Arranca un informe semanal acerca de la editorial que revolucionó la historia del terror y lo llevó al extremo más genial.

Los comics de terror de la E.C. (parte 1)

07/03/2022

| Por Javier Hildebrandt

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EPaJdykX4AAc9MqUNA BANDA DE MONSTRUOS

El 22 de abril de 1954, William “Bill” Gaines, editor en jefe de EC Comics, brinda su testimonio ante el Subcomité de Investigación de Delincuencia Juvenil del Senado de EEUU. Este grupo intenta precisar la influencia de los comics (principalmente los dedicados al terror, la ciencia-ficción y el policial) en las acciones delictivas y el “mal comportamiento” de los jóvenes norteamericanos. Unas horas antes, Gaines había tomado una dosis un poco mayor a la habitual de las pastillas que le habían recetado para su tratamiento de pérdida de peso. El veredicto que daría ese tribunal al final de la audiencia definiría el futuro de su editorial. Sin embargo, no contaba con que la sobredosis de pastillas lo dejaría en un estado de sopor que entraba en directa contradicción con la energía contenida en sus palabras.

Bill Gaines...

Bill Gaines…

Entre otras cosas, diría en su exposición que “hay muchos problemas que alcanzan a nuestros niños hoy en día. Están atrapados por la inseguridad. Ninguna píldora puede curar eso. Ninguna ley puede sacarlos de allí. Los problemas son económicos y sociales, y son complejos. Nuestro pueblo necesita entendimiento; necesita afecto, hogares decentes, alimentación decente”. Su alegato no lo ayudaría mucho. Lo menos que quiere escuchar un grupo de senadores es que los problemas son “más complejos” y requieren asistencia social. Resuelven, entonces, que hay un grupo de pornógrafos, presuntamente drogadictos, que dibujan y publican asquerosidades y se las venden a los niños. Y nuestros niños, pervertidos por estas lecturas degeneradas, piensan que eso está bien, y salen a robar y a violar ancianas. Y si al final resulta que no era tan así y el problema sigue, no importa. Algo habrán hecho.

Y algo hicieron, claro. Buscaron la manera de contar historias impactantes, filosas, que apelaran a la inteligencia y la sensibilidad de un lector con ansias de algo más que “el villano de la semana”. Hasta que se dieron de frente contra el muro de hormigón de la moral y la necesidad de buscar un chivo expiatorio a sus conflictos, la línea de comics de la EC, en apenas cinco años (entre 1950 y 1955) le sacudió la modorra a la acartonada industria del comic-book yanki. El catálogo de la editorial incluía una gran variedad de títulos y géneros, pero un tridente ofensivo de comics de terror fueron los que sin duda más resaltaron en esa constelación: la trilogía compuesta por Tales from the crypt, Haunt of terror y Vault of horror. Antologías que se volvieron tan memorables como los entretelones de su origen, su apogeo y un final abrupto. Una historia que comienza a la altura de su tradición: con un cadáver flotando en un lago.

...y su papá, Maxwell Gaines.

…y su papá, Maxwell Gaines.

LOS ZAPATOS DE PAPÁ

Max Gaines (Ginzberg en el documento de identidad) se había hecho millonario gracias a la peregrina idea de agrupar varias páginas de historietas y tiras cómicas en una sola revista y venderla en los kioscos de diarios (sí, los comic-books). En 1934 edita el primer número de Famous funnies, y para 1938 ya es dueño, junto a Jack Liebowitz, de All-American, la editorial que publica por primera vez a Wonder Woman, Green Lantern y The Flash, entre otros. Pero a comienzos de los ´40, Gaines cree que el futuro de los comics pasa por otro lado, vende su parte de la compañía y funda Educational Comics (la primera EC). Convencido de su nueva línea editorial, apuesta por títulos como Picture stories from the Bible y Picture stories from American History, pero, claramente, le va mal. Trata de arreglar un poco las cosas con historietas humorísticas y funny animals (Tiny tot comics, Animal fables), pero las ventas no levantan. Y lo que tenía Gaines en la cabeza para continuar no lo sabremos jamás: un 20 de Agosto de 1947, mientras navega por Lake Placid, Nueva York, en un bote a motor, choca contra otro a toda velocidad y se gana un viaje directo al Más Allá. Así es como, de la noche a la mañana, su hijo William, estudiante de química de 25 años, hereda una editorial de comics que está a punto de tener más deudas que lectores. Sumemos, además, que el interés del joven Bill por la historieta es nulo, alimentado durante décadas por un padre que todo el tiempo esperaba lo peor de él y lo calificaba como un “bueno para nada”. Sin embargo, ante la insistencia de su madre por intentar sacar a flote a la empresa, Gaines se sienta un buen día a ver qué diablos era lo que publicaba su viejo. Y después de aburrirse leyendo el sermón de la montaña y boludeces con animalitos, se le ocurre la única idea que tal vez podría funcionar: poner en esas páginas lo que a él le gustaría leer.

215019-18974-115645-1-saddle-romancesPor supuesto, sin ninguna experiencia en el rubro, era imposible que el joven Gaines pudiera, por sus propios medios, renovarle el espíritu a una editorial anquilosada. Y en su partida de caza para incorporar jóvenes talentos, encuentra a un dibujante de veintipocos, que venía de transpirar el tablero bajo el yugo del Fox Feature Syndicate, y se convertiría con el tiempo en su inseparable cómplice, el fuego creativo y la quintaesencia de la renovada EC: Albert “Al” Feldstein. La segunda incorporación a la línea también se trata de un dibujante que venía fatigando editoriales con sus historietas, ilustraciones y tiras cómicas, entre las que se destacaba “Hey, Look!”, una página humorística que realizaba para la Timely: hablamos de Harvey Kurtzman, quien ya había demostrado su valor en años anteriores a la orden del viejo Gaines, pero que terminaría por desplegarse y quedar para la historia bajo las órdenes de su hijo Bill. En principio ellos tres, junto al aporte de Johnny Craig, otro artista talentoso y obsesivo que ya venía trabajando para la editorial, son los que se juegan a pegar el volantazo y buscar nuevos rumbos. Y para esa reconstrucción no había que dejar nada de lo anterior en pie, ni siquiera el nombre: nacía así la flamante Entertainment Comics.

8b1687cf18a8c0115911bace0458d174fd606262_hqEn los comienzos de esta nueva línea, Gaines apuesta por géneros que ya habían probado su eficacia en las ventas, a la vez que sube la antena para intentar ir detrás de los gustos del público y las modas de la época. Así debutan los títulos policiales (War against crime!, Crime patrol), los románticos (Saddle romances, Modern love) y el western (Saddle justice, Gunfighter). Sin embargo, en sus conversaciones con Feldstein, Gaines descubre que ambos comparten el mismo gusto por los radioteatros de terror, muy difundidos por aquel entonces en diversas estaciones (The witch’s tale, Inner sanctum, el clásico Lights out de Arch Oboler, que para esa época ya estaba fuera del aire) y se pregunta cómo respondería el público si incluyeran en sus títulos algunas historias en esa línea. Es así como aparece, en el nº10 de War against crime! (Dic.1949/ Ene.1950), “Buried alive!”, escrita y dibujada por Feldstein, en la que hace su primera aparición el Vault Keeper; y en esa misma fecha, en el nº15 de Crime Patrol, “Return from the grave!”, también a cargo de Feldstein, en la que debuta el hoy mítico Guardián de la Cripta. La respuesta del público es auspiciosa, y los muchachos se animan a incluir más historias de terror en sus títulos policiales.

Unos meses después, la expansión y la presencia de nuevos ambientes espeluznantes ya se sentía en el aire de la editorial. Llega el momento: mientras emprende un descenso a los rincones más oscuros, todo el staff de la EC se prepara para brillar.

(el lunes, la segunda parte)

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