Vamos con una nueva y alucinante entrega de esta, que es la serie de notas más ambiciosa y que más disfrutamos hacer desde que existe la Comiqueando Online.

LOS 100 COMICS DE LA DECADA (Parte 7)

30/09/2009

| Por Javier Hildebrandt

46 comentarios

EL LIBRO SECRETO DE MARCO POLO. De Quique Alcatena.
Por Javier Mora Bordel.

La obra de Alcatena se ancla en el corazón mismo de la fantasía. Un largo y tortuoso proceso mediante el cual la misma se muestra y descubre a través de paisajes y mitologías ciertas. No es casualidad, por tanto, que para este viaje tormentoso se haga acompañar del más reconocido de los viajeros. Marco Polo es explorado como bosquejo representativo del alma que imagina y asume sus mismas imágenes como realidad perenne.

El proceso preciso de contar y asumir la ficción como brújula de nuestro deambular ha sido, en no pocos casos, la única posibilidad verdadera de ensanchar los límites de la conciencia en pos de esos nuevos mundos tan deseados. Alcatena lo sabe y no sólo nos ofrece un mapa veraz de lo explorado. Principalmente nos anima a dejarnos llevar por la sed de la aventura, en este caso, haciendo volar nuestra propia imaginación junto al más universal de los viajeros. Seguir su estela supone aceptar la magia de lo real, el sustento de las leyendas tejidas mediante el encanto de la oralidad. Las regiones más transparentes dejan de ser inalcanzables; los paraísos perdidos se muestran al alcance de nuestra mano… nuestra fuga esta acordada con rumbo definitivo a lo desconocido.

Estamos, por tanto, ante una obra definitiva capaz de gestar y dar rienda suelta no sólo al imaginario propio de un autor como Alcatena, sino también al de todos aquellos mitos que conforman el subconsciente colectivo y lo definen con precisión. Cada viñeta de Marco Polo (2000) se nutre de una intensidad ceremonial que nos conduce a las lindes de la propia realidad para hacernos recuperar nuestra olvidada sabiduría primigenia: nuestro propio arte de volar, capaz de elevarnos más allá de esta cotidianeidad vacua que nos condena.


LAPINOT VOL.8: LA VIE COMME ELLE VIENT. De Lewis Trondheim.

Por Fabián Montaner.

El talentosísimo y prolífico Lewis Trondheim, maestro de maestros, ya venía anunciando, un tiempo antes de este álbum de 2004, su clara intención de no dibujar más y reducir al máximo sus actividades como guionista. Y qué mejor manera de despedirse que dejando un recuerdo eterno -aunque triste- a sus lectores, con esta gema absoluta de la BD, que es este octavo tomo de Lapinot, el último realmente importante, dibujado enteramente por él. Y es justo que esto sucediera con su personaje emblemático. Con él empezo todo, con él aprendió a dibujar, en esa entrañable “guía telefónica” de 500 páginas, que es Lapinot et les Carottes de Patagonie.

A través de este personaje, Trondheim mostró a todo el mundo su enorme talento y las maravillosas señas de identidad trondheianas: el humor chispeante y absurdo, las frases con altas dosis de mala leche y doble sentido, las boludeces que terminan complicándose de manera increíble, las discusiones sobre la vida, lo cotidiano, las pequeñas cosas, que por ser tan habituales para nosotros, no dejan de ser tan extrañas. Y es en esta pequeña fiesta entre amigos, en casa de Nadia y Lapinot, donde el pequeño universo del personaje se va resquebrajando, como un mecanismo de relojería, pieza por pieza, inexorable y meticulosamente ante la mirada impotente del lector, que no cree y que no puede hacer nada más que llorar y pensar que es una historia nada más. Una historieta. Tan irrisoria y temporaria, como la vida misma.

Merci Beaucoup, monsieur Trondheim!


LAS AVENTURAS DE JUAN EL ZORRO. De Renzo Vayra.

Por Federico Velasco.

Mi primera sensación cuando me recomendaron esta historieta fue de extrañeza: “¿Uruguaya me dijiste? ¿Estás seguro?” Y es, que mal que nos pese y a pesar del auge que está teniendo la historieta latinoamericana, todavía nos cuesta un huevo aceptar que hay excelentes productos que no vienen de las factorías habituales. Por suerte y de a poco, lo vamos haciendo; sin ir mas lejos, Los 100 Comics de la Década es un reflejo de eso.

Y así fue como me hice con esta historieta de un autor uruguayo, para mí completamente desconocido, que adaptaba una novela de Serafín J. García, basada en un personaje de la cultura popular rioplatense como es Juan el Zorro, el arquetipo del gaucho chanta, ese que se vale de su astucia para sacarle provecho a las situaciones que no le son favorables. De esta manera Juan vive, junto a su compañero el ñandú, diferentes aventuras (o debería decir desventuras) en pulperías, bosques y estancias en un principio, para después dedicarse a hacerle la vida menos llevadera a su enemigo declarado, el Tigre. Y es ahí donde la obra toma otro matiz: los duelos entre Juan y el Tigre son un deleite en escala ascendente hasta el predecible final.

El trabajo de Vayra en materia de dibujo es impresionante, con un blanco y negro de un barroquismo que apabulla, por el que vemos desfilar toda clase de animales autóctonos ligeramente humanizados y un laburo de fondos que no deja espacio sin rellenar. Por el lado de guión se vale de un montón de historias cortas de duracion irregular, con lo que cada capítulo dura lo que sostiene el relato sin necesidad de estrirar o recortar al pedo, lo que produce un mayor dinamismo en la lectura. Con dos libros ya publicados, el final queda abierto y nos deja a todos a la espera de más aventuras de Juan el Zorro, este nuevo clásico del comic latinoamericano.


PRIDE OF BAGHDAD. De Brian K. Vaughan y Niko Henrichon.
Por Martín Fernández Cruz.

Ficción y realidad se mezclan: en 2003, durante el bombardeo en Irak, un grupo de soldados americanos encontró y mató a varios leones en medio de la ciudad: realidad. La manada estaba compuesta por un león, dos leonas y un cachorrito, hijo de una de ellas, y al caer las bombas se encuentran con la libertad, ansiada, preocupante, o incluso misteriosa, depende en quién se ponga el acento.
El recorrido del grupo, que pasó en el durante y cómo llegaron a la ciudad es lo que Vaughan plantea como el eje de su historia: ficción.

Al comienzo del comic, una situación trillada esconde el verdadero tesoro del guión. En ella vemos a Noor, una de las leonas y madre del cachorro, tratando de convencer a un antílope para planear una fuga. Pero el otro, con la fábula del sapo y el escorpión como ejemplo, le dice a Noor que no piensa ayudarla porque en cuanto estén todos libres, su instinto provocaría que lo mate.

La leona le dice que no, que ella está por encima de sus instintos más básicos. Como decía, en ese pequeño diálogo descansa el espíritu de esta gran obra. Para Vaughan los animales se dividen en dos grupos: los que se basan en el instinto y reaccionan en consecuencia, y por otro lado lo que piensan y actúan racionalmente según la necesidad. Cuando más adelante Noor le perdone la vida a ese mismo antílope, Vaughan mostrará a los animales como las criaturas más maravillosas y honorables del mundo, incluso más que a los propios humanos, responsables de toda la masacre y desesperación que respira la historia. Tras conocer al grupo, entender su funcionamiento, sus diferencias y vivir junto a ellos un corto período en el que aprendemos a respetarlos y admirarlos, emerge de golpe y con una violencia desgarradora el amargo final. Una escena seca, dibujada con sentimiento e inevitablemente leída con dolor. Lean Pride of Baghdad, una historieta que enriqueció este maravilloso medio página a página.


PROMETHEA. De Alan Moore y J.H. Williams III.

Por Diego Accorsi.

Promethea puede ser no sólo la mejor serie creada por Alan Moore para su etapa ABC, sino la mejor de las 100 obras reseñadas en esta sección. ¡Guau! ¿Leyeron bien lo que puse? “Se fue al carajo”, dirán algunos sopesando la calidad de las obras que desfilan por esta columna, pero es que Promethea es mucho más que un comic. Es la revalorización de Wonder Woman y de todos los personajes femeninos de la literatura –comic incluído-, es una oda a la creatividad, a la imaginación, es una clase de magia –entendiendo como tal la posibilidad de que el mundo de la mente (nuestras ideas e imaginación) puedan modificar el mundo de la materia-, es un viaje por el conocimiento desde ópticas jamás antes abordadas, es zarpada, cómica, dramática, pausada, vertiginosa, delirante, superheroica, inteligente, clásica, innovadora, con clichés, team-ups, metacomic durante el fin del mundo y puestas en página con efectos narrativos nunca antes siquiera imaginados por artista alguno, que hasta explica el funcionamiento del Universo desde una nueva perspectiva. Moore a tope.

Párrafo aparte para el pobre tipo que desborda de talento, que estuvo en primera fila –gozando como loco dirán algunos- pero sufrió a lo largo de los 32 números de la serie. Y hablo de un artista grosso y versátil, innovador y clásico, cumplidor y detallista pero que sin lugar a dudas fue rebajado a “herramienta de un guionista insaciable y puntilloso” como es el caso del pobre J.H. Williams III. Es clarísimo que Moore tenía la historieta armada como otro de sus famosos mecanismos de relojería (Watchmen, Killing Joke, Five Floors of Danger, etc.) y que presionó al dibujante para que cuadro a cuadro, centímetro a centímetro, siguiera al dedillo sus inacabable y minuciosas indicaciones. El resultado es genial. La locura controladora de Moore sumada a las desbordante creatividad de Williams da por resultado una serie atrapante, fresca, interesantísima de la cual no te voy a contar una palabra en esta reseña porque estoy convencido de que tenés que leerla, aunque sea bajándola de Internet o realizando un conjuro a los Antiguos de los Planos Astrales Olvidados.


SOLO. De Filipe Abranches.

Por Andrés Accorsi.

Filipe Abranches es una figura seminal del comic portugués desde mediados de la década del ´90 y sí, algunas de las historias cortas reunidas en Solo (2006) pertenecen a esa etapa. Y es interesante verlas convivir bajo una misma portada con las historias más recientes, porque así queda plasmada de modo más elocuente la increíble evolución de este artista inquieto y versátil, que pasó por un montón de estilos (anduvo por los pagos de Daniel Torres, de José Muñoz, de Alberto Breccia) y hoy está firmemente asentado en una estética cercana a la de los seguidores de Egon Schiele, como Teddy Kristiansen y –en algunas obras- Nicolás De Crécy.

Pero además de ver mutar al grafismo de Abranches, Solo nos lleva a descubrir historias breves de enorme vuelo literario, casi siempre cercanas al realismo mágico, con las que el autor ganó premios y se hizo conocido en Francia, España y Suiza, además de su Portugal natal, donde recién en los últimos años se lo ha empezado a reconocer como el monstruo que es.

Abranches es un solitario abanderado de la historieta de autor, un genio volcado a la experimentación, recientemente seducido por la animación donde –de nuevo en forma independiente- debutó este año con su film Pássaros. Ojalá vuelva pronto al comic, a deleitarnos con sus climas angustiosos, sus personajes extremos (gordos gigantescos, o flacos al estilo Jack Skellington), sus metáforas sombrías y su trazo virtuoso, convulsionado y exasperante. Necesitamos más vanguardistas de este nivel. Muchos más.


SOSAKUSHA (THE QUEST FOR THE MISSING GIRL). De Jiro Taniguchi.

Por Andrea Vega

Jiro Taniguchi es reconocido por sus obras de corte intimista, y por eso, a primera vista, The Quest for the Missing Girl (2000) parece diferente al resto de su producción. El relato arranca cuando un alpinista llamado Shiga abandona su exilio en la montaña para ir a Tokio y buscar pistas sobre la desaparición de Megumi, la hija adolescente de un viejo amigo muerto durante un ascenso al Himalaya. Por supuesto, el asunto es más sórdido de lo que parece, y la investigación lo conducirá al mundo de las “citas compensadas”, en el cual las adolescentes brindan su compañía –entre otras cosas- a hombres maduros, a cambio de costosos regalos. El misterio en sí no es complejo y no cuesta predecir hacia dónde conducen las pistas; lo que sí sorprende es la facilidad con que una historia más cercana al thriller que al relato costumbrista se amolda al estilo del autor. A partir de la búsqueda de una chica desaparecida, Taniguchi habla acerca de la autosuperación, del valor de la palabra dada, de la necesidad de vencer los propios temores, sin dejar de lado la crítica a la sociedad japonesa moderna; todo hábilmente narrado a través de reveladores primeros planos, elocuentes silencios, y abundantes flashbacks que completan la historia detrás de la historia. Como siempre, el apartado gráfico es soberbio, con un dibujo realista que se destaca sobre todo en los fondos.

Uno de los personajes expresa que la montaña es una forma de descubrir la verdad acerca de uno mismo; aquí la “montaña” en la que Shiga descubrirá su verdad es la ciudad, un ambiente hostil en el cual deberá abrirse paso con tenacidad a fin de llegar a Megumi y a su propia redención. Esta determinación de Shiga de hacer lo que debe a pesar de su ambivalencia, le agrega impacto a una obra que, sin ser la mejor de Taniguchi, te invita a descubrir a un autor imprescindible para cualquiera que ame las buenas historias.


THE LEFT BANK GANG. De Jason.

Por Amadeo Gandolfo.

¿Qué hubiese pasado si Hemingway, Joyce, Pound y Fitzgerald hubiesen sido animales antropomorfos que dibujaban comics? El noruego Jason utiliza esta premisa para reflexionar sobre el motor que lleva a la gente a crear; para burlarse de las ideas sobre lo que es un buen comic y para contar una historia de robos con protagonistas literarios, conmovedora e hilarante. Jason combina magistralmente el metacomentario con la historia literaria y la aventura pura.

Los dibujos de Jason, figuras antropomorfas diferenciadas por su ropa y sutiles líneas, parecen, a primera vista, faltos de vida, perros y gatos geométricos. La simpleza y limpieza del trazo de Jason enmascara, en realidad, un gran manejo de las expresiones faciales y una devastadora humanidad. Nuestro autor combina frialdad en su dibujo con anécdotas sobre personajes solitarios, insatisfechos y melancólicos que buscan, sobre todo, una conexión (con el mundo, con el arte, con ellos mismos) que parece inalcanzable.

Hay una escena fantástica en la que Hemingway y Pound están jugando al ping-pong. Éste le cuenta sobre una carrera de caballos en la que perdió dinero y lo que viene siendo una charla intrascendente deriva en Ezra gritando, la pelota saliéndose de la cancha y un sólo cuadro silencioso, que puntúa una angustia interminable, para que la página concluya con éste preguntando “¿Por qué hacemos comics?”. La respuesta de Joyce es que ya que consumieron comics de jóvenes, es todo lo que quieren hacer, que están jodidos.

Y nosotros lo leemos y tenemos la plena conciencia de que, habiendo obras como esta (publicada originalmente en 2006), también queremos desperdiciar nuestra vida leyendo comics.


WE3. De Grant Morrison y Frank Quitely.

Por Hernán Martignone.

Se sabe: el Gran Morrison es capaz de poner en narración cualquier cosa, cualquier tema, cualquier locura. En We3, publicada por Vertigo entre 2004 y 2005, el escocés se despacha con un relato en el que tres mascotas domésticas (un perro, un gato y un conejo) son utilizadas por el gobierno como armas letales, mejorados gracias a la mejor tecnología militar. Cuando los altos mandos deciden dar de baja el proyecto y cancelar a los animalitos, la entrenadora les da la oportunidad de escapar y entonces comienza la verdadera historia: cacería, libertad y un poco más de muerte. Ahí está todo Morrison: la capacidad de sorprendernos siempre con su imaginación poderosa y su trabajo sobre el lenguaje (hasta hace hablar a los bichitos), de tocar la política o los derechos de los animales sin discursear (sobre lo que ya bromeaba en Animal Man), de emocionarnos hasta lo más hondo (aunque nunca se lo pondere por eso).

Si “genio” no alcanza para definir a Morrison, “soberbio” se queda corto como calificativo del trabajo visual de Frank Quitely. No sólo es descollante al componer la página y al narrar con imágenes, sino al descomponer las viñetas para transmitir la velocidad de lo que se está contando o pensando o sintiendo (y a veces también la lentitud), con esos minicuadritos que pueden leerse en distinto orden y en distinto sentido, con esos gestos de partes de la cara que dicen tanto, con ese estilo personal que lo hace realmente único. Cada vez que se encuentran, Morrison y Quitely actualizan la potencia de la historieta.


Y SE ME PRESENTÓ EN FORMA DE BESTIA. De Jorge Pérez-Ruibal.

Por Javier Hildebrandt.

Hay pocas obras que puedan leerse con el cuerpo más que con los ojos. La de Pérez-Ruibal sin duda es una de ellas. Sus historietas atraviesan la piel, navegan por los lugares más oscuros de la mente y tocan un par de esos nervios recónditos que sostienen el alma, hasta dejarnos exhaustos, con ese feliz cansancio que sucede al orgasmo. Un aluvión carnal que te sobrepasa y te arrastra, y en el preciso instante en que notás que ya no estás haciendo pie, la orilla queda demasiado lejos para volver.

Andrés Accorsi ya escribió en este mismo sitio una excelente introducción al trabajo de Pérez-Ruibal, así que no vale la pena demorarme en datos biográficos. “Y se me presentó en forma de Bestia” es una antología de historietas cortas y dibujos publicados previamente en el fanzine Trulópolis. Con toda su carga emotiva, el autor despliega aquí una serie de relatos –varios de ellos con un inconfundible tinte autobiográfico- de una demencial crudeza, plagados de situaciones extremas, con una parafernalia visual colmada de un surrealismo por momentos agresivo. Prueba cabal de ello son sus ilustraciones absolutamente desmesuradas, inabarcables a simple vista y que parecen empujar los bordes de la página hasta hacerlos estallar.

La obra de este historietista peruano es más que tinta y papel: es orgánica, como un cuerpo. Un cuerpo despedazado y expuesto a la luz, con vísceras que gritan, lloran, se estremecen de dolor, fuman hasta quemarse y cojen hasta explotar de felicidad. Una Bestia palpitante de fluídos que se agita en nuestras manos y nos rodea con sus tentáculos. Y que al poco tiempo se nos vuelve curiosamente familiar.

Compartir:

Etiquetas:

Dejanos tus comentarios:

46 comentarios