Delirio onírico y genialidad gráfica en la antología que nos mostró lo mejor del increíble Jim Woodring.

Jim

23/03/2022

| Por Gonzalo Ruiz

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2939337-jim1De las siete acepciones que la Real Academia Española tiene para la palabra “sueño”, hay dos que me interpelan para referirme a esta antología. Por un lado, la institución nos dice que los sueños son “sucesos o imágenes que se representan en la fantasía de alguien mientras duerme”. Y por el otro, dice que son “cosas que carecen de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse”. Cada uno de nosotros sabe que los sueños, además, pueden ser tan placenteros como caóticos o terroríficos, según las imágenes que el cerebro nos proyecte. Pues bien, hay artistas que hacen algo con esas imágenes (las buenas y las malas), las aplican en sus comics con resultados a veces tan deformes como sus sueños/pesadillas mismas. Y a esto se dedicó principalmente Jim Woodring.

James William Woodring, tal como figura en su DNI, es un californiano que a partir de sus tiernos tres años comenzó a tener alucinaciones despierto (si, un poco contradictorio con la explicación del párrafo anterior, pero bueno, después habrían sueños), donde podía observar rostros deformes y caricaturescos. Estas imágenes pesadillescas moldearon su forma de ser cuando niño. Pese a esta y otras pálidas (que incluyen pensar que sus papás podían matarlo, dejar la escuela de Bellas Artes y volverse un basurero, un borracho y padecer prosopagnosia – un trastorno cognitivo que impide que se recuerden rostros – ), no aflojan sus ganas de hacer “algo” con su talento como dibujante y es así como, motivado por un amigo, entra a laburar en la productora de animación Ruby-Spears. Quiso la fortuna que ahí congeniara nada menos que con Jack Kirby y Gil Kane, y éste último le presenta al joven Woodring a Gary Groth. El editor observa unos mini-comics que le obsequió Jim, y sin dudarlo lo invita a colaborar en Fantagraphics.

2960628-04¿Y qué eran estos mini-comics?  Básicamente sus diarios personales donde Woodring volcó todas sus alucinaciones, algunas en modo de historieta y otras en prosa. Encantado con esto, Groth le propone hacer un magazine donde dé vía libre a su creatividad, y es así como arranca el primer volumen de Jim, que dura cuatro números publicados de forma anual entre 1987 y 1990. El artista aprovecha para republicar algo del material fanzinero además de generar cosas nuevas.

A diferencia de muchas de las antologías ya mencionadas y prontas a mencionar, Jim es una revista completamente anárquica, libre y hasta opresiva, porque toda la oscuridad sufrida por Woodring está a flor de piel, marcada con un dibujo que oscila entre trazos sacados hechos en blanco y negro y unos retratos hiperrealistas (como los que se ven en las tapas, por ejemplo) e igual de enfermos. En el medio, hay publicidades falsas onda MAD y esos cuentos escritos de manera tan urgente como el artista necesitaba canalizar y exorcizar de su cuerpo. Ahí es donde cuenta cómo soñaba, por ejemplo, que sus papás querían matarlo cuando era chico. Los comics, en su mayoría autoconclusivos (aunque se repitan personajes como “Jim”), tenían también un ”efecto random” donde a cada viñeta le sucedía otra que no tenía nada que ver con lo anterior, completamente desembarazado de la idea de una secuencia o historia lógica.

2873118-4Sin embargo no toda esta ensalada caótica carece de lógica y sentido alguno. Hay mucha simbología presente y que, por supuesto, tiene mucha relación con Woodring y sus delirios de ensueño. Por un lado hay mucha presencia del hinduísmo (Jim es practicante de la escuela filosófica del Vedanta), de hecho una de las historias de Jim (si, es hiper confuso que diga el nombre tantas veces, para explicar rápido: dentro de la antología que tiene el nombre del artista, hay un personaje basado en… bueno, en sí mismo y que lleva su nombre – un tipo bastante neurótico el del comic, de hecho – ) hace presencia un amigo creyente que trata de introducirlo a dicha religión. También hacen presencia los sapos. De hecho, ¿recuerdan que comenté al pasar que el artista abandonó la Escuela de Bellas Artes? Bueno, lo que provocó dicha reacción fue una alucinación muy poderosa que involucraba a este anfibio vertebrado y que terminó inmortalizado en la tapa del primer número de Jim. Otro sapo que figura es Pulque, una criatura que vive borracha y habla en español, un método del dibujante para “exorcizar” su pasado beodo. Lo divertido de Pulque es que, cuando aparece de invitado, está dibujado con un estilo realista, como el de las portadas,  que se contrasta con los otros personajes, hechos de manera más caricaturesca.

jim-woodring-e9d01a09-3319-4e88-8dd8-7f67bcccdb2-resize-750Tras tres años de silencio, Woodring vuelve con el segundo volumen de Jim con varios cambios significantes: la publicación deja de ser anual para ser errática (mete tres números en el ´94), cuenta con menos páginas que antes, deja de lado los relatos y los avisos en joda y pasa a tener media revista a color. Pero el cambio más importante es la aparición de una criaturita “adelantada” en la portada del último número del primer volumen: Frank, ese osito antropomórfico medio raro, de estilo Tex Avery, que se roba el corazón del artista, al ponerlo siempre que puede e incluso continuarlo por fuera de la antología. Esta segunda parte dura seis números y muestra también una evolución muy zarpada a nivel estético: cuando dibuja a color, Woodring se pone las pilas de verdad, y no es que todo lo previo sea feo, quizás rústico en comparación, pero acá el dibujo se limpia, se vuelve más sintético y recontra perturbador y gore.

11th-commandment-copyRealmente es difícil poder sintetizar de “qué” trata Jim, no solo por querer cuidar un poco la sorpresa, sino porque es efectivamente caótico y fuera de su eje. Pocos artistas se dejaron guiar por su impronta oscura como lo hizo Jim Woodring, que literalmente dejó su vida y su mente en estas diez revistas. Todo un tour de force solo para valientes y para gente con ganas de mirar el abismo sabiendo que lo que puede devolverte en su mirada es algo verdaderamente perturbador: las pesadillas enfermizas de un ser humano (casi) normal.

¿Quieren un poco de orgullo catastral, medio “fuera de programa” para cerrar la nota? En los ´90, Fantagraphics le encarga una adaptación de Freaks, la película maldita de Tod Browning. Woodring se encarga del guion, mientras que el dibujo queda a cargo del maestro Francisco Solano López, que además era fan del film. Una maravilla donde, nuevamente, relacionamos al ídolo Jim con la locura más visceral y enferma. Y que encima está dibujada como los dioses.

 

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