Risas, bajón y conflictos muy reales en la obra maestra de Taiyo Matsumoto.

Sunny

13/03/2024

| Por Gregorio Guerrero

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Sunny es un manga escrito y dibujado por el famosísimo autor Taiyo Matsumoto. Luego de romperla toda en los ´90 con Tekkonkinkreet, la obra que lo catapulta a la fama extrema, y de su tan amado Ping Pong en los 00, comienza la década de los 10 con este seinen que narra la historia de un grupo de chicos en un asilo llamado «la casa de la estrellas».

El manga está compuesto por 37 capítulos que aparecieron mes a mes en la Monthly Big Comic Spirits de la editorial Shogakukan. Esta revista de poco vuelo (apenas 8.000 ejemplares mensuales, una pequeñez comparada a otras antologías) se encargó de acobijar por casi seis años a una historia impresionante a nivel dibujo y narrativa, donde Matsumoto se despega parcialmente de sus obras anteriores. Al tener una frecuencia mensual, cada entrega es de unas 50 páginas en las que el autor deja alma y vida.

Si nos detenemos a hablar de la trama de Sunny, es importante resaltar que -excepto el primer capítulo y los últimos dos- todo el resto del manga puede leerse en cualquier orden sin alterar el grueso de la trama. Es un conjunto de unitarios brillantemente armonizado para que funcione como un total, o por partes, como nosotros queramos. La historia comienza con la llegada de Sei, un niño de gorra de anteojos al asilo, y su vinculo con los demás “huérfanos” de la casa. Sus padres lo dejan ahí, con la promesa de volver a buscarlo dentro de unos meses, tiempo necesario para que encuentren un departamento mas adecuado donde todos puedan volver a vivir juntos. Sí, estos chicos que viven en la casa son todos (o en su gran parte) conscientes de que sus padres viven, pero momentáneamente no pueden encargarse de ellos. Algunos lleven meses, pero otros años, viviendo en este hogar, donde asisten a la escuela y continúan una vida “normal”.

El grueso de la historia se basa justamente en estos conflictos internos, y en la interacción entre los niños a partir de estos. Desde los chicos esperanzados por volver a ver sus padres y vivir nuevamente en sus casas, hasta los que ya han arrojado la toalla y saben que no hay vuelta atrás, y que el único futuro que les espera es el de ser huérfanos forzados. Y si bien hay personajes bien marcados en cada uno de estos bandos, todo es mas bien gris al final del día. Es justamente en esos grises en los que Matsumoto trabaja, para retratar un conflicto interno que se externaliza mediante peleas escolares y abandonos. Y si a esa coctelera le sumamos el ingrediente de que en la escuela, los demás chicos, tienen padres presentes y casas, hacemos un combo explosivo que detona capítulo a capítulo.

Además de Sei, podríamos considerar que nuestro verdadero protagonista es Haruo, un niño cuyo pelo se volvió canoso por la amargura de vivir en el orfanato. Hijo de una pareja divorciada, su padre es un artista sin destino y su madre una mujer que quiere volver a su vida anterior a maternar. Esto deja a Haruo varado en un limbo donde vuelca todas sus frustraciones y desesperación por ser amado, en romper cualquier limite que le es impuesto. Sin duda, la gran mayoría de las escenas mas tristes de este manga le suceden todas a él, o a personajes que lo rodean. Matsumoto es un experto en manejar los tiempos y los silencios, generando climas que se quiebran con momentos angustiantes pero sin llegar al punto ese en el que todo parece una tragedia. Esta historia sabe macerar los sentimientos tristes, y mezclarlos con otros mas felices, para poder exprimir al máximo cada página. El balance es tal, que uno no puede dejar de leer, porque si bien de a momentos te amarga, tiene otros tantos que te dan ganas de salir a adoptar un pibe.

¿Y qué decir del dibujo de este excelso mangaka? El tipo es un virtuoso de lo que podríamos llamar una «línea al pulso», si quisiéramos darle un nombre. Nada de línea clara típica de shonen, Matsumoto se despacha un dibujo bastante característico de su obra, pero con un entintado un tanto particular. Líneas que vibran, pero los negros no son tan negros, y los blancos tampoco lo son tanto. Esto está lleno de grises y acuarelas, con ilustraciones a colores que separan los tomos, bellísimamente pintadas. Matsumoto dibuja con el corazón en la mano, y combina una historia que se centra en la emoción, con dibujos que transmiten en cada gesto, en cada paisaje, un ambiente y una atmosfera adecuada. Un uso bellísimo de las tintas y los colores para poder crear un mundo verídico. A diferencia de tantas otras obras que tocan temas similares, la tragedia no es el núcleo de la trama, porque hay muchísimo mas que eso en cada capítulo.

Algo que me pareció muy interesante, es que la obra está ambientada a fines de los años ´70. Investigue un poco pero no encontré ninguna referencia de que Matsumoto haya pasado por una situación similar, sin embargo, no deja de ser posible que conociese a alguien que haya vivido en uno de estos hogares. Constantemente habrá referencias a la cultura de esa época, principalmente mangas y películas. Pero otro detalle lindo de esto es que los personajes en muchas situaciones cantan canciones de la radio mientras van caminando o estudian, y eso le da un clima muy cercano a la realidad. La edición española, mediante notas al pie, nos desasnara sobre todas estas referencias anteriormente mencionadas.

Hoy por hoy, Sunny se consigue tanto en inglés como en español. Fue editada en Estados Unidos por Viz en seis tomos preciosos de tapa dura, pero que salen un ojo de la cara. España a su vez editó esos mismos libros en tapa blanda a la mitad del precio estadounidense (a través de ECC) y posteriormente sacó un integral en tapa dura que recopila toda la obra. Si tenemos en cuenta que durante el 2023 Tekkonkinkreet fue editado en Argentina, no está de mas soñar con una edición local para semejante manga.

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