En 1980, Marvel acusa el golpe de la Heavy Metal y lanza su antología de ciencia-ficción y fantasía apuntada al público adulto.

Magazines de Marvel (parte 12)

09/06/2021

| Por Gonzalo Ruiz

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EpicIllustrated1Y llegamos al punto cúlmine de los magazines de Marvel, la revista que (y perdón por la demostración de subjetividad) me impulsó a proponer esta serie de notas el año pasado, con la intención de echar luz sobre publicaciones que, si bien no eran necesariamente “gemas ocultas”, sí era algo de lo que se hablara demasiado. Y además de todo, echarle flores a la Epic Illustrated.

Como casi todos los títulos repasados en esta serie, hay que contar cuál fue el antecedente sobre el cual se va a construir la revista. Y en este caso, hay que hablar del “antecedente del antecedente”: la revista Métal Hurlant. Fundada a finales de 1974 por los míticos artistas Mœbius y Druillet junto al periodista Jean-Pierre Dionnet y Bernard Farkas, que a su vez conformaron el colectivo editorial Les Humanoïdes Associés. Influyente por muchas razones que bien pueden repasar en el podcast de Comiqueando de hace unos años, tuvo su versión norteamericana en 1977, la Heavy Metal, impulsada por los editores de la National Lampoon.

El impacto de la Heavy Metal en territorio gringo fue tremendo, no sólo por llevar al otro lado del océano a maestros de la historieta europea, sino también por mostrar una nueva forma de hacer ciencia-ficción en historieta, más explícita, distinta a lo que se veía en algunos comics para chicos de Marvel y DC. Por supuesto, a medida que la Heavy Metal crecía número a número, comenzó a diseñar un estilo propio, tal vez distinto al de la revista francesa, al darle espacio a artistas yankis como Richard Corben (que también participó de la Métal Hurlant), Berni Wrigtson, Paul Kirchner y Walt Simonson, entre otros. Y por supuesto, dicho impacto no tardó en llegar a las oficinas de la Casa de las Ideas.

4da2fcd850f94020bbf0f6c1529af0d1Para este momento, la “primavera” (si se le puede decir así) de los magazines en blanco y negro de la Marvel era más bien un frío y austero invierno, donde solamente Conan y la Crazy Magazine se mantenían con una duración larga y estable, mientras que otros títulos iban y venían, entre lanzamientos y cancelaciones. El éxito de la Heavy Metal, decía, no le fue ajeno a Jim Shooter, aunque hubo un antecedente marvelita para generar una antología similar, a cargo de Rick Marshall en el ´79, dentro de la colección Marvel Super Special y bajo el nombre Odyssey. Sin embargo, eran tantas las revistas que tenían el mismo nombre que decidió cambiarlo, aunque el timón quedó en manos de Archie Goodwin, quien contaba con la banca de Stan Lee para encarar este nuevo magazine. La consigna era mantener un perfecto balance entre la calidad de los guiones y dibujos. Y así fue como en la primavera del hemisferio norte de 1980, con una poderosa tapa de Frank Frazetta y un acertado slogan (“Una nueva experiencia en fantasía para adultos y aventuras de ciencia-ficción”) aparecía el número 1 de la Epic Illustrated.

 

909daae304c63898697ca2d271e218abDesde este arranque, la revista cuenta con la bendición de Stan Lee, que no sólo escribe una elogiosa entrada editorial donde señala a la Epic como “una nueva forma de arte”, sino que aporta una historia corta del Silver Surfer con dibujos de John Buscema, tintas de Rudy Nebres y color de Rick Veitch. Pero la Epic no era otra cantera para que se generaran “versiones adultas” de personajes mainstream, sino un lugar donde aflore la creatividad con nuevas figuras y/o conceptos, con algo que hoy es algo más común, pero para ese entonces fue bastante clave: la posibilidad de que los artistas retengan los derechos de sus creaciones. Por ejemplo, una de las creaciones clave de Jim Starlin en los ´80 es Dreadstar, que tuvo su inicio dentro de la Epic en el nº 1, con la Metamorphosis Odyssey. Esta saga, junto con el resto del corpus de Dreadstar, fue reeditada varias veces en varios formatos y en distintas editoriales. Este avance sobre la propiedad intelectual, además del interés por obras más maduras y que escapen del Comic Code Authority, fue lo que propició que en 1982 surgiera Epic Comics, el sello “independiente” de Marvel, una suerte de antecesor de Vertigo, y donde también Goodwin tuvo bastante injerencia, junto con Al Milgrom (dicho sea de paso, la primera serie de Epic fue Dreadstar).

91tV8hSiyaLEl resto del nº1 lo completan historias unitarias de Wendy Pini (que venía de curtir el underground de finales de los ´70 con su mítica saga Elfquest), nuestro gran valor porteño Leopoldo Durañona, Bob Larkin (una rareza absoluta, ya que estando más abocado a la ilustración de portadas, acá aporta una historia corta), Ray Rue, Thomas Blackshear, Mirko Illic, Ernie Colón, Arthur Suydam (hoy más conocido por sus portadas en la saga Marvel Zombies pero que venía de una militancia horrorífica en la Creepy), George Bush y Carl Potts. Salvo Starlin y Larkin, ninguno de los artistas había laburado para Marvel o para el mainstream superheroico en general, sino que encontraban refugio en otro campo de la historieta, uno menos “infantil”, si se quiere.

Durante 1980, Epic tuvo sólo cuatro números, y para el año siguiente, se publicaron seis. Esta sería la periodicidad que sostendrían Goodwin y su asistente Jo Duffy. Por supuesto que el line-up relatado antes no sería el estable dentro de la revista, sino que veríamos muchísimas figuras (incluso Alan Moore, que para este momento ya había recontra-jurado jamás trabajar para Marvel, aportó un pequeño guion para ser dibujado por su amigo Rick Veitch, una figurita que se repetiría muchas veces a lo largo de la antología) de un altísimo nivel, figuras que incluso serían nóveles y que crecerían a pasos agigantados dentro del magazine, junto a nombres para estos momentos ya clásicos, como Neal Adams o Howard Chaykin.

731317Pero no podemos ser felices para siempre. El alto costo que significaba realizar la revista ya que, hay que decirlo, la calidad del papel y de la impresión siempre fue de gran nivel, incluso superior a otros magazines… pero las ventas no acompañaban. Goodwin se la jugaba al contratar artistas gancheros para las portadas, lo cual también simbolizaba otro costo a pagar, pero no alcanzaba. Tampoco sumaba que John Byrne, que venía de una etapa triunfante en Fantastic Four hiciera una obra que iba todavía más allá en genialidad, la “Last Galactus Story”. Los números no cerraban de ninguna manera, lo cual llevó al editor a bajarle la persiana en el número 32. Los gritos, llantos y puteadas de los fans llenaron el correo de la editorial en solidaridad por la trágica decisión, y esto permitió que Epic durara dos números más, para finalizar su trayectoria en Febrero del ´86. El último número, el 34, trajo al funeral un line-up demoledor, con lo mejor que pasó por la revista.

En cinco años, la Epic Illustrated demostró ser más vanguardia que la vanguardia misma, por más que sea un producto que, como varios otros, nació bajo la ala de algo que ya existía. Pero aún así, logró despegarse del tufillo Heavy Metal para generar una identidad propia, no sólo a niveles artísticos sino a niveles de respeto por el autor y su obra. Tal es así que, el mes que viene hablaremos un poco más de la revista, con un repaso por las obras que se serializaron dentro de la misma. La Epic se lo merece.

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