Avanzamos en la recuperación de un gran artículo de Javi Hildebrandt originalmente publicado en 2019, en el nº13 de la revista Rivada.

Robin Wood: El último mito (parte 2)

22/11/2021

| Por Javier Hildebrandt

0 comentarios

una-tapa-de-la-legendaria___ms7jaaCpR_720x0__1Queda claro entonces que la introducción al mundo del guion de historieta (algo que Robin Wood desconocía previo a su encuentro con Lucho Olivera) es bajo el influjo de la obra de Oesterheld; aún así, durante el tiempo en el que el guionista de El Eternauta entró a trabajar en Columba, durante los años ’70, apenas pudo tener con él una conversación de pocos minutos. Qué hubiese salido del trabajo en conjunto de estos creadores es una historia que quedará para alguna fantástica ucronía. Lo cierto es que esta elaboración woodiana de la historieta, que incluye no solo la aventura en el sentido más estricto, sino también el relato histórico, el western, la ciencia ficción, el policial y hasta la comedia, parece insertarse en el corpus historietístico de Columba con absoluta naturalidad, sin estruendos, sin escenarios rupturistas ni pretensiones de generar un antes y un después. Asimismo, en los casi treinta años en los que produce historias para la editorial, no es sencillo delinear una evolución marcada de su trabajo. Más allá de la progresiva disminución de las descripciones en los cartuchos de texto, de la preponderancia de la narración gráfica, que gana cada vez mayor lugar con el correr de las décadas, con la consecuente disminución de viñetas por página, es difícil delimitar “etapas” en la obra de Wood. La serie de temáticas, preocupaciones, formas descriptivas y esquemas de diálogos se establecen con una voz propia ya desde la primera historieta y, con leves variantes, se mantienen hasta sus últimos guiones.

capsulas joan tutti contro tuttiDe forma similar podría hablarse de la construcción de sus personajes. Desde Nippur, el primero de ellos, a creaciones más recientes como Joan o Warrior-M, pasando por Jackaroe, Dago, Mark o Savarese, los héroes (o anti-héroes) de sus series se presentan en su gran mayoría como individuales, a contramano de la idea de “héroe colectivo” que proponía Oesterheld en el prólogo a la edición en libro de El Eternauta (aunque por esa época también desarrollaría una gran cantidad de personajes “solistas” para Columba). Sin embargo, la relativa soledad de sus protagonistas muy pocas veces tiene que ver con una elección personal, y en casi todos los casos está ligada a una tragedia familiar, a la pérdida del lugar de origen, al espanto ante un mundo en decadencia. Los personajes de Wood guardan en algún lugar su condición de marginales, de “desubicados”, y si en algún momento se reafirman en la elección del camino al que los ha llevado los vaivenes de la aventura, lo hacen respetando un código ético profundo, muchas veces misterioso (bajo la frase “no puedo explicártelo, no entenderías”), sin olvidar los sinsabores que han tenido que atravesar para lograr una victoria pequeña, acaso apenas momentánea. Esta fragilidad latente que Wood reserva para sus personajes –que, en definitiva, es sencillamente un rasgo más de humanidad- es la que obliga a los héroes a descender del pedestal, a mirar sus logros bajo un cristal relativo; es lo que, finalmente, los vuelve verosímiles y cercanos a sus lectores.

chind1Y si volvemos a detenernos en la figura de Wood como guionista, entenderemos que Columba se vuelve parte indisoluble de su construcción. La línea editorial enfocada en la división clásica de géneros, en una narrativa alejada de la experimentación y sustentada –al menos durante muchos años- en el texto, con una tirada masiva y la pretensión de encontrar su público en la clase trabajadora y los sectores rurales, fueron el vehículo indispensable para que Wood desarrollara su obra y creara el aura con el que sus lectores se deslumbran hasta el día de hoy. Leíamos sus historietas y encontramos en sus héroes falibles las mismas inseguridades que nos abrumaron en algún momento de nuestras vidas, pero también, a su vez, los valores y la fortaleza para poder superarlas hasta salir airosos. Todo eso contenido en episodios de doce o catorce páginas, con una potencia que atravesaba aun la impresión en un papel de pésima calidad, un color aplicado, en la mayoría de los casos, con un notable mal gusto, y una tipografía de máquina de escribir que conspiraba abiertamente contra cualquier clase de emoción o sentimiento.

Parece bastante claro que esta construcción alejada de los saltos al vacío, desprovista casi en su totalidad de grandes riesgos narrativos y con objetivos de masividad absoluta es la que motivó –y sigue haciéndolo, en menor medida, al día de hoy- el desdén de la crítica especializada. La producción adocenada con la que Columba proveía a sus revistas, la necesidad de llenar páginas y páginas de publicaciones que vendían cientos de miles de ejemplares por mes –con la consiguiente pérdida de calidad, tanto narrativa como visual- espantaba, a veces con justa razón, el ojo crítico del especialista y el paladar más exigente de lectores afines a otras formas y estilos.

page_1Dentro de esa maquinaria, la obra de Robin cayó víctima de la implacable guadaña de críticos y colegas, que consideraron su obra como un producto comercial pensado exclusivamente para el entretenimiento fácil. Sin embargo, hoy gran parte de esa polémica parece estar disuelta; así vimos, como citábamos más arriba, el encuentro (¿reconciliación?) entre Sasturain y Wood, luego de que años atrás el guionista declarara haber sido tildado de “bestsellerista y comercial” (El Historietista: 2004). Por supuesto, la cuestión política no escapaba a la crítica, y hasta podría decirse que era una parte central del asunto. Un tipo inquieto como Wood, que abjuró siempre de cualquier pensamiento dogmático, que siempre se preocupó por desmarcarse rápidamente de cualquier doctrina, difícilmente podía alinearse con una militancia determinada, hecho que le llevó a ganarse la sospecha y el señalamiento de sus colegas. “Tengo un resentimiento muy profundo contra él [Trillo] y Guillermo Saccomano” cuenta en la entrevista a Accorsi (Op. Cit.), porque cuando hicieron La Historia de la Historieta –que incluso se publicó en Francia- me pusieron como fachista, y yo pensé ¿por qué me acusan de algo así? A mí, que una vez lo dije, en una reunión que me acusaban de capitalista, en el período peronista, de la revista El Descamisado y demás, y me dijeron que participara y yo les digo ‘No puedo por una simple razón; primero porque no vivo aquí, no voy a tomar partido político por nadie, no lo tomo ni por los milicos ni por los peronistas, porque si algo no me convence, ¿por qué lo voy a hacer? ¿Porque todos lo hacen? Entonces ahí me atacaron muchísimo (y hasta hoy día), por fachista. Yo dije ‘pero aquí yo soy el único que ha sido obrero, todos ustedes son universitarios, estudiantes, burguesía, aquí el único que ha sido obrajero en el Alto Paraná, que ha trabajado como levantador de piedras en el Chaco, que ha sido obrero de fábrica, soy yo. ¿Y ahora ustedes me llaman a mí fachista, capitalista, burgués? (Op. Cit. : párrafo 46).

FCBDOsvXMAkRRB7También ensayó una defensa a las críticas por los esquemas rígidos del modelo columbero; en una entrevista con Fernando García (2008) decía que los críticos de Columba olvidan que Columba dio trabajo a generaciones de dibujantes. Los críticos criticaban, Columba daba trabajo, era así. Columba llegó a vender un millón de ejemplares por mes; y la mayor parte de su venta era en el interior del país. Sé que este comentario mío alzará un bramido de la intelectualidad historietística, pero las historietas de Columba eran la historieta justicialista, la historieta peronista, la que llegaba a todos los sectores modestos. A los pobres, a los agricultores, a los gauchos y hasta a las clases cultivadas de Buenos Aires. Era la historieta que leía toda la Argentina. ¿No les parece eso un gran mérito? (Op. Cit. : página 73).

(el lunes, la tercera y última parte)

Compartir:

Etiquetas:

Dejanos tus comentarios: