Goodman (cuya editorial ahora se llamaba Atlas) decidió traer de vuelta al Captain America, en una serie ridículamente politizada, en la que el heroico paladín de la Segunda Guerra Mundial ahora se dedicaba a llenarle la cara de dedos a los malditos comunistas. Obviamente fue un rotundo fracaso, del cual el propio Stan Lee se arrepentiría, pero Simon y Kirby se indignaron (porque no les consultaron nada y no vieron un peso) y su respuesta no se hizo esperar. En la editorial Prize lanzaron Fighting American, un clon del superhéroe patriótico que habían creado para Timely, que al principio quiso ser “el Captain America bien hecho”, pero enseguida derivó en una sátira política, un gaste despiadado al fervor anti-comunista que reinaba en EEUU en los tiempos del senador Joseph McCarthy y su caza de brujas. El chiste duró apenas siete números.

Tarde o temprano, la lucrativa rosca con Crestwood iba a llegar a su fin. Según los abogados de Simon y Kirby, la editorial les llegó a deber 130.000 dólares, que para 1953 eran una fortuna. Intimación mediante, lograron cobrar apenas u$ 10.000. Para este entonces, uno de los encargados de las ventas en Crestwood convenció a la dupla de que se pusieran su propia editorial. Si los que generaban los dólares eran ellos, ¿por qué repartirlos con esta gente que les dibujaba los números y acumulaba deudas impagables? Así es como Joe y Jack fundaron en 1954 la editorial Mainline Publications, que funcionaba en un espacio sub-arrendado a la editorial Harvey, con la que seguían en buenos términos. Mainline lanzó cuatro títulos: por supuesto uno romántico (In Love), uno de crímenes (Police Trap), uno de cowboys (Bullseye: Western Scout) y el mejor dibujado de los cuatro, al que más pasión y talento le puso Kirby: Foxhole, la única revista de historietas bélicas escritas y dibujadas por veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Pero no les fue bien. Primero vino el golpe de la incepción de la entidad de aplicación del Comic Code y después el colapso de varias distribuidoras, entre ellas Leader News, la que trabajaba con Mainline. El resultado fue que la editorial desapareció a fines de 1956 y que perdieron mucha plata. Kirby decidió volver a buscar trabajo en las editoriales de siempre, y Simon se alejó de las historietas para dedicarse a la publicidad. Por suerte, la mítica dupla se separó en buenos términos.

(el lunes, una nueva entrega)